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16 Mar 2008 - 6:05 p. m.

Dejaron voz y alma en la frontera

Lo que comenzó como una idea para llevar a la frontera un canto de paz y llamar a la reconciliación con los vecinos, terminó en una propuesta para que las constituciones de todos los países del mundo incluyan lo que sus ciudadanos quieren: vivir en paz. La mente que construyó ese deseo, como antes lo hizo con el sueño de un gran concierto sobre el puente Simón Bolívar, es la de Juanes, el colombiano que ayer, una vez más, hizo historia. Fotos: Gabriel Aponte-Elespectador.com

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De la propuesta le contó al mundo Miguel Bosé. Antes de llamar a su amigo paisa al escenario habló de la necesidad de que quienes nos representan sepan lo que queremos: vivir en paz. Y, sin amago de vergüenza, dijo que lo único malo de esa idea de Juanes igual que la del concierto "Paz en la frontera" es que no hayan sido suyas.

Bosé fue reflexivo, recordó una canción que compuso cuando estalló la guerra de Yugoslavia y contó que soñaba con que un día, su público rechazara esos temas porque ya no esté de moda, no exista la guerra.

Quien cerró el concierto fue el propio Juanes. "Sin protocolo", cantó sus más famosas canciones y logró subir al máximo el ánimo de quienes decidieron acompañarlo en su concierto "Paz sin fronteras".

"Somos uno, somos hermanos", le gritó Juanes al público que en la frontera no paraba de corear y brincar con igual energía que la dejada por los siete artistas en el escenario. Al cantante paisa que los miles de fanáticos recibieron eufóricos, le faltaron palabras para agradecer a quienes lo acompañaron en su empeño por la paz y no dejó de insistir en la necesidad de encontrar un camino para la reconciliación.

La canción de cierre de quien el español Miguel Bosé dijo es "un tío con dos cojones" fue "La camisa negra", y con ello se terminó la historia que nació en una cena, después que las relaciones de Colombia con sus vecinos Venezuela y Ecuador pasaran por una de sus peores crisis.

Fueron cuatro horas de euforia, de cantos y de coros que abrieron a la 1:15, veinticinco niños colombianos del grupo "Soñando" y los venezolanos del grupo de cámara popular de San Antonio del Táchira. Ellos habían dado apertura al concierto más grande que ha tenido Colombia. Cerca de 180 mil personas aceptaron la invitación de Juanes para cantar junto con sus amigos, por la "Paz en las fronteras". Y se vieron recompensados cuando los siete cantantes se subieron al escenario, les tiraron claveles blancos y emotivos vivaron con ellos.

El primero en cantar fue el samario Carlos Vives, quien llevó a los músicos que los acompañaron, un obsequio traído desde la Sierra Nevada. Su llamado a un saludo a los amigos de Venezuela y del Ecuador, hizo estallar al público en un solo grito de paz.

"La música no tiene fronteras, mejor dicho, permítanme cantárselos al ritmo de la música de mi tierra", dijo antes de comenzar a interpretar un par de versos de "El Pilón".

Los asistentes sintieron cumplido su sueño. Y por eso no dejaban de corear y gritar a cada llamado del artista. Un gracias a cada país de cada artista, a cada canciller y a cada país. Y después, el resonar del acordeón y "La hamaca grande" a toda voz.

En ese momento se olvidaron los 30 grados del calor húmedo de la frontera y más bien se pidieron más enviones de agua desde los helicópteros.

El ecuatoriano Juan Fernando Velasco enamoró al público con su "Para que no me olvides" y su timidez, con la reacción de los fanáticos que no lo querían dejar ir del escenario. Agradeció al espacio para decir que en su país también quieren la paz y cantó con Juanes un tema a dúo, aunque al paisa le tocó leerlo en su palm.

El ansiado coro de los siete cantantes lo logró el español Alejandro Sanz, quien hizo que las voces de todos sus amigos repararan el "corazón partío". Fue un canto de euforia, de emoción y camaradería. Mientras Vives hacía su rumba, Bosé no ocultaba su felicidad bailando a ritmo flamenco y Montaner no paraba de gritar y saltar. La rumba estaba también en la tarima.

Luego vino la biliburrina de Juan Luis Guerra, el único "guerra" que aceptaron en la familia, según lo dijo el mismo Vives en la tarima. El coro de "Ojalá que llueva café" sirvió de pretexto para que se viviera la camaradería; hasta chistes hubo en el escenario. Toda una fiesta en nombre de la paz.

Cuando salió Ricardo Montaner al escenario, cayeron pétalos de rosa sobre el público y no sólo por eso conmovió la gente que llevaba ya doce horas en la ribera del río Táchira, en realidad, el venezolano 'jugó de local' e incluso cantó parte de su repertorio mirando hacia Venezuela.

Cuando Juanes estaba cerrando el concierto, ya algunos de los cantantes estaban camino al aeropuerto. Fue todo un esfuerzo para llevar su voz a la frontera, para sentir que la voz hace posibles sueños.

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