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“En Colombia, los festivales de poesía y las salas de teatro están a reventar, y el interés del público lector es muy superior a los proyectos editoriales”, comenta Juan Carlos Botero en un coloquio junto a otros tres colegas.
“Al Festival de Poesía de Medellín o a los tres museos de Bogotá asisten más personas que a un partido de fútbol”, agrega el escritor.
Para el filósofo y crítico cultural Oscar Guardiola-Rivera, que reside actualmente en Londres, el hecho de que no se sacie el hambre del pueblo tiene un motivo y es que hay por parte de las elites gobernantes un fuerte interés en mantener el monopolio de la cultura, “que es una marca de estatus”.
“Nuestro país es muy pobre y la cultura es la que más sufre porque el Gobierno quiere atender a otros frentes que considera más urgentes”, afirma a su vez Botero, que se lamenta de que el libro siga siendo en Colombia “un artículo de lujo” pese a reconocer el importante papel de la red de bibliotecas y clubes de lectura.
Mario Mendoza comenta que uno de los problemas es que Colombia y los países latinoamericanos en general heredaron, en lo referente a la industria cultural, los circuitos comerciales de la época colonial, que no permitían el contacto directo entre las colonias.
“Los libros de Uruguay no son leídos en Chile si no pasan por la metrópoli”, comenta el autor de “Satanás”, cuya impactante versión cinematográfica, dirigida por Andrés Baiz, inauguró el jueves Colombiage.
“No hay un proyecto político-cultural que analice ese fenómeno y lo supere”, agrega Mendoza.
Guardiola-Rivera apunta, por su parte, que el presidente venezolano Hugo Chávez habla directamente con el boliviano Evo Morales o con la argentina Cristina Fernández, pero en el mundo de la literatura “seguimos pensando que si queremos llegar a Buenos Aires, lo hacemos mejor vía Madrid”.
Preguntados por qué ellos y otros escritores colombianos de su generación compaginan tanto la literatura con el periodismo, Botero recuerda una frase de Octavio Paz: “Ver, duele”.
“Hay en nuestro país problemas dramáticos, desgarradores, y es difícil no estar cabreados, como se dice en España”, afirma el autor de “Las semillas del tiempo”.
“La utilidad de la literatura es un efecto a muy largo (tiempo), de ahí nuestra impotencia y la frustración que supondría no poder escribir de las cosas más inmediatas. La utilidad del periodismo es que nos ayuda a compartir nuestra indignación”, agrega Botero.
En relación con el problema de la violencia en Colombia, Botero señala que es un problema cultural como ocurre con el machismo: “La gente resuelve sus conflictos violentamente. La colombiana es una sociedad armada hasta los dientes”.
Para Guardiola-Rivero, “la violencia en Colombia sigue siendo un fenómeno político. Todos los partidos utilizan la combinación de todas las formas de lucha para mantenerse en el poder”.
Es cierto que “los niveles de violencia han bajado en buena medida y que el Estado ha recuperado algo del monopolio de la fuerza, pero la guerra está actualmente en una situación de tablas”, agrega.
Los tres escritores se muestran de acuerdo en que el fracaso de la izquierda en Colombia está “muy ligado a las Farc” y señalan que las mismas estructuras criminales ligadas al narcotráfico mantienen vivas dos estructuras antagónicas como son la guerrilla y los paramilitares y son la causa de la existencia de cuatro millones de desplazados.
Para Evelio Rosero, también invitado al festival londinense, que ha visto traducido al inglés su libro “Los Ejércitos”, las Farc “han perdido sus parámetros ideológicos”, son “inhumanas, crueles y practican el secuestro”, pero lo mismo ocurre con los paramilitares, que “masacran igualmente”.
“La causa principal del desarrollo del conflicto es la injusticia social. Hay una clase política egoísta que pensó siempre para sí, pero han surgido mientras tanto movimientos políticos que piensan de otra manera, se ha producido una cierta evolución de diálogo y tengo esperanzas”, dijo Rosero.