Chelo de Castro, con 97 años sigue haciendo periodismo

Un fino sentido del humor, franqueza al hablar, amor por Barranquilla, pasión por el periodismo, rigurosidad y disciplina se conjugan en José Víctor de Castro Carroll, el periodista de deportes en ejercicio más longevo del mundo.

La Asociación Internacional de Prensa Deportiva, AIPS y Acord Atlántico premiaron a Chelo De Castro por ser el periodista deportivo más veterano del mundo.El Heraldo

No hay quien le eche cuento sobre periodismo deportivo a José Víctor de Castro Carroll, mejor conocido como Chelo de Castro C., quien pese a su avanzada edad continúa ejerciendo la labor que tanto le apasiona y a la cual ha dedicado 72 de sus 97 años de vida.

Este personaje del Caribe se destaca por su franqueza al hablar, el uso orgulloso del lenguaje castizo, las muestras de su fino humor, su altivez y tenacidad, además de su carácter fuerte, riguroso y disciplinado, parte esencial de su éxito.

Hasta hace unos cinco años, no utilizaba gafas para leer; recordaba sin esfuerzo nombres de las figuras del deporte del siglo pasado, sucesos deportivos de relevancia y gran cantidad de anécdotas de su vida personal y profesional; leía las noticias, de las cuales elegía el tema que desarrollaría en sus columnas y en la editorial de su programa radial; y, redactaba, en su máquina de escribir manual, los escritos que él mismo llevaba hasta el diario El Heraldo.

Claramente, los años no vienen solos. Las cosas son muy diferentes ahora: su visión desmejoró, su movilidad no es la misma y su memoria falla un poco. Pero, aunque ya no haga las cosas como hace cinco, 10 o 20 años, don Chelo no para. No de gratis es el periodista deportivo en ejercicio más longevo del mundo.

“Se levanta a las 4:00 de la mañana, esta listo a las 4:30 y espera que se hagan las 6:30 para ir a la emisora”, contó su hijo José María quien, por lo general, lo transporta hasta la sede de Cadena Radial La Libertad.

“Allá espera que se hagan las 9:30, hora en la que empieza su programa”, explicó el hijo mayor de don Chelo, quien califica de “obsesivo” el desespero de su padre por llegar a la emisora.

Desfile deportivo, es el programa de noticias deportivas que dirige don Chelo desde su fundación junto a Mike Schmulson, en 1953. El espacio periodístico pasó por Emisora Atlántico, La Voz de la Patria, Uniautónoma Estéreo, desde 2011 por Radio Aeropuerto y hace unos meses se escucha en la 1220 AM.

Su programa tenía una sintonía arrolladora en toda Barranquilla. Lo sé porque yo le leí los comerciales durante unos 10 años”, aseguró Carlos Andrade, el periodista que lo considera como un segundo padre.

Contó Andrade que don Chelo siempre ha sido una persona de carácter fuerte, quien fácilmente se molesta cuando las cosas no salen bien. “Cuando entraba a la cabina cerraba la puerta del estudio, desconectaba el teléfono y decía: ‘aquí no entra nadie, nadie viene a joder’”, dice Andrade al recordar un episodio en el que enfadó a Chelo de Castro por un olvido.

¿Y por qué estaba tan furioso? “Entramos al estudio y se me olvidó desconectar el teléfono. Precisamente, este sonó durante el programa y cuando el hombre lo oyó me dijo: ‘nojoda, Andrade, qué es lo que tú quieres, descontrolarme el programa’”, relata el mismo Andrade y suelta una carcajada. “Me dio un regaño de padre y señor mio, pero siempre le guardé respeto porque ese es su carácter”.

Y sí, él mismo Chelo de Castro reconoce que es así, pero asegura que de no serlo no habría logrado tanto en su vida. En una ocasión contó una historia en la que destacaba que mientras todos los periodistas le tenían miedo a un 'fulano de tal' en una emisora, él nunca se le ‘arrugó’. Y aunque no supiera a dónde iría después, si algo le parecía injusto lo hablaba con franqueza, aunque le costara el trabajo.

Es que si algo tiene don Chelo no serán pelos en la lengua, cosa que, además del frecuente y orgulloso uso de palabras castizas, le generó algunos problemas a lo largo de su carrera.

“En Barranquilla uno tiene muchos dichos. A la persona que habla mucho se le dice ‘¿Sabes qué? Pareces una verdulera’. En una emisión don Chelo lanzó la expresión contra unas personas que siempre le echaban ‘vainas’ por bochinche”, recordó Andrade una de las tantas veces que el periodista deportivo se metió en líos. “Dichas ‘verduleras’ le pasaron carta reclamando por qué les llamaba así”.

En otra ocasión, don Chelo se llevó una sorpresa cuando hizo un comentario sobre un carromulero, zorrero como se les dice en el interior del país a las personas que conducen vehículos de tracción animal. En Barranquilla, se les decía ‘cabrilla larga’, ‘traga peo’, y así se refirió a ellos don Chelo. “Resulta que al día siguiente lo llamó alguien pidiéndole respeto por esos trabajadores experimentados, diciendo que ese es un oficio digno y que él era 'Pedro Pérez', médico especialista, hijo de un cabrilla larga, traga peo, carromulero”, refirió Carlos Andrade, de nuevo entre risas.

Don Chelo se reía de esas cosas y pedía disculpas si había que hacerlo”, precisó.

Ahora, Chelo de Castro no hace demasiados comentarios en su programa deportivo, pero aguarda el momento perfecto para hacer uno que otro y, por supuesto, exponer su tradicional editorial sobre el tema al que consideraba de importancia hacer una crítica.

Termina su tiempo de programa y alguno de sus siete hijos lo recoge y lo acompaña a hacer una diligencia, que puede ser cobrar las pautas publicitarias o algún cobro en el banco. “Siempre hace algo y tiene que ir él mismo. No le podemos decir que no porque eso lo ha hecho durante toda su vida y ya es parte de su rutina”, explicó su hijo José María.

“Nosotros los que residimos en Barranquilla, que somos cinco, vivimos en torno a mi papá y a mi mamá. Nos repartimos las diligencias, el uno lo lleva en la emisora, otro lo recoge, otro lo lleva a la citas médicas. Almorzamos con ellos y los fines de semana compartimos todos en casa. Yo estoy pendiente de traerle las frutas que le gustan y así”, manifestó Dario Alberto, más conocido como Chelito de Castro, el músico que tocó el piano para el Joe durante varios años.

Don Chelo llega a las 10:45 de la mañana a su casa, ubicada en el barrio El Prado en Barranquilla, y lo esperan con un plato de frutas. Al tiempo, pone a sonar la música instrumental de su preferencia y la escucha hasta que llegue la hora del almuerzo, en compañía de su esposa.

Al parecer, el amor por la música, así como por el deporte, corre por las venas de la familia De Castro. De hecho, don Chelo, en una faceta desconocida, pudiera haber seguido el legado musical como sí lo hizo su hijo, pues tenía tres tías que eran pianistas concertistas y una que tocaba de oído.

José María revivió la imagen: “En mi infancia me impactó la escena de mi papá tocando piano, un bolero, con esa actitud de los pianistas. A él siempre le ha gustado la música y tocaba bien, pero dejó todo eso por el periodismo”.

Sería por eso, que al notar la inclinación de Dario Alberto por la música, no dudó en impulsarlo. “De regalo de niños Dios me puso una guitarra, una marimba, unos tamborcitos. Y cuando comencé con mi carrera musical, me ayudo con el primer piano, la guitarra y el acordeón”, señaló Chelito de Castro.

Sin embargo, aclaró que su padre lo apoya siempre, más eso no significa que le guste asistir a sus presentaciones. “Él no es tomador de trago, no le gusta trasnochar y se levanta muy temprano. Así que no es de ir a espectáculos”.

Aun así, Dario Alberto evocó con felicidad un concierto que hizo en el teatro Amira De la Rosa al que don Chelo asistió. “Estuvo supremamente emocionado y hasta se le salieron las lágrimas”.

Habrá que decir que si bien al periodista no le gustaba asistir a conciertos y eventos de ese tipo, no era lo mismo con los deportivos. “A él muy poco le gusta ver trasmisiones deportivas a no ser que fuera boxeo de carácter mundialista. Lo de él era asistir a los eventos así fueran en el exterior. De lo contrario, leía el resumen de los encuentros y, eso sí, después los comentaba como si hubiese ido”, precisó el periodista Carlos Andrade.

El problema es que ahora ni ve las trasmisiones, ni puede leer el resumen, pues su perfecta visión de hasta hace unos cinco años, ha disminuido en un 50%. De ahí, que tampoco escriba la columna para el diario El Heraldo, como acostumbraba, en su máquina de escribir.

Dice Vera Janer, secretaria de redacción del diario El Heraldo, que don Chelo “llegaba aquí y redactaba en su máquina. Nosotras estábamos pendientes de que no le faltara tinta ni papel. Normalmente, escribía todos los días puntualmente y yo se las levantaba en el sistema”.

Sin embargo, dejó de ir al periódico y entonces hacía la tarea en su casa, para luego llevar tres o cuatro columnas personalmente a ‘Verita’, como le dice de cariño.

Todavía es Vera Janer la encargada de hacer que los escritos de don Chelo aparezcan, como desde hace 41 años, en una de las páginas de deportes. La diferencia es que ya no las escribe él mismo.

Tres veces por semana y, a veces cuatro si don Chelo lo solicita, a las 2:00 de la tarde llega José Víctor, su nieto de 21 años, a escribir cada palabra que su abuelo le dicta. 

El joven deberá llegar temprano y colaborarle, en ocasiones, buscando en Google el apellido de algún deportista que ganó algún campeonato en quién sabe qué año y que don Chelo no logra recordar.

Eso sí, para él no ha sido sencillo entender cómo meten su columna en aquel aparato, una tablet, o cómo funciona la ‘libretica’ (el celular) donde José Víctor tiene todos los datos que él necesita.

De lo que sí está seguro es que sin falta sus letras deben aparecer en el periódico. “Cuando no salía una columna por cualquier motivo, venía molesto a reclamar. Pero nunca groseramente. Ahora, llama para preguntar qué pasó y lo que te puedo asegurar es que si no sale un día sale al otro. Nunca se deja de publicar una columna de don Chelo”, expresó Vera Janer.

Y así como este hombre defiende su quehacer cada día de su vida, aun más defiende a su ciudad natal. Lo que Carlos Andrade resume en una frase: “quien le hablaba mal de Barranquilla a don Chelo era su peor enemigo”.

No quiere decir que él no fuera consciente de los problemas que aquejan a la capital del Atlántico, por el contrario es siempre crítico de las malas prácticas políticas y cualquier cosa que tuviera un impacto negativo en la ciudad. Pero no acepta que hablen mal de su ciudad porque sí. 

Así es que, defiende su trabajo, a Barranquilla y, no faltaba más, a los grandes deportistas colombianos quienes, según su criterio, merecen eterno reconocimiento.

Recuerda Katherin Loaiza, una joven diseñadora que trabajó un tiempo en su programa, que “cada vez que alguien se refería al estadio de la ciudad como ‘el Metropolitano’, así a secas, enseguida corregía; ‘estadio Metropolitano Roberto Meléndez, no se le olvide’, recalcando la importancia de ese gran jugador”.

Claro, cómo no lo va a defender si él lideró las campañas para nombrar los escenarios deportivos de Barranquilla en homenaje a ciertos deportistas: Roberto Meléndez, para el Metropolitano; Elías Chegwin, para el de baloncesto; Rafael Vásquez, para el velódromo; Humberto Perea, para el coliseo cubierto; y Romelio Martínez, para el municipal de fútbol.

Así, queda en evidencia que Chelo de Castro C, quien cumplirá los 98 años el 19 de marzo, es un periodista de armas tomar. Él es de y para Barranquilla. Un hombre capaz de dejarlo todo por su honor y por defender lo justo, pero también lo es de reconocer sus errores. Aquel que no se rinde ante los obstáculos que la vida le presente y quien va hasta el final por lo que le apasiona: el periodismo. 

Cinco particularidades de la vida de Chelo De Castro C.

1. Nunca ha tenido vehículo. “Siempre le ha gustado caminar porque dice que así caminando mucha gente lo frenaba en la calle para decirle: ‘don Chelo qué pasa con esto, don Chelo hable de tal o cual cosa’. Y a él le gusta mucho eso, el contacto con la gente”, explicó Vera Janer.

Hasta hace unos cuatro años, se quejaba de que sus hijos tuvieran que llevarlo en carro a un lado y a otro. “¿Por qué, si yo todavía puedo coger bus?”, replicaba.

2. El oftalmólogo Cesar Carriazo, director científico de la Organización Carriazo, le hizo unos estudios a don Chelo porque no se explicaba cómo veía tan perfectamente a tan avanzada edad (por encima de los 90 años). “Llevó esos estudios a un congreso mundial en el que expuso el extraño caso de mi papá”, reveló su hijo José María.

3. Siempre ha velado por el bienestar de su familia. Cuenta su hijo Chelito de Castro, que hubo un momento en que tuvo cuatro trabajos al tiempo: era director de su programa radial, jefe de Espectáculos Públicos de Barranquilla, escribía para el diario La Prensa y, por la noche, era anotador oficial de beisbol.

Dormía apenas unas cinco horas y con todo ese sacrificio nos levantó con las comodidades de una familia de clase media alta. Luego nos hizo una casa grande en el barrio El Prado”, señaló agradecido.

4. Tiene 69 años de casado con Judith del Carmen Vázquez, con quien escucha música por las tardes. “Mi papá era muy amigo de un primo de ella, se conocieron y desde entonces no se han separado jamás”, dijo con admiración José María.

Si hay que hablar de este amor, tendré que mencionar el día que llegó a la emisora con un zapato de un par y el otro de otro. “Esta mañana no quise encender la luz del cuarto para que mi esposa no se despertara porque está enferma. Me cambié a oscuras y ahora me doy cuenta de los zapatos que me puse”, contó entre risas.

5. A su abuelo y padre les decían 'Chelo'. La tradición sigue y a sus cinco hijos les dicen 'Chelito'. Así que, si llega a su casa y pregunta por Chelo de Castro, le preguntarán: ¿Cuál de todos: el periodista, el empresario, el beisbolista, el músico, el fotógrafo?

 

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