La caleña apareció en la edición italiana de la publicación

Daniela Botero, en la piel de una “playmate”

La modelo y actriz es la portada de la primera edición de la revista “Playboy” en Colombia, que se lanzó el pasado viernes. Lo que más le gustó de haber aceptado la invitación fue comprobar que se puede mostrar sin ser vulgar.

Daniela Botero se formó como actriz en la Escuela de Cine y Teatro Lee Strasberg, en Nueva York. / Óscar Pérez

Antes de aparecer en la revista Playboy Colombia, Daniela Botero ya tenía un antecedente muy claro. La modelo y actriz debutó hace un par de meses en esas páginas cotizadas, pero los artículos que cobijaban su figura en dos dimensiones estaban escritos en italiano. La experiencia específica por supuesto le sirvió al determinar que el nombre de la publicación, que estuvo de luto recientemente por la desaparición de su fundador, Hugh Hefner, ya era un ámbito conocido y que ahora el proceso se podía resumir en una expresión: el retorno a un lugar en el que alguna vez ella fue feliz.

Cuando Daniela Botero hizo consciente ese hecho, se fueron sumando otros aspectos que motivaron la decisión de aceptar el reto de ser la portada y el tema central de la primera edición de la revista Playboy en Colombia. La posibilidad de ser el centro de muchas miradas en su país también fue determinante. Ella desde hace varias temporadas, por motivos laborales y personales, ha estado radicada en otras naciones, y la urgencia de entrar en contacto con sus coterráneos parecía quedar saldada con esta oportunidad llamativa.

La desnudez, la exhibición en pleno y muchas ideas veloces y contradictorias en la cabeza caracterizaron el instante previo al “sí” definitivo. Daniela Botero dice que no se hizo mucho de rogar, pero que después de haber aceptado las dudas se multiplicaron. Sin embargo, gracias a los nombres que acompañarían su desempeño profesional, dejó atrás cualquier interrogante y se concentró en la conquista de la cámara del fotógrafo Richard Bernardin, que esta vez le serviría como herramienta facilitadora para establecer la comunicación con el público.

Las sesiones fotográficas en las que su oído se familiarizó con las ráfagas de la cámara arrojaron miles de imágenes. En todas, Daniela Botero aparecía sensual, con ojos expresivos, con su figura esbelta y trabajada y, sobre todo, a través de ellas lograba exhibir su personalidad, un argumento más que evidente para demostrar que a las chicas llamadas playmate (la modelo seleccionada para la edición mensual de la publicación) les queda bastante pequeño el calificativo “bonitas”.

La modelo caleña hizo de cuenta que estaba en un set de grabación y que le tocaba representar el papel que más se le ajustaba, el propio. Se olvidó de las pasarelas, escenario en el que nunca se ha sentido bien porque el rol de la modelo es muy limitado, y se adentró en la caracterización para comunicar, transmitir y, si se quiere, convencer también. Las poses se le iban dando de manera natural cubierta sólo con una esponja de 20 centímetros por 10 y una toalla envolviéndole la cabellera.

Afloraron sus pasiones actorales y surgió en los momentos más indicados la instrucción de su época de formación en la Escuela de Cine y Teatro Lee Strasberg, en Nueva York. La experiencia en las tablas, los conteos para entrar en acción y la oportunidad de construir y despojarse de un personaje le sirvieron para enfrentarse al reto de ser la punta de lanza de una publicación que pretende establecerse con fuerza en Colombia.

La responsabilidad de Daniela Botero no era menor porque dentro de su labor estaba equipararse con quienes desde 1953, año en el que circuló el primer ejemplar de Playboy, han colonizado sus páginas. La lista es tan extensa como contundente y los nombres podrían llegar a asustar hasta a la más intrépida de las mujeres. Ella se llenó de energía y afrontó el riesgo con la misma suficiencia con la que decidió que le encantaba Colombia, pero que su horizonte tenía que ser distinto.

Por eso Daniela Botero ha tenido casa en países como Francia y Estados Unidos, y tiene la esperanza de que ahí no pare la cuenta de sus sedes. Cada lugar le ha dejado un aprendizaje y lo que ve por su ventana en París, Nueva York, Miami, Ciudad de México, Bogotá o Cali es material virgen para lo que está preparando en su ámbito profesional. Así es como va construyendo sus personajes, que no han sido tantos como le hubiera gustado, pero sí son el comienzo de lo que espera sea una carrera en la que pueda asumir roles de época y disfrutar del amplio repertorio de malvadas que tiene pensado hacer en cine, televisión y teatro.

Daniela Botero está concentrada ahora en la participación en la segunda temporada de la serie Run Coyote Run, que será el preámbulo de muchas ofertas para meterse en indumentarias ajenas. Por ahora, muestra su propia piel en la primera edición de Playboy en Colombia y quiere que el público se quede con ella y no pase la página.

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