“A todas nos pasa”, de editorial Planeta

Fat Pandora: amar el cuerpo que alguna vez se odió

Monólogo construido a partir de entrevistas y fragmentos del libro de Adriana Convers, bloguera y editora de moda. En él habla sobre moda, estereotipos impuestos por la sociedad y cómo la autoestima es el camino para destruirlos.

La santandereana Adriana Convers estudió publicidad y mercadeo de la moda. / Andrés Espinosa
La santandereana Adriana Convers estudió publicidad y mercadeo de la moda. Andrés Espinosa

Le escribo a usted: gorda, flaca, alta, delgada, violeta, verde, hombre o mujer. Le escribo a usted que sabe lo que es mirarse al espejo y detallar cada imperfección.

Usted, que sabe lo que se sienten las comparaciones y esperar que los demás nos avalen.

Sé que me entiende. Durante muchos años me negué a mirarme del cuello para abajo. No quería asumir la realidad, y que me dijeran “gorda” era la peor ofensa. Siempre estaba haciendo dietas.

Toda la vida tuve sobrepeso, la obesidad vino después de los 25 años. Esta parte es difícil, fue el último capítulo que escribí de A todas nos pasa. Muy pocas personas lo sabían, pero ahora lo quiero compartir con usted: me hice la manga gástrica, una cirugía para perder peso en la que reducen el 15 % del tamaño original del estómago.

Lo hice porque estaba cansada de pelear con mi cuerpo por alcanzar los estándares y siempre fallar. Lo hice porque estaba cansada de un historial de fracasos con tratamientos para adelgazar. Lo hice porque quise, aunque Abraham, mi esposo, que es médico cirujano, me aconsejó que no lo hiciera.

Las cirugías no son un camino de rosas. Los primeros meses el tratamiento funcionó. Al segundo mes bajé diez kilos, pero cuando bajé veinte kilos empecé a sufrir de hipotiroidismo. Se me cayó el pelo, las manos me temblaban. Antes de la cirugía era una gorda sana, después, no me reconocí al mirarme a un espejo.

Mi batalla interna ya no era estar gorda o delgada: era estar sana. Suspendí los medicamentos a pesar de saber que ganaría peso. Comencé a visitar un terapeuta, porque sabía que tenía que reconciliarme con mi cuerpo, perdonarme, aceptarme y amarme. Ya no podía ser desagradecida con mi cuerpo.

Hoy, muchos años después, sigo teniendo un estómago pequeño y solo como lo que este me permite. Me da risa cuando me aconsejan que haga un tratamiento como un bypass gástrico, pues ya pasé por ahí y las cirugías no son para todo el mundo.

Comentarios como esos hacen que, a partir de este punto, le proponga que aplique la regla de los tres minutos. Antes de dar un juicio o una opinión sobre una persona, hágase una pregunta: ¿esta persona lo puede corregir en los próximos tres minutos? Si la respuesta es sí, dígalo; de lo contrario, guarde silencio.

Ya que le hice mi mayor estriptís, que me deshojé como una alcachofa, hoja por hoja, le contaré quién soy: Adriana Convers, publicista, santandereana y malgeniada, hija de Mario y Edelmira, conocida en el mundo digital como Fat Pandora, bloguera y editora de moda.

Fat Pandora es el nombre del blog que creé hace siete años, cuando estudiaba Mercadeo y Comunicación de la Moda y me sentía frustrada porque no podía vestirme como yo quería. Nació por la necesidad de contarle al mundo que me sentía invisible en la moda. Y ni hablar del sector colombiano, en el que se creía que las mujeres de tallas grandes solo eran mayores. Todavía falta mucho, pero ahí vamos.

Me di cuenta de que en otros países la ropa de tallas grandes era una industria muy importante, entonces compré por internet. Así que comencé a usar cosas que estaban de moda, me tomaba fotos y le mostraba al mundo que una gorda también puede usarlas. Las gordas también consumimos moda y no tenemos que pasar desapercibidas.

Desde pequeña tengo una relación muy estrecha con la moda. Recuerdo que mi papá me decía: “Vístete para la vida que quieres tener y no para la que tienes ahora”. Esas palabras siempre han hecho eco en mí. Ser gorda no es un impedimento para la vida de mujer exitosa y feliz que quiero vestir. Soy una gorda fashion que se atrevió a poner la palabra que más me aterraba en su apodo.

Al comienzo pensaba que el blog, que catalogaba de tallas grandes, solo lo leían gordas, pero me llevé una gran sorpresa cuando me escribieron mujeres, de todas las tallas, que también se sentían identificadas con los dilemas a la hora de comprar ropa. Luego llegaron las carísimas, a quienes también les dedico estas letras.

“Carísima” fue una palabra que me dejaron en un comentario de una foto hace tres años y que me gustó tanto que la empecé a incorporar en mi vocabulario. La gente me empezó a saludar así en redes y entendí que generaba comunidad. No me gustan ciertos términos o palabras por sus malos usos como “influenciadora” o “seguidora”, por eso, “carísima” es la palabra perfecta y colectiva. Todos somos carísimos.

Fat Pandora me ha dado muchas bendiciones: sentir el amor de la gente y construir amistades sinceras como la que tengo con Ita María, quien escribió el prólogo del libro. Aunque la moda nos unió, nuestras formas de pensar frente a otros temas hacen que nuestra amistad sea valiosa y trascienda.

También me gusta que no solo conocen a Fat, también a Adriana, mi diario vivir, mis gatos y momentos que tengo con Abraham, mi esposo, con quien les muestro en mis redes que las relaciones no tienen que ser un karma. Él sabe que mi cuerpo no es un tema de conversación.

Ojalá algunos medios de comunicación lo entendieran. Ojalá a ninguna mujer le pregunten en vivo sobre su talla del sostén. Me gusta utilizar mis redes para que entre todas nos aprendamos a amar. Creo que si tuviéramos una mejor, sana y segura relación con nuestro cuerpo, no proyectaríamos tantas inseguridades, seríamos un género mucho más fuerte y dominaríamos el mundo.

Quiero que nos enfrentemos a monstruos como nuestro cuerpo, el espejo, los ex y el gimnasio y nos miremos con amor. Sé que esa tarea no es fácil, pues es diaria. Sé que hay días en que uno se despierta y se siente mal, pero hay que vivir esos días grises para que sean solo días y no semanas, meses y la vida entera.

He pasado por muchas cosas en la vida. Tuve una relación muy conflictiva con mi cuerpo para darme cuenta de que me estaba matando. Tuve que romperme y pegarme en pedacitos para amarme. Que, así como la moda, la escritura y las redes me sirvieron para hacer lo que me apasiona y romper con los estereotipos, usted también lo haga. Y le escribo porque quiero que se mire al espejo y sea bueno con usted.