Hoy en el Jorge Eliécer Gaitán

Fruko, medio siglo siendo un teso

Julio Ernesto Estrada celebra 50 años de vida artística con un concierto en el que hará un repaso de su discografía. Perfil del polifacético de la salsa.

Julio Ernesto Estrada comenzó en Los Corraleros de Majagual y después lideró cuatro agrupaciones salseras. / Cortesía

Con la cienciología, Julio Ernesto Estrada está en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Con la música, en cambio, Fruko simplemente vive. Con la primera ha aprendido a analizar discursos y ahora se esmera en contextualizar los tonos de los artistas y próceres exitosos de la historia; mientras que con el arte sonoro habla de la cotidianidad y lo hace con el mérito de haber superado los peores momentos de la industria discográfica, pero también con la felicidad de quien se ha nutrido de sus mejores días.

Fruko puede llegar a ser mucho más que música, pero sólo cuando habla de ella se atreve a cerrar los ojos para poner los ejemplos más pertinentes. Ni cuando hace referencia a la realidad nacional, ni cuando pontifica sobre el amor, la concentración se le nota tanto. Tal vez porque la compañía más constante no tiene apellido y en sus seis letras y una tilde es capaz de conjugar lo mejor que le ha pasado hasta ahora.

“Mi abuela era negrera. Para ella ni el caballo podía ser negro y era una fanática de las canciones de Guillermo Buitrago, aunque lo que más le gustaba de él era el color rubio de su cabeza. Lo más contradictorio es que de ahí salí yo, que me he dedicado a explorar todos estos ritmos afrodescendientes”, dice Fruko, quien en plena cúspide de su carrera se radicó en Los Ángeles durante más de quince años y aprovechó para relacionarse con las estrellas más importantes del firmamento latino. Compartió tardes enteras con el timbalero Tito Puente, conoció de primera mano la historia de La flor de la canela de boca de su amiga peruana Chabuca Granda, aprendió de soneo con Ismael Rivera y tocó el piano a cuatro manos con el jazzista Armando Chick Corea.

En medio de anécdotas, acude a los números y, sin hacer cuentas exhaustivas, asegura que tiene más de 8.000 canciones grabadas en cinco décadas de actividad en la salsa. Luego, la sensibilidad le hace un llamado y dice que en casa de su abuela, la misma que discriminaba a la población afrocolombiana, ensayaron Los Corraleros de Majagual y allí pudo comprobar que Alfredo Gutiérrez, desde sus años de juventud, ha sido como el Bruce Lee del acordeón.

“Recuerdo que un venezolano quería ir a ver a Los Corraleros de Majagual. Estaba loco por ellos. Hizo una fila inmensa, compró una boleta carísima. Llegó a su localidad, se sentó y apareció en el escenario Francisco Chico Cervantes diciendo ‘Nos fuimos’… y el venezolano se paró envenenado diciendo ‘de aquí no se va nadie’. Y como ésa tengo muchas vivencias de mi paso por esa agrupación sabanera”, comenta entre risas el compositor, arreglista y director musical nacido en Medellín.

En esos años de Los Corraleros de Majagual, y cuando empezó a trabajar con Discos Fuentes realizando oficios varios, tenía fama de peleador, y aunque tiene la habilidad y la fuerza para romper un coco con las manos, siempre ha sido un hombre de paz. Incluso cuando le tocaba llamar al orden a sus discípulos más allegados (entre ellos Joe Arroyo, Wilson Saoko Manyoma, Edulfamid Piper Pimienta Molina Díaz y Juan Carlos Coronel) lo hacía desde el afecto y la razón, dejando a un lado la imposición y la fuerza.

Fruko es un bajista consumado, aunque también se ha destacado por la interpretación de instrumentos de percusión, sin olvidar que compone en guitarra, piano y tiple. Cuando estaba en el proceso de escoger su instrumento se cuidó muy bien de desechar todos aquellos que no le comunicaran lo suficiente. El trombón fue el primero que tachó de la lista porque se imaginó los ensayos y, de paso, a sus familiares llenos de alarmas por todos lados. Luego no habría reclamos sino la súplica directa para que abandonara la casa.

A pesar de que los vientos marcan buena parte de la energía de los ritmos del Caribe, nunca fueron cercanos para Fruko, porque él prefería jugar con la contundencia de la percusión, el poderío del piano y la base rítmica del bajo. Otros músicos tendrían, entonces, la misión de aprovechar los cobres para hacer bailar al mundo. Con vientos y todo, Julio Ernesto Estrada ha extendido su reino hasta Rusia, China y Japón, países en los que la salsa era un género más bien desconocido. A esos territorios ha llevado alguna de sus cuatro agrupaciones: Fruko y sus Tesos, La Sonora Dinamita, Los Latin Brothers y la Afrosound.

“Yo llevé la salsa colombiana a todas partes y la he hecho brillar, porque tiene el sabor de la tierra, la frescura de una jam session y la fascinación del latin jazz. Aquí tenemos folclor propio y queremos fortalecer lo nuestro. Los colombianos tenemos talento, intelecto y gestión, pero necesitamos de la tecnología mental y para eso es que me ha servido tanto la cienciología”, concluye el artista, que celebra medio siglo de actividad en la música con un concierto especial en el que hará un repaso de su discografía y tendrá como invitado a Wilson Saoko, una de las voces emblemáticas de Fruko y sus tesos.

Antes, la fuerza dominaba a Julio Ernesto Estrada. Ahora está centrado en su mente adscrita a la cienciología. Por ella es diseminador, por la vida es inseminador natural, y gracias a la música siempre será un teso.

“La era dorada de Fruko”. Sábado 19 de agosto, 8:00 p.m., Teatro Jorge Eliécer Gaitán, Bogotá. Información y boletería en Tu Boleta.

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