Ayuda a la gente a tener éxito individual

Jürgen Klaric: “¡El dinero sí compra la felicidad!”

Un gurú del neuromarketing asegura que el dinero debe utilizarse para cambiar el mundo y no para manipular, comprar carros, intimidar o dominar.

Para Jürgen Klaric, el trabajo etnográfico ha sido la mejor forma de terapia.  / Cortesía
Jürgen Klaric tiene varios títulos editoriales dedicados al neuromarketing. Cortesía

¿Qué imagen tiene de sí mismo Jürgen Klaric?

La verdad, me veo como un loquito que trata de cambiar al mundo; como un loquito muy feliz, porque lo que pienso, siento, digo y hago va en contravía del modelo de pensamiento tradicional, especialmente el empresarial. Un día descubrí que no quería ser falso. Me sentía mal con el doble discurso, la doble moral, los dobles intereses. Eso me pasaba cuando trabajaba en el marketing de marcas incoherentes. Me sentí cómplice del mercantilismo. Me dije: “Voy a ser quien soy yo y tengo que ser congruente en todos los aspectos”. Me reinventé. Hoy soy yo. Visto como quiero, pienso como quiero, digo lo que quiero. Creo poder decir que soy muy auténtico, muy diferente. Hoy valoro la autenticidad y la sencillez.

Escuchándolo, se me viene a la mente lo que una vez me dijo un mentor: que la coherencia es visión más libertad.

Coincido totalmente. Creo que la virtud más difícil al vivir en medio de la fama y el éxito es la congruencia. Por eso es importante tener la mirada fija en el propósito superior de uno. Por eso digo, ojalá hubiera más loquitos en el mundo. Pero ¿sabes qué? Los loquitos somos cada vez más. Tengo amigos que lograron toda la plata y el materialismo que uno quiera y, siendo personas conscientes, se dieron cuenta de que algo les hacía falta. Yo me siento tan orgulloso conmigo mismo porque en el pasado no lo era, y hoy me siento bien conmigo mismo.

¿Qué provocó su cambio?

Pienso que tuvo que ver con la autoestima. Siempre buscaba el reconocimiento, hasta que me di cuenta de que la gente me aplaudía demasiado. Ya ni tenía que demostrarle nada a nadie, y me dije: “Ahora voy a ser yo”. Cuando hice este cambio, me empecé a sentir muy bien. Entonces, también sentí que podía vivir cada vez de manera más sencilla. Cada vez me gustaban menos los Rolex, los carros, las mansiones, lo que antes representaba mis sueños. Logré esta libertad, que fue el producto de creer en mi al ciento por ciento.

¿No hubo un evento en particular, como la caída del caballo de san Pablo?

El día que salvé el primer niño de cáncer con una donación, ahí entendí, wow, que ¡el dinero sí compra la felicidad! Dije: “Voy a trabajar muy duro, a vivir muy sano y por la gente”. Y esta es hoy mi vida. La verdad es que si hoy no hay quienes hablan claro sobre el desarrollo del ser, esta tierra será todavía más saqueada que en el pasado y habrá más abuso.

Usted habla en su nuevo programa sobre el dinero, “Conéctate con el dinero”. ¿Qué es el dinero para usted?

El dinero es el objeto que está más cargado de fuerza energética. No hay nada físico que te pueda dar más energía que el dinero, porque el dinero te da la posibilidad de ahorrar energía, te da la posibilidad de desgastarte menos y te da la posibilidad de tener más poder. Pero tiene que ser más poder para cambiar el mundo y no para manipular, comprar carros, intimidar o dominar. El dinero nos da el poder de cambiar el mundo, para amar, para ser felices.

¿El dinero no lo corrompe a uno?

El dinero es un potencializador. Si tú eres una mala persona y yo te doy mucho dinero, te vuelves aún más mala. Si tú eres bueno y te dan mucho dinero, te vuelves más bueno. El dinero no cambia a la gente, simplemente potencializa quien eres.

¿Cuáles son las condiciones para conectarse con el dinero?

Lo primero y más importante es acabar con todas las malditas creencias sobre el dinero: “prefiero ser pobre y feliz”, “el dinero no compra la felicidad”, “la gente que se vuelve millonaria pierde sus valores muy rápido”. Todo eso no tiene sentido y es lo que nos vendieron las mentes pobres. La verdad es que si rechazas el dinero, el dinero se aleja de ti. La mente pobre es envidiosa, crítica, celosa. Hay que vivir con una mentalidad de la abundancia, porque la mente próspera aplaude, agradece, reconoce.

El desarrollo personal es una industria que está creciendo de manera exponencial a nivel mundial. Al mismo tiempo, el escepticismo hacia los gurús de la autosuperación es muy grande. Hay quienes consideran que personajes como usted son unos charlatanes.

Hay quienes piensan que salimos a un escenario para decir puras pendejadas y lo que decimos no funciona. Pero si somos charlatanes entonces también lo son tus papás, porque una mamá o un papá, solamente por haberte dado un sermón, diciéndote algo fuerte, te han impactado de manera definitiva, cambiando tu vida para siempre. Un hijo puede llegar a cambiar toda una actitud o un hábito negativo por el solo hecho de haber escuchado un sermón duro de los papas. La Universidad de Stanford acaba de confirmar en un estudio inédito que el trabajo que hacemos sí tiene un impacto positivo en la vida de la gente; los talleres de motivación sí rompen los hábitos y los condicionamientos mentales. Después de todo, no es que improvisemos. Nos preparamos durante años para alcanzar los resultados que logramos.

¿A cuántas personas le cambió la vida Jürgen Klaric?

Mi objetivo es cambiarles la vida a 45.000 personas cada año, que son las que atienden a mis seminarios. Claro, no a cada una le cambio la vida, pero a un 20 por ciento sí. Eso sin contar los 25 millones de hispanos que me escuchan cada año a través de mis plataformas online. Entonces estamos hablando de millones de personas, estadísticamente. No hay educación universitaria que logre este impacto. Entonces, yo sí creo que podemos decir que estamos logrando un cambio, y es real; es transformación mental, económica, en el bolsillo de la gente.

Uno escucha a Klaric diciendo estas cosas y piensa: “¡Qué egocéntrico!”.

Pues eso pasa porque los latinos siempre hablamos de “nosotros” y no somos capaces de hablar de uno mismo, del “yo”, porque no tiene la capacidad de diferenciar el ego positivo del egocentrismo. Esto es lo que nos ha causado la religión, así como las ideologías totalitarias, que siempre nos dicen que tenemos que agachar la cabeza.

¿Qué diferencia a Jürgen Klaric de un caudillo latinoamericano?

Los caudillos son populistas y no resuelven problemas. Por el contrario, yo enseño a la gente a tener un éxito individual y no colectivo. Los caudillos exaltan un anonimato estúpido en la colectividad y no piensan en el bienestar de los individuos. Yo soy práctico. Yo voy al grano. Yo te doy herramientas hoy para que los puedas implementar mañana y ver resultados.

Pero como individuos somos también parte de una colectividad.

Creo que tengo que ser un referente antes, mostrando que mi éxito empieza por mí mismo. No empieza por lo colectivo. Cuando me vuelvo parte de la colectividad, después de trabajar en mí, se logran cosas universales, cosas mucho más grandes. Pero el cambio tiene que empezar con uno mismo.

¿Cómo se forma en usted esta noción del yo?

Mis papás son bolivianos, pero me criaron en Estados Unidos. Yo soy gringo, y allá uno dice: “Soy el mejor orador”, y nadie dice nada. Bajo mis valores y mi estructura mental, eso no tiene nada de malo, pero cuando lo escucha un latino, dice: “¿Qué le pasa a este tipo?”. ¿Qué te puedo decir, compadre? He trabajado muy duro para ser el número uno de los conferencistas en el mundo hispano.

En su formación, ¿cuál ha sido para usted una experiencia fundamental?

Sin duda, el trabajo etnográfico, que es la mejor forma de terapia, porque te vuelve más humano. Me volví un ser más sensible, más consciente. Es decir, eso me llevó a tener una sensibilidad absoluta. Viviendo, estudiando y trabajando codo a codo con la gente, ayudándole a través de mi fundación, emprendiendo con ellos, me he convertido en un latinoamericano. Aprendí a escuchar, porque sin esta cualidad no podría tener los resultados que tengo, no podría hacer mi trabajo. Es más, te adelanto que el próximo año me retiro de los escenarios…

¿Para siempre?

Voy a hacer un sabático. Tengo que volver a estudiar, a conectarme con la parte social, porque he estado tan ocupado que he dejado de ayudar y yo soy una persona que ha ayudado a mucha gente.

¿Cómo vive hoy?

Yo vivo muy sencillamente. No tengo yate ni avión privado. Hubo un tiempo en el que tenía todas las pendejadas del mundo, relojes, carros, etc. Pero vendí todo, porque me di cuenta de que para cambiar al mundo se necesita dinero. He ayudado a mucha gente a quitarse los Rolex. No tengo carro, he hecho que mucha gente deje de comprar carro. Como de manera saludable y he ayudado a millones de personas a que coman bien y se cuiden, porque la persona que no tiene la capacidad de cambiar su forma de comer jamás podrá cambiar su forma de ser.

¿Qué es el éxito?

Para mí, el éxito es reducir la mayor cantidad posibles de bienes materiales y administrarlos de la mejor forma posible. El éxito colectivo es dar sin pedir nada a cambio y trabajar para gente que no conoces. Por eso puedo decir que vivo feliz. Soy alguien que ha superado todas las expectativas y me he entregado a la gente, para ayudarles a cambiar sus vidas.

¿Cuál quiere que sea el legado de su trabajo?

Regalarle un sistema educativo al mundo para que el día que yo me muera quede un nuevo Montessori. Requerimos algo para estos tiempos y mi fortuna la voy a usar para hacer un sistema educativo y regalárselo al mundo. Estoy pensando en un concepto increíble. No voy a entrenar a niños sino a entrenar los futuros líderes para que salven al mundo en el 2050. La misma corrupción es un problema de educación. Cuando haya buena educación no habrá corrupción.

También se ha dedicado a los niños que sufren de cáncer.

De hecho, estoy pensando en un hospital de alta tecnología para niños de escasos recursos que tienen cáncer. América Latina está llena de niños que se mueren por no tener mil dólares para hacerse una cirugía o exámenes médicos adecuados. En Bolivia vi hospitales donde a los papás les toca dormir bajo la cama durante meses. ¡No mames! ¿Cuántos empresarios están interesados en conocer esta realidad y hacer algo al respecto? No le pido a la gente que haga ese tipo de cosas, pero si alguien quiere entender para qué sirve el dinero en la vida, solamente salva la vida de un niño con 1.500 dólares y te va a quedar claro.

En pocas palabras, entonces, ¿cuál es la propuesta de Jürgen Klaric?

Una invitación a pensar menos en la riqueza material y a dedicarse más a elevar los niveles de conciencia de nuestros pueblos, de nuestros ciudadanos, empleados, amigos.

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Aldo Civico/Especial para El Espectador

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Jürgen Klaric: “¡El dinero sí compra la felicidad!”

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