Es el tercer álbum de la agrupación

La chiva gantiva confirma su "Despegue"

La banda creada en Bruselas contó con la producción del colombiano Iván Benavides y del francés Vincent Poujol para la realización de su disco, en el que se dan cita la rumba afrobeat y la balada melancólica.

Los integrantes de la banda La Chiva Gantiva creen que su tercer disco, “Despegue”, es el comienzo de una propuesta musical que se complementa con lo que hacían años atrás. / Cortesía

En el proceso de realización de su tercer disco, Despegue, los integrantes de La Chiva Gantiva descifraron el misterio del biorritmo. En realidad, poco fue lo que tuvieron que hablar. Más bien se concentraron en tocar y lo que iba apareciendo en el panorama sonoro era complementario de lo que ya sabían hacer y que les había dado tanto resultado en Europa y en América también.

En lo que se puede entender como la cara A de la agrupación, y por lo que se la conoce hasta el momento, es por su despliegue, por el encanto sublime de su propuesta siempre arriba y por el ímpetu de su entrega sin límites de energía. La cara B, lo que estaba en la profundidad de su estilo y por lo tanto no había salido a la luz pública, era su arista melancólica, sus baladas y aquellas canciones destinadas a un proceso de escucha más bien tranquilo y sin el factor fiesta de por medio.

Esa faceta discreta, serena, fue la que afloró en Despegue, el tercer trabajo discográfico de estudio de La Chiva Gantiva, que fue lanzado al mercado a finales de 2017 y que tuvo en la canción El ritmo lo llevo yo la punta de lanza indicada para abrirse camino en el ámbito musical. El nombre no es simbólico; es literal porque, para los componentes de esta corte empujada desde la génesis por personajes como Natalia Gantiva, Rafael Espinel y Felipe Deckers, la banda arranca un nuevo periplo a partir de la realización de este álbum.

Por el espejo retrovisor pueden ver todo lo que ha pasado durante los años de trayectoria colectiva. Ven con claridad, por ejemplo, aquellos momentos en los que se concentraban durante largas jornadas en un apartamento en Bruselas (Bélgica) para hacer con la música solamente lo que les indicaba el instinto. El poder de lo que conseguían con sus instrumentos era tal que a la puerta llegaban artistas de nacionalidades tan variadas como francesa, inglesa y vietnamita para preguntar por el condimento de esa música que se colaba por las rendijas y los hacía estremecer.

En esa mirada rápida al pasado, los integrantes de La Chiva Gantiva también pueden evidenciar que el eje que logró congregar a la banda fue la música colombiana, a pesar de las múltiples influencias foráneas y la formación académica de algunos de sus componentes. La contundencia del Caribe, la cadencia del Pacífico y la originalidad de los aires del interior fueron la base de un sonido que, con el paso del tiempo, se mezcló sin el más mínimo pudor con elementos del rock y del funk, principalmente.

Por encima, son doce años de fusiones, de recorridos musicales y de sonidos que van y vienen dependiendo de las urgencias de la agrupación. Desde 2005 hasta hoy, La Chiva Gantiva ha publicado Pelao (2011), Vivo (2014) y Despegue (2017). Al comienzo, sus canciones intentaban reflejar la formalidad, la exactitud y el rigor de la vida en Europa, el entorno que comanda la cotidianidad de sus integrantes a pesar de sus orígenes diversos. Después le echaron un vistazo a la región que vio nacer a buena parte de la banda y lo que empezó a reinar fue el caos circundante en esta porción del planeta, así que se estableció un puente conector entre estas dos condiciones disímiles y a la vez complementarias.

En La Chiva Gantiva el rigor se sigue evidenciando en el compromiso con la música y en el deseo de hacer de ella un estilo de vida digno. El caos, por su parte, surge cada vez que sus integrantes están en el escenario y el afrobeat de su propuesta logra contagiar al público. En la banda no se trata de ponerse de acuerdo en todo; es más bien la oportunidad de crecer dentro de las diferencias y entender que los puntos de vista contrarios sirven como alimento para llegar a la madurez artística. Así ha sido en este tiempo de ejercicio musical.

“Tenemos claro que no somos Batata, ni Petrona Martínez, ni ninguno de estos grandes maestros de nuestra música folclórica, y lo que tratamos de hacer es producir la música de la manera más sincera que encontramos como lo que somos, un colectivo diverso. Así como nosotros tenemos nuestro bagaje, los músicos ‘foráneos’ que hacen parte de La Chiva Gantiva tienen su propia historia y eso se refleja en lo que proponen dentro de la banda”, comentan los integrantes de esta agrupación que también se ha caracterizado por una fuerte inclinación hacia los contenidos audiovisuales. Sus cabezas visibles se formaron en la plástica y eso ha hecho que siempre tiendan a amarrar la iniciativa musical con un tratamiento visual destacado, que incluye las carátulas de los discos, los videos y la infraestructura para los conciertos.

En Despegue, La Chiva Gantiva continúa en su proceso de estimular la diversidad y por eso puso sus creaciones en manos de dos productores bien distintos. Por un lado, Iván Benavides se encargó de arropar con su estilo algunas de las canciones, mientras que por otro estuvo el francés Vincent Poujol aportando sus conocimientos y potencializando las ideas del colectivo.

Me lo llevo, Montañas de selva verde, Vuelvo y me despido, Fantasmas, Cuero y Tripeo desfilan por esta producción en la que La Chiva Gantiva encontró otro tono y les hace guiños a la nostalgia, al romance y a la balada, sin perder el poderío de su puesta en escena. Con la lupa puesta en el pasado y con el corazón en el presente, la banda anuncia y confirma su Despegue.

 

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