¿Cómo se siente subir ‘39 escalones’?
Como dar a luz luego de tres meses de gestación. Ahora lo difícil es criar ese hijo para que crezca sin deformarse, no se llene de vicios y no sea sacrificado por nuestros egos.
¿Qué es lo más alto que ha subido?
No he pensado en eso porque apenas voy subiendo, pero sí me acuerdo de cuánto he bajado…
Lo mejor de Cúcuta.
Que me dio su gentilicio: cucuteño.
¿Y de Bogotá?
Que me adoptó como hijo sin obligarme a renunciar a mi origen.
¿En dónde dejó la Comunicación Social?
Cada día trato de aplicarla como ser humano social y político.
¿Cuál fue su primer papel?
De Antonio Aguilar, en una fonomímica en el colegio, a los 6 años.
¿Y con el canto cómo le va?
Soy cantante frustrado…
¿Teatro o televisión?
Los dos, uno para el alma y el otro para vivir, ayudar a los míos y a los demás.
El papel que más recuerda.
El último, por el desacierto que fue el proyecto.
Una escena difícil.
Las escenas que parecen tontas, la mayoría de las veces son las más complejas.
¿Es tan perfeccionista como dicen?
Absolutamente obsesivo.
¿Y muy glotón?
Mido 1,87, peso 82 kilos, soy hiperactivo, imagínese para mantener con energía este cuerpecito. Me gusta el ejercicio y también la comida.
¿Se parece a su personaje de Wilson Emilio en ‘Aquí no hay quien viva’?
Todos los personajes que hace un actor parten de su esencia como ser. Wilson tiene mucho de Jimmy (malo y bueno).
¿Invirtió plática en DMG?
No alcancé, estaba grabando y no tuve tiempo.
¿Cómo le va con la fama y las fans?
¿Cuál fama? En la TV colombiana no hay famosos, hay populares. No conozco la primera que se haya tatuado mi nombre, o creado un club de fans. Como a cualquier actor del país, la gente nos olvida si no estamos al aire.
¿Cómo nació su interés por actuar?
Estaba tan chiquito que ni me acuerdo. Apareció y cada día es más fuerte.
Una obra de teatro inolvidable.
Todas son inolvidables. Recuerdo con cariño I took Panama y El inspector.
¿Qué recuerda de su papel como ‘Revólver’ en ‘El Cartel?’
Que casi me quitan la visa por un error en la producción.
¿Y sabe manejar las armas?
Papá fue militar. Desde niño las manejo con respeto.
El personaje que más le costó.
El actual de 39 escalones. Todos los que llegan son complicados de lograr.
¿El malo o el bueno del paseo?
El que tenga juego, matices, opciones, posibilidades, malo o bueno.
Lo más difícil de un protagónico.
La carga de trabajo es muy brava, y si es en televisión, por ser sobre todo un negocio, siempre juegas contra el tiempo.
¿Tímido o antipático?
Tímido e inseguro aunque no parezca.
¿Cuál es su arma de conquista?
El humor.
El mejor piropo que le echaron.
“…Ay noooo, yo pensé que usted era como su personaje…”.
Lo que más cuida de su físico.
Que no me salga barriga. Por la cirugía en la columna (reemplazo de disco), sería mortal para mí.
¿Se cambiaría algo?
La neurosis. Me pondría implantes de importaculismo.
La parte de su cuerpo que más le gusta.
El talón de Aquiles y el esternocleidomastoideo.
¿Y la que más le admiran?
A mi mujer le gustan mis codos, creo que eso la enamoró… Me conquistó cuando me dijo: “Tienes unos codos divinos”.
¿Qué tan competida es la actuación?
Cada que respiramos está entrando una cara nueva a la tele nacional, y si sales en una novela en este país, ya eres actor.
Un buen compañero de escena.
Pocos actores son realmente generosos en el escenario o en el set, he tenido buenos y malos compañeros. Prefiero hacerme el loco y no comprometerme con nombres.
¿Qué deporte práctica?
El que se atraviese. Soy malo en todos, pero lo intento con pasión.
Una mala maña.
Ser honesto. En este país eso es un defecto.
Una cualidad.
Soy muy sensible, lloro despidiendo un camión en Corabastos.
¿Y una obsesión?
Mis personajes. Pregúntenle a Claudia, mi esposa. En el proceso de construcción me vuelvo una pesadilla monotemática.
El tema que más domina.
Ninguno, soy un ignorante que habla mucha paja…
¿Cómo inicia su día?
Insultando al despertador.
¿Qué tan enamoradizo es?
Mucho, pero como amo a mi esposa, me castro ese gustico como los varones y me porto juicioso.
¿Y romántico?
Paso raspando, pero mi esposa me está enseñando.
¿Qué no puede faltar en una noche de pasión?
Mi esposa.
Lo más cursi que ha hecho.
Soy el rey de las cursilerías en mis intentos de ser romántico.
¿A qué le pone picante?
A las empanadas cucuteñas.
¿Qué lo hace sonrojar?
Las imprudencias y pendejadas que digo por despistado.
Una habilidad oculta.
No la digo porque me sonrojo.
¿Para qué es malísimo?
Para dar entrevistas.
¿A qué le pone salsa?
A mis personajes, intento que sepan a algo.
¿Y baila tan bien como actúa?
También soy bailarín frustrado…
¿Cómo se preparó para representar a Armando Beltrán Calderón?
No me toquen ese vals porque me matan…
¿Y le quedó gustando la cola de caballo?
Prefiero la cola de res guisada.
¿Que tan rumbero es?
Ya no, quemé muy bien esa etapa…
¿Qué tan salsero es?
Mucho, tanto como vallenatero.
Su comida favorita.
Todo menos la remolacha, el chontaduro o los insectos que no sean las hormigas culonas.
¿Y qué tal le va cocinando?
Sobrevivo…
¿Y se le mediría a ser celador?
Si toca lo haría, para estudiar actuación y para mantener el teatro he trabajado en muchísimos oficios tan duros como ese.
¿Qué tan buen vecino es?
Cada día lucho para crecer como ser, eso incluye ser muy solidario.
¿Para qué es descomplicado?
Soy de raíz humilde, soy de lavar y planchar…
¿Qué ha hecho por amor?
Casarme.
Un sacrificio.
Seguir en esta profesión en un país como este.