El sabor de la fama

Los cocineros, las nuevas celebridades

Dos décadas atrás optar por pasar los días en una cocina no era muy bien visto, hoy no sólo es una profesión, sino que puede percibirse como un estilo de vida glamuroso.

Juan Manuel Barrientos. Cortesía El Cielo

Los jóvenes que hoy optan por estudiar cocina, culinaria o gastronomía, como quiera llamarse, pueden expresarlo a viva voz, incluso con el mismo entusiasmo que se dice que se estudiará derecho, medicina o una ingeniería. Sin embargo, unos 20 años atrás, la decisión tenía otro color. Podía generar burlas o tomarse casi como un castigo. Cuando se hablaba de una cocina se referían sólo al lugar donde se preparaban los alimentos, sitios poco atractivos, y si el destino de un adulto era ése, era casi una sentencia.

Hoy las cocinas están a la altura de las más glamurosas oficinas y han adquirido un atractivo tan grande, que ya se registran en los medios de comunicación. Sus chefs son consultados y como carrera es incluso más apetecida que muchas de las convencionales. Así ha sido por lo menos en Colombia, donde prestigiosos claustros tienen la gastronomía dentro de sus programas. En el país es usual ver en las invitaciones a eventos el nombre de quien preparará el menú o fotografías sociales de cantantes, artistas y políticos al lado de los más destacados cocineros. ¿Cómo ocurrió todo esto? ¿Ser cocinero es tan cool como muchos lo perciben?

Comensales que cambiaron

En palabras de Jorge Rausch, uno de los más afamados cocineros y quien estudiaba economía en Israel cuando sintió que lo suyo estaba en la cocina y todavía esta actividad no gozaba de tanto prestigio, cree que todo ocurrió en Colombia al tiempo que en el mundo. “Hace 20 años el comensal quería comer de forma étnica, se elegía un restaurante según la nacionalidad, nunca se escogía por el cocinero. Cuando llegó Harry Sasson la gente comenzó a seleccionar el lugar por el cocinero; luego llegamos nosotros y después Leonor Espinosa, y así otros. Así arrancó el boom de la cocina de autor y ocurre también en Perú, en México”.

Raush, quien con su hermano Mark, reconocido pastelero, conforman una de las duplas más admiradas de la gastronomía, no cree que los nuevos aspirantes a cocineros busquen este camino por la popularidad, sino porque realmente hay pasión, además aclara que el término chef no equivale al de una profesión, ya que significa jefe y lo correcto es decir en efecto, cocinero. Los Raush recién grabaron un programa para el reconocido canal Food Network llamado Los Hermanos Rausch. En una clara evidencia de la popularidad que han alcanzado, el programa mostrará cómo son sus vidas en familia.

Yair Díaz, director del programa de gastronomía de la CUN y quien tuvo su propio espacio en el canal regional TRO y luego estuvo en Canal RCN, reconoce que el papel de los medios en la gastronomía ha sido fundamental. “Se le está dando la importancia que se merece al tema de la alimentación”. Este santandereano, que tuvo abuelas cocineras, pero con una madre que detestaba cocinar, siente que cuando empezó a aparecer en televisión le llegó una popularidad que sin duda ha sido benéfica para su carrera, pero esto es sólo accesorio, ya que el verdadero profesional debe pasar por los fogones.

Hasta la Casa Blanca

Juan Manuel Barrientos, fundador de El Cielo y pionero de la gastronomía de los sentidos con restaurantes en Bogotá, Medellín y Miami, al que acuden las celebridades, es uno de esos personajes que ocupa las páginas sociales y que sirven de inspiración a nuevos profesionales. “Decidí ser cocinero a los 19 años, no por glamur, sino por la pasión de transformar alimentos en sonrisas”. Hoy tiene 34 años y cree que hay celebridades en todas las profesiones, ya que no son más que gente talentosa que es admirada por el público y la gastronomía no es la excepción. Reconoce que los medios ayudan a que haya popularidad, pero hay que ir más allá y demostrar que se es profesional.

Si se quiere hablar de un caso en el que la gastronomía se vea glamurosa es con Barrientos. En 2017, por ejemplo, fue invitado por la Casa Blanca; como conferencista en la Universidad de Stanford en Silicon Valley, donde otros convocados fueron Barack Obama y Mark Zuckerberg. Recientemente su local obtuvo el premio Tripadvisor, otorgado por comensales del mundo entero, como el mejor restaurante fine dining del país.

Trabajo duro

Por su parte, Nicolás de Zubiría admite que en sus inicios ser cocinero no tenía nada de glamuroso, aun así su familia lo apoyó, a pesar de que abandonó sus estudios de mercadeo. “Era vista como algo poco especial, no como el médico o el ingeniero”. Antes de estudiar profesionalmente fue a cocinas de hoteles y considera que eso es lo que deben hacer las nuevas generaciones para que se empapen y se den cuenta de que el trabajo es duro. “Las jornadas son largas, no es hacer dos cosas ricas y ya”. En su caso la popularidad en efecto se dio cuando empezó a salir en televisión. Fue jurado de Master Chef y actualmente presenta A fuego rápido los martes en las noches en Discovery H&H. “La tele es poderosa, fantástica, me encanta hacerla y enseñar a través del entretenimiento”. Guardando las proporciones, considera que los cocineros son como los músicos, que emocionan por medio de los sentidos y de ahí la fascinación de la gente por quienes cocinan.

Glamur sólo para unos pocos

En el caso de Jennifer Rodríguez, quien ganó el reality latinoamericano Cocineros al límite, y tiene un restaurante en Mesitas del Colegio, Cundinamarca, de donde es oriunda, y hasta donde han llegado los medios de comunicación, la situación de sus inicios fue menos anhelada. Comenzó cocinando por necesidad económica y esto causó cierto rechazo entre algunos de sus conocidos, en ese entonces estudiaba en la Universidad Distrital e ignoraba que la cocina podía ser una carrera. “Mis abuelas habían trabajado como cocineras y mi papá quería que su hija fuera ingeniera”. El negocio prosperó, se inscribió en el reality y finalmente decidió que la culinaria sería su vida. Con su restaurante Mestizo ha logrado reconocimiento y admite que la televisión ha tenido que ver, pero es sólo algo momentáneo ya que el trabajo es lo que permite mantenerse. Hoy su familia entera forma parte de su negocio y en su municipio ya no es criticada sino admirada.

Cree que el concepto de fama y celebridad es para unos pocos. “Son pocos los cocineros famosos, en el mundo hay millones. La cocina es un trabajo más, es el oficio de alimentar y mueve la economía de un país”.

Rausch cree que el boom por estudiar lo referente a esta profesión también se debe a la facilidad que hay para emprender. Para abrir un restaurante se necesita un capital inferior al que se requiere por ejemplo para abrir una empresa, sin embargo, cree que para surgir en una carrera como ésta es necesario esperar por el emprendimiento y aprender en cocinas ajenas. “Hay que entrenar, aprender de la gente buena, así la posibilidad de fracaso será menor”.

Sasson, el pionero

Sin duda Harry Sasson se convirtió en la primera figura de la gastronomía que en Colombia adquirió el carácter de celebrity. Cuando era un adolescente y estaba por graduarse del colegio, sus compañeros escogieron carreras tradicionales, él expresó su deseo de ser cocinero y esa noticia fue muy criticada. Incluso hubo junta escolar porque no entendían cómo un alumno del Anglo Colombiano de Bogotá prefería una cocina a una oficina. Su familia lo apoyó. Sin claustros donde estudiar, se inscribió en el Sena, que era la única institución educativa que tenía un programa de este tipo en el país. Vendrían prácticas en el desaparecido hotel Hilton del Centro Internacional, viajes de trabajo y finalmente regresaría a Colombia para convertirse en el primer personaje de la gastronomía de renombre. Sasson más que un cocinero es la inspiración de las nuevas generaciones.

 

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