Luis Magín Díaz García (1922-2017)

Magín, un legado para el folclor colombiano

El compositor de temas tan representativos como “Rosa” y “Me amarás” murió en Las Vegas, Estados Unidos, lejos de su casa y de sus amigos.

Magín Díaz comenzó muy temprano en la música tocando instrumentos de percusión. / Archivo Cromos - Shock

El 28 de noviembre falleció en Las Vegas, Estados Unidos, el maestro Magín Díaz, una personalidad que deja un legado importante para la cultura colombiana. Luis Magín Díaz García, más conocido como Magín, compositor, cantador e intérprete colombiano nacido en Gamero a mediados de los años 20, nos recuerda sus raíces y el legado que nos han dejado su música, su espíritu y su sencillez.

Magín Díaz tuvo cinco hijos, fue bebedor y parrandero. Lo acompañó su sobrino hasta hace algunos años, ya que no se le permitía vivir solo por su avanzada edad. Habitaba una parcela a la orilla del dique donde se había mantenido resguardado a la sombra de los éxitos cosechados y del mundo moderno que poco le importaba. Caminaba pausado por las dos únicas calles que tiene su pueblo natal, visitaba algunos amigos y así pasaba sus días, acompañado de familiares y personas cercanas que de vez en cuando llegan a visitarlo.

Magín Díaz fue pescador de la Ciénaga de Matuya, ese trabajo con atarraya y arpón que hace algunos años fue una de las fuentes de ingreso más importantes de Gamero, un municipio pequeño que pertenece a la región del Dique a 44 kilómetros de Cartagena.

Para hablar de la historia de Luis Magín Díaz García es necesario remontarse a los primeros años del siglo XX. Fue en 1901 que la zona se transformó y las grandes haciendas que pertenecían a los padres Dominicos comenzaron a ser parte del Estado y de los grandes empresarios cartageneros. Se creó entonces la primera empresa azucarera en el territorio nacional, llamada Central Colombia, conocida como el Batey.

A partir de ahí se importó maquinaria de Inglaterra y se trajeron maquinistas cubanos a la zona. Central Colombia comenzó a emplear a los habitantes de la región y del interior del país, donde los hombres sacaban caña y las mujeres cocinaban, ese fue el caso de los padres de Magín Díaz: Domingo Díaz y Felipa García, quienes trabajaron y contribuyeron a que la zona se transformara y se convirtiera en una de las más importantes para la economía y la política del departamento de Bolívar.

Visitantes y pobladores interactuaban y la música de sexteto en los años treinta comenzó a tener mucha fuerza en todas las zonas azucareras; donde había trapiche ahí se establecía el movimiento de la música en ese formato instrumental que tenía algunas variaciones y se fusionó con la música tradicional colombiana. El sexteto comenzó a utilizar las maracas, los bongoes, la clave y la marímbula, un instrumento africano traído por los cubanos.

Fue por esa influencia cubana y la interacción cultural que se daba en la región que Magín Díaz a temprana edad se relacionó con los instrumentos de percusión. Él pertenecía a un núcleo familiar musical en el que su madre era cantadora de bullerengue y su padre bailarín del Son de Negro, una comparsa muy representativa de la región y conocida por el Carnaval de Barranquilla.

El auge económico y comercial de casi 50 años se terminó y la empresa azucarera Central Colombia cerró sus puertas, dejando tristeza y desempleo a las familias que habían subsistido con ella. Ahí nació un proceso de migración entre los años 40 y 50 hacia Venezuela y Díaz, uno de ellos, viajó a Maracaibo y trabajó por mas de 20 años como empleado en el campo.

Regresó a Gamero en los años 70 y conoció a Wady Beldrán, quien creó un formato tradicional con guitarra y lo conjugó con los tambores. En ese momento nacieron Los Soneros de Gamero, colectivo en el que Magín Díaz tocaba los bongoes y hacía coros, mientras que Irene Martínez, su prima, era la voz principal.

Los Soneros de Gamero viajaron a Medellín a grabar un disco, pero a Magín Díaz lo abrumaba la ciudad e Irene cantó casi todas las partes. Rosa y A pilá el arroz, entre otras canciones, se inmortalizaron y entonces nació una cosecha de éxitos a nivel de la radio y en el Carnaval de Barranquilla, que se convirtió en un boom musical de la costa Caribe de Colombia.

Irene Martínez murió en 1993 y otras cantadoras muy importantes de la región también desaparecieron, como Emilia Herrera y Marta Herrera. Magín Díaz siguió cantando en los municipios aledaños y en festivales de la región, en los que a veces le pagaban y otras no, haciendo parte de un grupo importante de artistas que pasarían al olvido.

En 2012 Federico Galvis, músico caleño, lo invitó al Valle del Cauca a participar del Cuarto Encuentro Internacional de Música de Percusión, que organiza el grupo Tamborimba. Cali se enamoró de Magín Días, de canciones como Me amarás y Rosa y de la música de sexteto. En 2013 viajó a Bogotá a grabar una canción en un proyecto titulado Las dos puntas del pañuelo, en el que estaba un cantador del litoral Atlántico y otro del litoral Pacífico. Magín Díaz y José Antonio Torres, Gualajo, grabarían la canción El piano de Dolores.

Muchas cosas pasaron desde entonces, pero hay que destacar que detrás del último proyecto musical, Magín, el Orisha de la Rosa lo acompañaron, Carlos Vives, Maité Montero, Petrona Martínez, Gualajo, Sexteto Tabalá, Grupo Cimarrón, Dizzy Mandjeku, Catalina García, Kombilesa Mi, Liliana Saumet y Anita Tijox, entre otros.

Magín Díaz no es tan desconocido como algunos creen y representa la historia de muchos folcloristas olvidados en Colombia. Desafortunadamente esta vez se despidió de este mundo lejos de su hogar, de su casa y amigos.

 

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