Es la quinta producción de la artista

María Mulata, una voz que va y vuelve

“Idas y vueltas”, una producción realizada al lado de Iván Benavides, es la continuación de un camino que emprendió la cantante con su anterior registro, “De cantos y vuelos”.

Once canciones integran “Idas y vueltas”, el quinto trabajo discográfico de María Mulata. / Victoria Holguín

En el camino de ida, uno se puede encontrar con Diana Hernández durante su formación lírica. En el sendero de regreso es fácil verla y escucharla dedicada a las manifestaciones folclóricas de varios rincones de Colombia. Lo seguro en este trayecto, que puede hacerse en doble vía o en contravía también, es que en el medio siempre va a estar María Mulata con sus propósitos, sus intencionalidades y, claro, sus sentimientos también.

En 2013, María Mulata (Diana Hernández) publicó De cantos y vuelos, su cuarto trabajo discográfico, a partir del cual identificó qué era lo que podía hacer con su voz, cuáles eran los recursos que podía emplear como artista y de qué manera el gusto personal y el impacto en el público podían darse la mano y sentarse a dialogar. Ese registro marcó un rumbo sonoro en el que la voz humana comandaba el andamiaje instrumental caracterizado por el empleo de pocos elementos.

Idas y vueltas, el quinto álbum de María Mulata, es consecuente con esa iniciativa anterior y en la superficie se encuentran guitarras acústicas y percusiones menores; pero en la profundidad se escuchan, eventualmente, tiples, órganos, programaciones y guitarras eléctricas. El segmento instrumental en las once canciones seleccionadas por la artista es un invitado especial que estimula el protagonismo de la voz cantante.

Para este disco, María Mulata tenía mucho material elaborado desde hace algunos años. Su misión al lado de su productor Iván Benavides era establecer un sonido característico, sin olvidarse de un propósito mayúsculo que estaba relacionado con la idea de realizar un viaje por distintas manifestaciones tradicionales de América Latina. El vehículo idóneo para ese abordaje singular era, por supuesto, la voz humana, femenina en este caso.

El periplo de Idas y vueltas incluye guiños a estilos autóctonos de las dos costas colombianas. En un mismo álbum están presentes manifestaciones del Caribe, como la Cumbia salá, pero también hay desplazamientos hasta el Pacífico y la artista, sin pasaporte y sin pedir permiso, rebasa las fronteras para apropiarse de tonadas venezolanas, pasillos ecuatorianos, rancheras, boleros cubanos y tangos.

La quinta apuesta sonora de María Mulata es también la urgencia por tomar riesgos, salirse del molde a veces impuesto por el folclor, para liberarse y al mismo tiempo encontrarse. Antes ella tenía el pretexto investigativo, quería darle divulgación al trabajo de grandes folcloristas del país y revalidar a todos esos sabedores que tanto admiraba desde que estaba en la cuna, pero a partir de Cantos y vuelos tomó la batuta para darles respuesta a quienes se preguntan qué tipo de música hace María Mulata y qué es lo que busca ella con su estilo de sonoridad.

La faceta investigativa, que determinó la publicación de trabajos discográficos como Itinerario de tambores, Crónicas del Caribe y Los vestidos de la cumbia, hizo fértil el terreno para encontrar referencias. Por ahora, esa etapa quedó atrás y esta es la hora de sacar lo que tiene por dentro y ese resultado se manifiesta en creaciones colmo Conjuro, inspirado en el Tratado de culinaria para mujeres tristes de Héctor Abad; Presentimiento, Calla, Tonada para dos tristezas, Gira y Nana.

Dos poemas (Agua, de Horacio Benavides, y Hombre pequeñito, de Alfonsina Storni) ayudan a enrutar el álbum de María Mulata por esta fusión decidida, que no solamente comprende ritmos, sino que también se aventura a proponer historias más allá de la evidencia.

Idas y vueltas de María Mulata es la mirada más allá del folclor, es una voz que va pero que también tiene el poder para regresar.

Temas relacionados