La española trabaja desde la ciudad de Menresa

Rosa Tous Nació entre joyas

Creció cerca de piedras preciosas y jugaba en un taller cuando era pequeña. Hilvanar perlas y hacer cadenas era su pasatiempo; las gemas, su experticia. De sus padres aprendió el oficio de ser joyera.

Rosa Tous tiene tres hijas. Cree que la mejor forma de transmitir el legado es mostrar cómo se disfruta el oficio. / Cortesía

Cabello rubio, ojos verdes, rostro con un maquillaje sutil, pero elegante, adornado por un par de pendientes, los mismos que para ella no pueden faltar en una mujer, porque “dan luz y vida”, así tú no los puedas ver mientras los usas. Los colores que la engalanan no están en su ropa, sino en sus joyas. Aretes, cadenas, pulseras, sortijas –color plata y oro– y un reloj negro que perfecciona su atuendo.

De sus padres, Alba y Salvador Tous, aprendió el oficio del joyero, pero ellos lo heredaron de los abuelos que encontraron en las cadenas, gemas, perlas y diseños un quehacer que transmitieron a toda su descendencia. Cree que ser joyera –a pesar de que al pertenecer a una familia que está en el negocio hizo que la vida la destinara a involucrarse en ese mundo– es una decisión de vida y se alegra al saber que sus hijos y los de sus tres hermanas seguirán con el legado.

Una vez, cuando sus padres celebraban lo bien que les estaba yendo, le regalaron un oso de diamantes blancos en el que dos gemas amarillas hacían las veces de ojos. Esa es la joya que más recuerda, por lo que significa y el momento en el que se la dieron.

En ese oso, retrato de un peluche que alguna vez su madre vio en un escaparate y lo usó como inspiración para una colección de colgantes, ella ve una identidad en el mundo. “Es todo. Es como un hermano pequeño. Todos tenemos una parte tierna dentro, fuimos niños y recordamos ese peluche que nos daba seguridad, protección, amor. El oso no tiene edad”.

Es gemóloga de profesión; en ellas encuentra un insumo especial para sus creaciones. Aunque desde que tiene memoria estaba en un taller de joyería junto a su mamá y sus hermanas, ahora solo diseña algunas de las que usa. Cree que las mujeres se maquillan, peinan, visten y usan accesorios para agradarse a sí mismas, pero que al hacerlo iluminan a los demás. ¡No pueden faltarle unos pendientes!, porque considera que forman parte de la expresión del rostro, pero tiene la convicción de que las sortijas –anillos– llevan consigo un significado de privacidad: “Sales de la casa sin ellas y sientes que te falta algo”.

Rosa Tous es joyera, lo transmite, se le nota. Y está convencida de que es una profesión preciosa. Se le nota porque, si la fotografiaran en varios planos, cada uno de ellos mostraría un accesorio en alguna parte de su cuerpo. Anillos en sus dedos pulgar y corazón, manillas en ambas muñecas, un colgante con un cristal y dos pares de aretes. ¡Hasta en su nariz lleva un pequeño diamante! A veces es un aro, otras alguna de las tantas joyas que guarda, porque su casa, donde creció y donde vive, está repleta de ellas.

Para ella, detrás de un accesorio hay todo un proceso creativo: tener una idea, empezar a desarrollarla, pensar si es factible hacerla y lograr que se convierta en una joya que pueda ser usada y tenga durabilidad. Para eso es necesario un taller que hace las veces de laboratorio, con el fin de lograr un diseño que inspire ternura, diversión y un espíritu joven.

Si no hubiera sido joyera se habría dedicado al dibujo o a la escritura, pero la creatividad seguiría siendo parte de su vida. Aquella que empezó con sus abuelos, heredó de sus padres y que ella desea transmitir con cada pieza, cada sortija, pulsera, colgante o pendientes. Las joyas entre las que nació y espera que toda su familia tenga el placer de conocer.

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