La obra se estrenó en la Bienal de Danza de Cali

Un manifiesto contra la pobreza como prueba divina

La compañía cartagenera Periferia presentó su obra “Job” en la cuarta edición de la Bienal Internacional de Danza de Cali, una danza documental que narra la historia de Lobadys Pérez, su director, y su crítica a la concepción de la pobreza como una prueba de Dios.

Así se vio en tarima la obra “Job”.Cortesía

Job acepta la voluntad de Dios sin ponerla en duda ni un segundo. Celoso de su fidelidad, Satanás desconfía y la pone a prueba en más de una ocasión, con el permiso de Dios. Quería que blasfemara en su contra una vez quedara desprovisto de sus comodidades. Pero Job no cede, se mantiene en su fe pese al fallecimiento de sus hijos, la muerte de su ganado y la pobreza. Esa justificación de la escasez como condición divina es entonces el punto de partida con la que Lobadys Pérez, director de la compañía Periferia, creó la obra Job, entre la lealtad y la duda, que debate esa creencia divina y sienta un manifiesto contra las relaciones de poder como la verdadera causa de la pobreza.

Sin ser fiel al texto bíblico y colmándose de metáforas, los 55 minutos de la obra transmiten una seguidilla de emociones intensas que oscilan entre la rabia, la indignación y la nostalgia. El diablo y Dios se juntan en tarima con ocho bailarines y un narrador. La consigna es una sola: no se es pobre porque Dios lo quiere, y decirlo es confundir la fe. Sin ser creyente, Lobadys Pérez tampoco ataca a la religión, pero sí les atribuye una responsabilidad a quienes la interpretan para justificar la perpetuación de ciclos de violencia, de marginación.

Nacido en Cartagena de Indias, el director de Periferia narra su propia historia desde la voz de un niño de seis años, que apenas descubre su pobreza, el hambre y la migración. Un niño que empieza a reconocerse como negro y en su adultez rompe la trayectoria de exclusión de su núcleo familiar y logra estudiar un pregrado y un posgrado. “El pobre cree por antonomasia en la magia”, declara Pérez en su presentación. (En fotos: La Bienal Internacional de Danza de Cali)

La obra Job se estrenó el pasado fin de semana en Cali, donde se llevó a cabo entre el 28 de octubre y el 4 de noviembre la cuarta edición de la Bienal Internacional de Danza. En el evento participaron más de 800 artistas, 11 compañías internacionales y 28 nacionales. En cada edición, la Bienal entrega dos becas de creación para una compañía de larga trayectoria y otra emergente. Este año las compañías Danza Concierto, de Medellín, y Periferia, de Cartagena, fueron las ganadoras y ambas estrenaron sus obras en el encuentro cultural.

Periferia fue fundada en 2010 como un ejercicio interdisciplinar de pensamiento crítico a través de la danza y el cuerpo. El Espectador habló con Lobadys Pérez, su director y fundador, sobre su más reciente obra.

¿Cuál es el propósito de su obra “Job”?

A Job le hacen un montón de pruebas y nunca blasfema. La historia de Job se parece a la pobreza que conozco, porque se muestra como una condición divina, una prueba. Y lo que estoy diciendo es que definitivamente no lo es, es una consecuencia de las relaciones sociales, políticas y económicas desiguales. Es una obra laica. No soy creyente, pero devuelvo la mirada a Dios y digo: “No creo que Dios actúe de ese modo”. Somos los seres humanos los que nos causamos ese malestar.

¿Por qué el relato se hace en gran parte desde la voz de un niño de seis años?

Tengo el primer recuerdo de mi infancia desde los seis años, donde tomo conciencia. Es cuando regreso de El Retén (Magdalena) a Cartagena. A mí me enseñaron que Dios creó el mundo. Escuché todo el tiempo que los ricos eran malos y que la pobreza era una prueba para llegar luego al Paraíso. Por eso menciono en varias ocasiones que hay algunos a los que se les entierra el paraíso dos veces, hasta tres, incluso antes de haber nacido o haber escuchado algo sobre el bien o el mal. (Lea también: La Bienal de danza de Cali se posiciona como un referente internacional)

¿Qué es la periferia en una ciudad tan desigual como Cartagena?

En términos económicos, la gran mayoría de la población es la periferia. Pero en torno a la ebullición y el movimiento cultural que hay en la ciudad, esa mayoría considerada minoría es centro. Es la que mantiene la cultura popular cartagenera, se sostiene por un gran porcentaje de marginados. Entonces, esas son las tensiones que existen entre centro y periferia, y la capacidad que tienen de mutar. Sobre esas reflexiones baso mi trabajo y por eso le puse el nombre a la compañía.

La discriminación racial es otro de los temas centrales en su obra. Una vulnerabilidad que se acentúa por el hecho de ser mujer, indígena o gay.

Sí, me interesa el devenir del fenómeno colonial y sus consecuencias en la sociedad de hoy. En Colombia los pobres son indígenas y negros. Las mujeres, los niños y los gais también sufren marginalidad. ¿Quién podría ser el peor sujeto en la sociedad racializada como la nuestra, donde raza y clase están unidas? Una mujer, gay, pobre, negra o indígena.

En la obra menciona que solo quiere ser reconocido como hombre, sin ningún otro adjetivo. ¿Qué quiere decir con esto?

Solo quiero ser un hombre. El hecho de ser negro tiene una carga y, por más educado que uno sea, por más que te esfuerces, siempre hay juzgamientos, estereotipos que están dados por la condición racial. Un hombre negro o una mujer negra tiene que ser doblemente educado, no puede ser rabioso, tiene que hablar correctamente, vestir bien, porque no te dejan entrar a un lugar. Hay una exigencia mayor sobre el sujeto negro. Esa es una carga histórica.

Cuando ese niño de seis años crece va entendiendo la carga de ser negro y se da cuenta de que es el único que logró estudiar. ¿Qué significó poder estudiar?

La educación es un derecho, no un privilegio. Todos deberíamos tener garantizado ese derecho, pero las oportunidades están concentradas en unos pocos. Si las tuvieran mujeres y hombres negros e indígenas nos daríamos cuenta de que toda la fantasía estereotipada que hay sobre esos sujetos es solo eso: fantasía. No creo que se trate de una deficiencia cognitiva congénita, es una falta de oportunidades. Hice mi licenciatura en educación básica en danza y mi maestría con énfasis en estudios culturales.

¿A qué se refiere con la fantasía estereotipada?

Cuando hablamos de indígenas y negros pensamos automáticamente en cultura, y apartamos la mirada del deporte, por ejemplo. También somos sujetos políticos, ingenieros, científicos o astronautas. Hay una falsa inclusión cuando piensan en nosotros porque nos han otorgado un determinado lugar, y me niego a él. No creo que lo negro sea unívoco: ser alegre, exótico y bailar de cierta manera. Ese no es el único lugar en el que podemos participar.

¿Qué le hace falta a Cartagena para reducir la desigualdad?

Todo el mundo dice que lo que se necesita es dar educación. Pero la mayor parte de la población de este país vive en pobreza y la educación a la que tienen acceso, la pública, está desmejorando. Cada vez más la educación privada es la que tiene más posibilidades. Si creemos que para salir adelante se necesita educación, tiene sentido preguntarse cuál educación. ¿Educación para la servidumbre o para la gobernanza y el liderazgo?

*Este artículo fue posible gracias a la invitación de la Bienal Internacional de Danza de Cali.

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Pilar Cuartas Rodríguez (@pilar4as)

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