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La aventura plástica de David de Rothschild

En pocos días zarpará el Plastiki, una embarcación fabricada con botellas de plástico recicladas.

Andrés Ramírez suárez

15 de diciembre de 2009 - 04:06 p. m.
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El basurero más grande del planeta no se encuentra en un remoto país del Tercer Mundo. No se haya en los canales de agua que atraviesan a Lagos, Nigeria; ni en los laberintos infinitos de casuchas de lata de Bombay, India. Se sitúa justo en medio del océano que separa a las dos principales potencias del mundo: Japón y Estados Unidos.

En el norte del océano Pacífico, a pocas millas de la isla de Hawai y en medio de un paisaje de naturaleza agreste y de aguas cristalinas se encuentra el parche de basura del Pacífico, una zona de aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados –casi el área total de Colombia– cubierta por desechos plásticos atrapados por las corrientes del vórtice norte.

Para alertar sobre esta tragedia ambiental y denunciar los peligros de un mundo desechable, en pocos días zarpará la embarcación Plastiki, un catamarán propulsado por el viento y fabricado con 10.000 botellas de plástico reciclado de dos litros de capacidad cada una. La embarcación atravesará el Pacífico, desde San Francisco hasta Sidney, en una arriesgada travesía de 18.000 kilómetros.

Durante el viaje la tripulación denunciará el daño ambiental causado por las grandes manchas de desechos plásticos, los efectos de los ensayos nucleares en el atolón de Bikini (realizados a mediados del siglo pasado), y las consecuencias del calentamiento global sobre la isla de Tuvalú, la cual está siendo devorada por el aumento del nivel del mar.

El alma de Plastiki es David de Rothschild, heredero de una de las fortunas más grandes del mundo. Nacido hace 32 años en Londres, es considerado por la prensa internacional como uno de los personajes más influyentes gracias a su incansable lucha por la conservación del medio ambiente.

El Plastiki surcará esta gran mancha de basura descubierta en 1988 gracias al monitoreo de laboratorios situados en Alaska, los cuales notaron un inusitado nivel de partículas de plástico flotante en esta región del océano. El parche de basura del Pacífico norte es el resultado de décadas de polución acumulada en una misma zona debido a la acción de las corrientes marinas y el viento.

La basura es atraída hacia el núcleo de este inmenso remolino en el que se arruman cerca de 100 millones de toneladas de desperdicios plásticos, de los cuales el 80% proviene de la tierra y el 20% de los barcos. Las corrientes circulares transportan los desechos desde la costa oeste de los Estados Unidos hasta esta zona en aproximadamente cinco años, mientras que los desperdicios de la costa de Asia llegan en menos de un año.

A diferencia de los desechos biodegradables, los plásticos fotodegradables se desintegran hasta llegar al nivel molecular. Aunque este lugar no es un campo visible de botellas flotantes, los investigadores han documentado que en algunas zonas las concentraciones de plástico se acercan al millón de partículas por kilómetro cuadrado.

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Es tan dramática la situación que en algunos sectores la concentración de plástico es mayor al nivel de zooplancton en una proporción de siete a uno. Como las partículas de plástico flotante se asemejan al zooplancton, estas son consumidas por las medusas, aves marinas y peces. En otros casos el plástico causa el estrangulamiento de las tortugas o la muerte de las ballenas, quienes yacen en las playas con el estómago repleto de botellas plásticas.

Guardián del planeta

David de Rothschild es reconocido por su incansable lucha por las causas ambientales y por pertenecer a uno de los clanes familiares con mayor tradición en Europa. El apellido Rothschild está asociado al negocio de la banca privada e internacional y a la nobleza francesa, alemana e inglesa. Su padre, hijo del barón Guido de Rothschild y de Alix Schey de Koromla, dirige en la actualidad los bancos Rotshchild y NM Rothschild & Sons. Su madre es la princesa Olimpia Aldobrandini, heredera de una de las fortunas más antiguas de Italia.

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David de Rothschild se graduó con honores en Ciencias Políticas en la Universidad de Oxford Brookes y después se licenció en Medicina Natural en el Colegio de Medicina Naturopática de Londres. Fundó hace cuatro años la Adventure Ecology, “organización que utiliza el poder de los sueños, aventuras e historias para estimular, educar y despertar el interés de individuos y comunidades, para convertirse en agentes de cambios ambientales”.

El compromiso de David de Rothschild con el medio ambiente lo ha llevado a realizar travesías por algunas de las regiones más remotas y amenazadas del planeta. En 2006 cruzó el Ártico en 100 días, desde Rusia hasta Canadá, en una dura expedición bautizada “Cima del Mundo”. También formó parte de un equipo que rompió un récord mundial al cruzar la masa de hielo de Groenlandia a la mayor velocidad. Dentro del marco de la serie Adventure Ecology’s ARTiculate, dirigió una expedición educativa por el Ecuador con un grupo de reconocidos artistas, fotógrafos, cineastas y científicos. El grupo vivió en la selva ecuatoriana para documentar el daño que causan las compañías petroleras internacionales que extraen las reservas de gas de la región.

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A principios de 2007, David de Rothschild escribió el Manual de supervivencia del calentamiento global de Live Earth, libro oficial que acompañó la serie de conciertos del mismo nombre. Este año la Sociedad National Geographic lo condecoró con el galardón Emerging Explorer, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) lo designó Joven Líder Mundial.

Cuando se le pregunta cuál es el principal problema ambiental que enfrenta hoy en día el planeta, responde de manera enfática: “Con una creciente población global y con el cambio climático más acelerado de lo esperado, no sólo estamos agravando los problemas que experimentan nuestros recursos naturales sino dentro de poco seremos testigos del desplazamiento más grande de individuos jamás visto en la historia de la humanidad. Si no pensamos en este suceso habrá consecuencias dramáticas para nuestro planeta. Por eso debemos replantear nuestra relación con la naturaleza. Ha llegado la hora de abandonar los viejos hábitos y de comenzar a alentar diseños inteligentes y eficientes en nuestra vida cotidiana”.

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Diseño inteligente

La idea de Plastiki surgió en junio de 2006, cuando David de Rothschild conoció un informe publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) titulado “Acciones urgentes para resolver problemas profundos en las aguas profundas de los océanos”. A través de su fundación ideó una aventura ecológica capaz de atrapar la atención de las personas alrededor del mundo –especialmente los jóvenes– y alertar sobre la necesidad de adoptar una vida más responsable con el planeta.

Decidió que la mejor manera de llevar a cabo su idea era denunciar la tragedia de la basura plástica que corroe al océano Pacífico. Se inspiró en la expedición Kon-tiki, comandada por el explorador noruego Thor Heyerdahl, quien en 1948 navegó en una balsa artesanal desde Galápagos, en el Ecuador, hasta las islas Polinesias. Entonces se propuso él mismo atravesar el Pacífico en una embarcación artesanal fabricada en su totalidad con materiales plásticos reciclados.

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El diseño y construcción del barco tomó cerca de dos años y en él participaron reconocidos arquitectos, ingenieros y diseñadores industriales. El casco del Plastiki se compone de una estructura rígida de plástico con compartimientos hexagonales en los que se distribuyen 10.000 botellas apiladas como flotadores. La tripulación se aloja en una cúpula geodésica apoyada sobre la plataforma de botellas y recubierta con paneles solares que proveen la energía necesaria para los equipos electrónicos a bordo.

El Plastiki navegará con la ayuda de componentes electrónicos fabricados con materiales reciclados y baterías más duraderas (proporcionados por la firma HP, patrocinador del proyecto) conectados a un centro de control en tierra que les permitirá a los visitantes interactuar con la tripulación a través de mensajes de texto, voz y chat. Por medio de la página web: plastiki.com, cualquier persona alrededor del mundo podrá interactuar en tiempo real con la tripulación e incluso sugerir cambios de rumbo.

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Para la firma de relojería suiza IWC, otro de los patrocinadores, Plastiki es “un extraordinario viaje de cuatro meses a lo largo de una serie de regiones ecológicamente frágiles ubicadas en el vertedero de desechos más grande del mundo. Para esta expedición creamos la línea exclusiva Ingenieur Mission Earth Edition Adventure Ecology, un reloj deportivo de lujo fabricado con materiales amigables con el medio ambiente. La tripulación llevará puesto este reloj durante todo el viaje”.

David de Rothschild recorre los confines de la Tierra con el objetivo de unir a la humanidad en la lucha contra el cambio climático y la depredación ecológica. En una reciente entrevista comentó que su hermano le dijo que era mucho más fácil “tirarle un huevo al Primer Ministro”, pero David de Rothschild sabe que solo mediante estas expediciones podrá alertar sobre el incierto futuro que hoy vive el planeta. Su meta parece sencilla: inspirar conductas más amigables del hombre hacia su hogar. “Juntos somos más inteligentes. Iniciar un movimiento requiere de una sola persona, mientras que los cambios sistemáticos demandan el compromiso de una comunidad. Esa es el arma de cambio más poderosa”.

Vea el recorrido Plastiki

Por Andrés Ramírez suárez

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