En su nuevo libro Saramago culpa a Dios de la muerte de Caín

En octubre saldrá a la venta el tercer libro que el Nobel escribe en un año.

La feria del Libro de Frankfurt es el escenario escogido por el escritor José Saramago para lanzar Caín, su nuevo libro. En la novela que será editada por el sello Alfaguara, el portugués salva al protagonista del asesinato de Abel y dice que Dios es el "autor intelectual al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido".

"Dios no es de fiar. ¿Qué diablo de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín?", dice tráiler de la novela publicado en el sitio web del escritor.

En un texto publicado en el mismo portal, la presidenta de la Fundación Saramago -y su esposa-, Pilar del Río, explica que como textos anteriores, Saramago aborda en Caín el tema de la "divinidad y el conjunto de normas y preceptos que los hombres establecen en torno a esa figura para exigirse a sí mismos -o tal vez sería mejo decir para exigirles a otros- una fe inquebrantable y absoluta, en la que todo se justifica, desde negarse a uno mismo hasta la extenuación, o morir ofrecido en sacrificio, o matar en nombre de Dios".

En Lisboa Saramago hablará por primera vez de Caín, novela que empezó a escribir en diciembre de 2008 y finalizó cuatro meses más tarde. Un par de meses antes había estrenado El Viaje del Elefante, libro en el que cuenta la historia real del viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón, que en el siglo XVI viajó de Lisboa a Viena. Día a día escribe relatos en El Cuaderno, su blog.

El Dios que no existe para Saramago

El autor no considera que este libro sea una pelea particular con el ser divino, pues él mismo dice, "las cuentas con Dios no son definitivas". Y es que desde hace muchos años ha mantenido un fuerte enfrentamiento con cualquier tipo de dios, el de cualquier religión, por eso ha expresado que le es "difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro".

"Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él", explica.

Y aunque muchos pensarían que Saramago se acercaría a Dios debido a su delicado estado de salud, se mantiene firme y explica "tengo asumido que Dios no existe, por tanto no tuve que llamarlo en la gravísima situación en que me encontraba. Y si lo llamara, si de pronto él apareciera, ¿qué tendría que decirle o pedirle, que me prolongase la vida?".

"Moriremos cuando tengamos que morir. A mí me salvaron los médicos, me salvó Pilar (su esposa y traductora), me salvó el excelente corazón que tengo, a pesar de la edad. Lo demás es literatura, y de la peor".

Temas relacionados