1953-2019

Édgar Artunduaga, el sabueso de siempre

El comunicador murió a los 65 años en la mañana de este martes a causa de un infarto, cuando se preparaba para desarrollar su labor profesional en la emisora Huila Stereo. Pasó por la política, pero en el periodismo permaneció.

Édgar Artunduaga pasó por medios como “El Espacio”, Radio Santa Fe, Todelar y Caracol Radio.   / Gabriel Aponte
Édgar Artunduaga pasó por medios como “El Espacio”, Radio Santa Fe, Todelar y Caracol Radio. Gabriel Aponte - El Espectador

La instrucción de parte de Édgar Artunduaga siempre fue clara: “Cuando usted entreviste a alguien, sáquele la piedra o sáquele noticia, pero sáquele algo”. Esa ecuación, que cumplió siempre con el mayor rigor, le sirvió para hacer que su nombre fuera temido, admirado y controvertido de manera simultánea en el medio periodístico.

Jamás fue de medias tintas ni un comunicador que se acomodara con su opinión o su pensamiento. Tampoco disimuló nunca su deseo de figurar y de ser el dueño de la información. Por eso solicitaba, pedía o exigía, dependiendo del momento de la vida y del cargo que ostentara en determinado momento, que sus notas aparecieran abriendo la emisión del noticiero radial o en una parte destacada y visible en la página web.

Trabajaba para eso y para nadie de su equipo era un secreto que le encantaba el protagonismo que otorgaba la chiva, esa cómplice a la que nunca fue capaz de resistírsele y que le proporcionó la mayor cantidad de trasnochadas en la vida. Los contactos eran para utilizarlos; y la pena, la vergüenza, la modestia y demás características prudentes quedaban confinadas en el último rincón cuando emprendía su labor.

Defendía su verdad y era el mayor apoyo para el equipo de periodísticas que trabajaban con él. Los respaldaba hasta las últimas consecuencias y los motivaba para que hicieran la tarea bien hecha: edificar un nombre en un ámbito competido y de muchos egos en cada esquina.

Otra de las frases de Édgar Artunduaga en la intimidad del trabajo era: “Por eso yo jodo tanto con la firma. Y presiono e insisto para que pongan mis notas arriba, en el home, que se vean, yo quisiera que la firma de los periodistas que hacen las notas sean más visibles. Eso ahí chiquitico nadie las ve”, comentaba de manera acelerada y sin la urgencia de ocultar el acento del Tolima Grande que lo hizo tan célebre en las distintas mesas de trabajo en radio en las que trabajó.

A los periodistas que eran capaces de publicar notas de alto impacto, sin recurrir a artimañas facilistas ni a obviedades, los premiaba de la forma en la que a él le hubiera gustado que estimularan su labor. Les regalaba libros, no los que le sobraban de autosuperación o los que nadie quería en las redacciones en los medios en los que laboró, les compraba el que el comunicador “taquillero” quisiera. Esa era una plata bien invertida para aplaudir a quienes siguen multiplicando el virus de la chiva del que él estuvo contagiado y cautivado hasta el final de sus días.

En pocas oportunidades aceptó cargos como el de jefe de redacción o editor, porque ahí él tenía que estar pendiente del trabajo de los demás y descuidaba la necesidad de brillar con sus primicias y de sobresalir con sus crónicas a través de las emisoras y de los portales que lo acogieron a lo largo de sus años de ejercicio profesional.

Édgar Artunduaga fue consecuente con su ego y de ahí que se las ingeniera para llamar la atención con su trabajo. Odiaba, eso sí, ser el centro de las miradas en los consejos de redacción y, por lo general, cedía su rol de moderador. Eso de ser “moderador” nunca fue para él, más bien le gustaba apoderarse de la palabra para contar historias, para sacar anécdotas sobre los temas más inverosímiles y descabellados.

Artunduaga Tenía una capacidad excepcional para bajar la tensión en los momentos más exigentes en cualquier reunión. Poco le importaba el poder o el cargo del entrevistado o de la persona que liderada una charla. Este comunicador rompía esos esquemas con un chiste o un comentario al respecto. Para sus compañeros de trabajo: “Era repentista. Ingenioso. Sagaz. Mordaz. Por eso Hernán Peláez lo tuvo en La Luciérnaga durante varias temporadas a su lado. Su capacidad para sacarle cuento a todo y para improvisar sobre la marcha lo hicieron único”.

El nombre de Édgar Artunduaga siempre estuvo vinculado al periodismo y durante unos años desarrolló su labor en el ámbito político. Trabajó en medios como El Espacio, Radio Santa Fe, Todelar y Caracol Radio. Su paso por los programas 6AM Hoy por Hoy y La Luciérnaga lo motivaron a lanzar en 2012 el libro Las historias de Hernán Peláez, un reconocimiento a quien había sido su director y a quien consideraba uno de los mejores periodistas colombianos.

“Quería hacerle un homenaje porque creí tener una deuda de gratitud. No se olvide que él renunció durante un buen tiempo a La Luciérnaga, solidario conmigo, cuando salí del programa empujado por Pastrana. (Andrés)”, le dijo Édgar Artunduaga a El Espectador, durante una entrevista en la que demostró que era verdad eso de que no tenía pelos en la lengua. (Archivo: 'La radio es el escenario de la mente').

El comunicador compartió la definición de Germán Puerta sobre la radio: el escenario de la mente y por eso, aunque unos años se dedicó a la política, aseguró “nunca dejé de ser periodista. Lo mío fue apenas una sentadita en el Congreso, sin quedarme dormido y sin aferrarme a la curul”, comentó de manera enfática.

A finales de la década pasada Édgar Artunduaga reemplazó en el Congreso a Hugo Serrano, congresista santandereano del Partido Liberal que debió retirarse por razones médicas. Pero antes ya había ocupado una curul en la misma entidad entre 2002 y 2006, años en los que protagonizó múltiples enfrentamientos, sobre todo con el exsenador Carlos Moreno de Caro.

Durante 65 años de vida, Artunduaga escribió cerca de veinte libros, entre los que se destacan H.P. Historias particulares de los honorables parlamentarios 2010-2014, Anécdotas y lecciones de periodismo y Finales tristes: crónicas de amor y muerte. Fue reconocido cinco veces con el Premio de Periodismo Simón Bolívar.

Actualmente era el propietario de Huila Stereo, tenía el noticiero Artunduaga Noticias y un sitio web con el mismo nombre. Justo cuando se alistaba este martes en la mañana para ir a su trabajo en Neiva, Édgar Artunduaga sufrió un infarto fulminante.

En su legado queda la pasión por la chiva, el deseo de visibilizar más a sus periodistas y la urgencia de ser en el periodismo un sabueso eterno.

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