Fórmulas de paz desde y para los periodistas

Hoy se presenta el trabajo ‘Pistas para narrar la paz. Periodismo en el posconflicto’, una idea desarrollada por la organización Consejo de Redacción y la Fundación Konrad Adenauer.

Ginna Morelo, Gloria Castrillón y Olga Behar, autoras del trabajo ‘Pistas para narrar la paz’. / Cortesía Consejo de Redacción

La paz no es asunto exclusivo del Estado y la insurgencia. Es un reto colectivo para toda sociedad que pretenda alcanzarla. Por eso, sin renunciar a su independencia ni a la libertad de acceso a las fuentes, es también un deber del periodismo. Desde esta premisa esencial y de cara al desafío del posconflicto que parece abrirse paso en Colombia, hoy se presenta a consideración del país el significativo esfuerzo de tres comunicadoras que plantean caminos mediáticos para pasar del conflicto a la reconciliación.

Pistas para narrar la paz. Periodismo en el posconflicto es una iniciativa de la organización Consejo de Redacción, que desde su Plataforma de Periodismo admite que “la guerra en Colombia nos ha llevado por caminos oscuros en los que nos hemos perdido”, pero que también ha llegado la hora de asumir un papel histórico en la edificación de la paz. La posibilidad del posconflicto abre sus puertas para la ejecución de ideas nuevas, en las cuales la comunicación se perfila como un componente básico de la reconstrucción nacional.

Con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer, la obra aporta reflexiones necesarias y herramientas útiles para el ejercicio del periodismo desde una perspectiva coyuntural, que contribuya a la preparación del terreno de una paz sostenible. En tal sentido, como lo recalca el representante de la fundación, Hubert Gehring, se trata de una guía didáctica para promover un ejercicio responsable de la comunicación, desde la experiencia y el conocimiento de tres periodistas, con énfasis en temas como la memoria, el reportaje y el periodismo de datos.

La primera parte tiene como sustento los resultados de la encuesta “Actitudes y opiniones sobre narrativas de paz”, que se aplicó a 200 periodistas en todas las regiones de Colombia para evaluar el rol que pueden jugar los medios de comunicación en la referida etapa de transición hacia el posconflicto. Fueron 128 hombres y 72 mujeres consultados, el 49% de ellos pertenecientes al periodismo regional, cuyas respuestas dejan ver un significativo diagnóstico sobre cuáles son los escenarios claves para las narrativas que exige la paz.

El análisis de esta inédita encuesta está a cargo de la editora de investigaciones de la revista Cromos y docente de la Universidad Sergio Arboleda, la comunicadora Gloria Castrillón. Con comprobada experiencia en el cubrimiento de negociaciones de paz, entre sus conclusiones plantea que, así como los periodistas consideran prioritario abordar temas con enfoque en el impacto del derecho internacional humanitario o la Ley de Víctimas, el horizonte surge como una ventana privilegiada para géneros como el reportaje y la crónica.

Esta primera faceta de Pistas para narrar la paz. Periodismo en el posconflicto se desdobla en cinco frentes para los cuales se incluyen recomendaciones viables. Conceptos para narrar la paz, periodismo investigativo en el posconflicto, redes de apoyo para abordar tareas específicas, medidas de autoprotección en el desempeño del oficio y bitácora de agendas sobre temas prioritarios. Cabe resaltar que la principal manifestación es que, para ayudar a construir la paz desde el periodismo, no todo depende de los diálogos en La Habana.

La segunda parte del libro desarrolla dos propuestas: volver al reportaje para emprender la ruta de la verdad y el periodismo de datos como un método para construir nuevas historias. Ambos escenarios son evaluados por la editora de la unidad de datos del diario El Tiempo, catedrática universitaria y presidenta de Consejo de Redacción, Ginna Morelo. Sus libros, que demuestran su experiencia en el cubrimiento del conflicto en el azotado departamento de Córdoba, constituyen una carta de credibilidad para sus apreciaciones.

Con base en varios talleres regionales con representativos reporteros, Morelo insiste en la identidad del periodismo con las ciencias sociales y plantea el énfasis del ciudadano de a pie para narrar el posconflicto, sin que la violencia sea el único tema. A la manera de un etnógrafo, el periodista debe privilegiar el trabajo de campo, la entrevista y la diversidad de fuentes, antes de concentrarse en aspectos claves como la estructura de los textos, el tono narrativo y otras recomendaciones esenciales para hacer investigación documentada.

En cuanto al capítulo Periodismo de datos, el libro deja abierta la invitación a explorar en las principales bases de datos públicas para seguirles el pulso a las dinámicas del conflicto y la paz, al tiempo que ofrece una mirada renovadora sobre lo que está aconteciendo hoy en el periodismo digital. Es decir, que sin renunciar a la condición fundamental del reportero, el periodismo de hoy es también un rastreador de información por internet. La guerra y la paz no escapan a este escrutinio creciente en la comunicación del siglo XXI.

El libro de Consejo de Redacción termina con las reflexiones y aportes de una experimentada periodista: Olga Behar. Con casi 40 años de trabajo, seis libros de investigación y una vasta experiencia como catedrática, Behar sintetiza las experiencias de grandes periodistas en el ámbito nacional e internacional que tuvieron que enfrentarse al cubrimiento de la guerra, pero encontraron una segunda mirada al conflicto. Su conclusión es que el desafío para Colombia es de tal magnitud que exige nuevos métodos de narrativa para la paz.

Como lo manifiesta la periodista y catedrática Maryluz Vallejo, quien hace el prólogo del libro, se trata de un útil manual para periodistas, pero sobre todo para directores, editores y jefes de redacción encargados de dar línea y de transformar la agenda informativa. Además, como advierte, “con un guiño de género”, porque sus autoras son tres destacadas periodistas —escritoras, editoras, madres, maestras y luchadoras— cuyo testimonio y experiencia quedan entreverados como un fino tejido, idóneo para el reto del posconflicto.