La radionovela, un eco nostálgico del pasado

La familias colombianas por décadas se reunieron alrededor de la radio en casa para salirse de la cotidianidad y entrar en el mundo de la fantasía con historias como "Kalimán", "El derecho de nacer" y "Arandú: el príncipe de la selva". Hoy, esas mismas familias recuerdan esos momentos con gratitud y melancolía.

El lazo que existió entre las radionovelas y las familias colombianas hizo historia y marcó, sin lugar a duda, una época en la que el tiempo de calidad se resumía en escuchar, reír, llorar y reflexionar sin una herramienta más que la propia mente.Archivo El Espectador

Hace varias décadas, la mejor compañía y el complemento esencial de un hogar eran las voces que se escuchaban a través de un aparato. Sin nada más que eso, voces, y el resto cada quién se lo dejaba a la imaginación. La radio fue (y sigue siendo, aunque no con tanta intensidad) un miembro más de la familia, y la radionovela, por muchos años fue un espacio que las personas de todas las generaciones utilizaban para escapar de la realidad.

Cuando mi madre era niña, en la década de los 70, mi abuela pudo reunir el dinero suficiente para comprar una radio que pudiera escuchar toda la familia. En total eran 13 hijos, así que el artefacto debía tener la potencia suficiente para que mis tíos pudieran escuchar la información deportiva, mi abuela las noticias matutinas, y mis tías sus famosas radionovelas que tanto les gustaban.

Era una radio de madera marca National, hecha en México y con 9 transistores, toda una novedad tecnológica en ese momento. Luego de que el artefacto llegara a la casa, todos peleaban por él después de llegar de la escuela, porque unos querían escuchar a Mike Schmulson en Caracol Radio con su programa ‘La gran polémica de los deportes’, y otros querían pasar la tarde escuchando a Érika Krum y Gaspar Ospina en la radionovela Kalimán.

Mi mamá me cuenta que recuerda con nostalgia esas tardes junto a sus hermanas… llegaban cansadas de estudiar, y algunas de trabajar. No había televisor, ni teléfono, solo tenían esas grandes historias, narradas por voces excepcionales que los transportaban hacia lugares que no conocían, solo escuchaban y recreaban en su cabeza.

A eso de las seis de la tarde, se reunían todos de nuevo en la sala para escuchar “Arandú: el príncipe de la selva”, una serie radial creada por el escritor cubano Armando Couto, y que relataba las aventuras de un príncipe que debía defender a su reino de su malvado tío Avantar. La radionovela se volvió tan famosa, que el mismo autor comenzó a recrearla por medio de historietas, que se publicaban en Editora Cinco y estuvieron vigentes hasta mediados de los 80.

“Me acuerdo de la manera en la que narraban cada suceso, cerraba los ojos y era como estar ahí, en la mitad de la selva con los sonidos claros de los animales salvajes, no sé cómo hacían esos sonidos, pero todo parecía real”, me cuenta mi madre haciéndome un gesto de felicidad combinado con nostalgia.

Pero la radionovela preferida de todos en la casa era “El derecho de nacer”, una creación cubana de Félix V. Caignet, que era transmitida en Colombia por la Emisora Nuevo Mundo. “Me encantaba escuchar la historia de Albertico Limonta y Negra Dolores, como esa radionovela la empezaron a transmitir después, yo en esa época ya era más grande y trabajaba, mi horario era de 8:00a.m. a 5:00p.m., desde la hora del almuerzo empezaba a sentir ansiedad, porque quería llegar a las seis en punto, o antes, para no perderme nada del capítulo”, cuenta.

El lazo que existió entre las radionovelas y las familias colombianas hizo historia y marcó, sin lugar a duda, una época en la que el tiempo de calidad se resumía en escuchar, reír, llorar y reflexionar sin una herramienta más que la propia mente. Otras historias que tuvieron éxito en el mundo de la radionovela fueron: “Los cisnes azules”, “Renzo el Gitano”, “Kadir el Árabe” y “León de Francia”, entre otros. Lo mágico de estos relatos era ese vínculo tan especial que formaban con su audiencia, permitiéndole salirse de su cotidianidad y visualizar hechos, cada quién como quisiera imaginarlos, no había una imagen, una foto o una pantalla, cada persona le daba un significado propio a las historias que escuchaba.

“Las voces de Lucy Colombia, quien protagonizo a la Novia de Kaliman, Jaime Ayala, actor de radionovelas del momento, Luis Carlos Valencia, payanes. Jorge Racero, Jairo Patiño, Luis Carlos Valencia, recuerdan cómo las radionovelas invitaban a las familias a reunirse para escuchar el  juego de voces y efectos que les permitía trasladarse a un mundo fantástico. Momentos bellos e inolvidables que se vivían a la hora de comer juntos, con padres, hermanos, abuelos, tíos y vecinos”, afirma un artículo publicado en Señal Memoria.

Y mejor no se pudo haber plasmado, eso eran las radionovelas: unión, alegría, esperanza y creatividad. Así perdurará siempre en la memoria de los colombianos que tuvieron la oportunidad de disfrutar de ellas, siempre recordando la complejidad de las narraciones, la complicidad entre la familia, las risas entre hermanos y la imaginación de todo un país que soñaba con los ojos abiertos y escuchando la radio.

 
 

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Daniela Suárez Zuluaga

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