Más que un balón

El artista Vik Muniz y el colombiano Juan Rendón estrenan un documental en el que demuestra que el fútbol es más que el opio del pueblo y que verdaderamente cambia comunidades.

"Más que un balón" está disponible desde este 13 de junio en Netflix.

En época mundialista son pocos los que no están pendientes de Brasil 2014. El artista brasileño Vik Muniz y el realizador colombiano Juan Rendón no son la excepción, solo que decidieron unir esfuerzos y realizar un audiovisual que ellos mismos han definido como "un viaje por el mundo tratando de comprender el significado y la energía del balón a través del tiempo y la cultura". (Ver galería Documental "Más que un balón" en imágenes).

Por eso, teniendo como objetivo hacer algo diferente sobre el mundial deportivo más importante, viajaron por ciudades de cuatro continentes (Río de Janeiro, Ciudad de México, Nueva York, Boston, Paris, Tokio, Bruma, Núremberg en Alemania, Sialkot) en busca de personas que juegan fútbol pero que no tienen aspiraciones de ser profesionales.

Como resultado nació "Más que un balón" (This is not a ball), documental que por medio de jugadores e historiadores presenta historias de vida donde el balón se convirtió en un gran agente de cambio. Inclusive el astrofísico Neil De Grasse Tyson da su visión sobre el tema. (Ver tráiler del documental "Más que un balón").

Tomando como base el fútbol, aquel "deporte universal que se popularizó gracias a las reglas sencillas", y que a la vez le "ofreció a la gente la posibilidad de pertenecer a algo", en palabras de Rendón, el audiovisual hace un recorrido por la historia para conocer detalles sobre el elemento que permite el juego: el balón.

Al mismo tiempo, Muniz, quien se caracteriza por realizar arte con objetos no convencionales, incluso con comida y basura, se propone como meta realizar una gran escultura en el estadio Azteca de México y en una favela de Río de Janeiro.

Aquella fusión de arte y fútbol se realiza precisamente con un balón. "Dondequiera que miremos, vemos balones", sostiene el artista; mientras que un practicante de freestyle admite "mi mejor amigo es el balón" y cuenta cómo después de ver frustrados sus planes de ser futbolista profesional se enamoró de esta práctica que lo cataloga entre los mejores ocho del mundo.

Haciendo referencia a la expresión "opio del pueblo", que es atribuida tanto a la religión como al fútbol, Juan Rendón afirma que "Más que un balón" demuestra que esa connotación negativa que es usada como medida de distracción no es del todo cierta.

"El fútbol tiene un tremendo valor en cuanto a disciplina y educación se refiere. El fútbol como agente de cambio ayuda a construir mejores comunidades, un ejemplo de esto son los proyectos que se desarrollan en las favelas de Río de Janeiro", dice.

Entonces el balón se convierte en un punto de partida, en una "promesa" que hace realidad una iniciativa social. Un caso claro de cuánto puede influenciar el fútbol a una sociedad es la Asociación Deportiva de Amputados de una Sola Pierna de Sierra Leona, que tras finalizar la guerra civil se creó en 2001 con el fin de unir a los amputados más talentosos para motivarlos para rehabilitar sus mentes, cuerpos a través del deporte.

"No estoy incapacitado porque puedo hacer cosas que no puedes imaginarte", dice uno de los jugadores.

"Más que un deporte, el fútbol es un esparcimiento y una herramienta de transformación", explica el cineasta.

El balón también es protagonista de varios deportes en diversas culturas. Muniz y Rendón viajan a Japón para registrar el kemari, un juego que se practica desde el siglo VI después de Cristo y que a través de los años ha logrado consolidarse como "el alma de la gente". También exhiben un poco el chinlone, una práctica tradicional de Birmania que combina deporte y danza. Inclusive una historiadora mexicana recuerda cómo los indígenas realizaban una competencia con balones, en vez de una pelea, para escoger el hombre digno de sacrificar a los dioses.

Para entender el proceso de fabricación del balón el audiovisual se traslada hasta Madrigal Sports, una empresa ubicada en Pakistán, país con poca tradición futbolística. Los testimonios de las mujeres que dedican su día a coser manualmente cada una de las caras de la pelota contrastan con los de ingenieros y diseñadores de adidas, fabricantes del Brazuca, balón oficial de Brasil 2014.

Y aunque la tecnología es importante en la pelota, no lo es todo. Marta Vieira da Silva, la jugadora de fútbol más importante de Brasil, recuerda cómo su primer balón era una esfera rellena de bolsas de plástico y basura.

Para rendirle homenaje a ella y a cada uno de los jugadores y aficionados al fútbol, Vik Muniz realizó una obra artística cargada de valor social. Fabricó 20 mil balones y con ayudas digitales realizó una instalación tanto en el estadio Azteca de México como en una cancha de fútbol de una favela la representación del poliedro de Leonardo Da Vinci.

Todo este trabajo quedó capturado en fotografías que serán subastadas a beneficio de causas sociales durante el Mundial en Brasil y el dinero recolectado será donado a fundaciones en diferentes ciudades. Además, en el sitio web Masqueunbalon.com, así como sus cuentas de Twitter y Facebook, se describen los proyectos a los que se pueden hacer donaciones. Escuelas deportivas de Vietnam, Medio Oriente, Sierra Leona, Irlanda, México y Brasil pueden seguir siendo agente de cambio con tan solo una donación de 10 dólares.

"El fútbol cambia comunidades, así que "Más que un balón" permite "hacer un pase" y hacer que realmente el balón sea un agente de cambio", concluye Rendón.

El documental está disponible desde este 13 de junio en Netflix.

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