Silencio en la redacción

Después de 48 años de circulación, uno de los diarios más reconocidos cierra sus puertas en medio de rumores. Su venta al diario ‘La Libertad’, de Barranquilla, no habría llegado a buen fin.

El diario ‘El Espacio’ fue fundado en 1965 por Jaime Ardila (izquierda) y es dirigido por su hijo, Pablo (derecha). / El Espacio

La última edición de El Espacio, pese a todas las incidencias que pueda contar, se hizo en medio del silencio. Las secretarias y las señoras del aseo dedicaban su tiempo al oficio de costumbre; los tres únicos redactores, un fotógrafo y el equipo de diagramación hacían lo que solían hacer: redactar, crear cajas de lectura, ubicar los ángulos de cada fotografía. Aunque era su último día en una redacción con 48 años de historia y en aquellas páginas se han desglosado masacres, asesinatos y desapariciones, el equipo de El Espacio, cerca de 25 personas, trabajaba en la mañana, quizá con la conciencia de que el diario ya no existiría más al día siguiente, pero callando cualquier posible ofensa, cualquier añoranza.

El lunes pasado, los trabajadores de El Espacio recibieron la noticia de uno de los directivos: trabajarían hasta el viernes. Dicha declaración rompió el hermetismo de casi un año en que se encontraban los periodistas y el personal del diario; sólo habían escuchado rumores y sentencias poco fiables, pero ninguna voz oficial les había permitido una palabra. Jaime y Pablo Ardila, dos de los mayores dirigentes de El Espacio, han callado desde que, meses atrás, se dijo que el diario dejaría de circular.

El viernes anterior a la noticia, un grupo de la rotativa se negó en pleno a imprimir el diario si despedían a dos de sus compañeros. Concertaron con las directivas y el periódico fue impreso. Sin embargo persistió cierta zozobra que hoy tiene una cara de certeza: el diario se acaba. Aun así, tiene muchas otras de incertidumbre.

Se dijo en medios como Kien y Ke que El Espacio sería vendido al diario La Libertad, de Barranquilla, regentado por Roberto Esper. Los directivos del diario bogotano, cuya primera edición salió a las calles el 21 de julio de 1965, habrían pedido cerca de $4.000 millones. El negocio, sin embargo, no habría llegado a buen término: primero se dijo que sólo comprarían la rotativa y no la marca; luego toda opción de compra se desvaneció. ¿Qué sucedió con El Espacio? ¿Cuáles son las razones de su quiebra? Nadie sabe nada; nadie estaría autorizado a decir nada.

Los rumores continuaron: en los últimos meses, representantes del diario Marca habrían visitado las instalaciones del diario, interesados en una posible compra. También Cablenoticias, que desde 2011 pertenece al empresario de medios Alberto Federico Ravell, estaría interesado en el diario. Pero fueron sólo rumores, voces y voces sin certeza.

Ayer en la mañana, en las instalaciones de El Espacio (en el kilómetro 1 vía a Siberia), los directivos estuvieron reunidos y no atendieron ningún llamado. En los últimos seis meses, a pesar de los esfuerzos de varios medios de comunicarse con ellos, han guardado silencio. En declaraciones a Kien y Ke, el exeditor Ricardo Rondón aseguró que el diario se acababa porque la competencia de tabloides similares, como Q’hubo, Mío y Extra, le quitaron espacio y público, y porque no habían inyectado el dinero y la tecnología suficiente para sobrevivir a esta debacle. “El Espacio se acaba por falta de dueño”, dijo Rondón, y argumentó que Pablo Ardila, que lleva las riendas del diario, no estaba muy presente. La orden única, dijo, era cerrar el diario.

Continuaron laborando sin saber cuándo terminaría todo. Para sobrevivir, el fondo de empleados propuso a las directivas que arrendaran la marca a alguna empresa interesada. La gerencia, al parecer, rechazó la propuesta. Las condiciones habrían cambiado poco a poco: los sueldos llegaban más tarde, se dice, y muchos contratos habrían sido modificados.

El personal de la página web de El Espacio, antes conformado por cuatro personas, se redujo a uno. También el portal desaparecería. “Desde la gerencia nos llamaron a agradecernos todos los años de trabajo, pero nos dijeron que entraban en una nueva etapa (...). Nunca nos dieron razones, sólo nos dijeron eso”, dijo uno de sus empleados hace unos meses a RCN Radio.

El camino que sigue ahora es distinto: los trabajadores de El Espacio tendrán que buscar un nuevo lugar. Desde hace dos meses, cuando los rumores de su terminación fueron más fuertes, voces anónimas expresaron su tristeza. Desde principios de este año se decía que el diario acabaría, después en junio, luego en agosto, más tarde en octubre. Sus empleados, sin embargo, todavía conservaban una callada esperanza: quizá alguien lo compraría, no era posible que dejaran morir una marca de casi 50 años. Pablo Ardila, se dice, no asistió en los últimos meses al diario. De modo que permanecieron en la más silenciosa ignorancia. Silencio que se replicó ayer en la redacción, mientras cada uno hacía lo suyo, esperando salir, como un día cualquiera, a las cinco de la tarde. Después de 48 años de hablar y retratar muertes, ahora eran ellos quienes parecían fallecer.

 

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