“The City Paper”: el único periódico gratuito de circulación nacional escrito en inglés

Esta es su historia, y la de su editor general en su séptimo cumpleaños. El idioma es extranjero, pero las historias son sobre Colombia.

María Claudia Peña y Richard Emblin, creadores y jefes del periódico. /Fotos: Cortesía “The City Paper”
Richard Emblin se graduó de la Universidad de Toronto. Hizo un pregrado en arqueología y un posgrado en literatura inglesa victoriana. Tomaba las fotografías para el periódico de la Universidad. Cuando terminó decidió irse “porque en Canadá no pasa nada”. Fue a Londres y trabajó como paparazi por seis meses para ganarse la vida. Era la época de Lady Di. Cualquier fotógrafo en Inglaterra debía fotografiarla, y pagaban por foto publicada. Cuando cayó el muro de Berlín, le rogó a su editor que lo dejara ir. Tenía 23 años.
 
Así empezó a trabajar como corresponsal de guerra en Inglaterra. Y luego su editor en el periódico The Independent lo mandó a Colombia para que cubriera las elecciones. Emblin tenía una visión muy general de lo que sucedía, la visión que se tiene desde la lejanía. “Acababan de matar a un tal Galán, había un tipo llamado Navarro Woolf, una cosa con el nombre de M-19 y ponían bombas por todos lados”. Llamé a mi mamá, que había salido de Colombia en el 59 y nunca regresó, se casó con un británico. Le dije: “Mom, i’m going to Colombia”. “Oh no! What are you going to do in Colombia!?”. Recién llegado, estuvo a cargo de Tom Quinn, el gran corresponsal irlandés en Colombia en los años 90 para varios medios extranjeros, que murió junto a su esposa en un absurdo accidente, cuando su automóvil cayó del puente de la calle 93 con autopista Norte el 20 de octubre de 1996.
 
Emblin volvió a Londres encantado con Colombia. Se ofreció entonces como corresponsal. Le pagarían por cada foto que saliera publicada en las crónicas de Quinn. No ganaría mucho dinero, pero podría aprender español. Después de la muerte de Pablo Escobar hubo un respiro y fue a cubrir la guerra civil en Angola. Luego estuvo en India una temporada, y su agencia de fotografía, Black Star (Nueva York), vendía sus crónicas a diferentes medios en Alemania y Polonia. Fotografió también el conflicto en la frontera entre India y Pakistán. Un año y medio después regresó para trabajar el tema de la niñez en Colombia, la esclavitud infantil, el child labor. “La niñez es muy vulnerable acá, los niños son una población desprotegida. El tema de la gente… Yo creo que ahí hay un origen del City Paper, esas poblaciones vulnerables, la gente que pasa al olvido”.
 
Conoció a María Claudia Peña, la actual gerente de The City Paper, que en ese entonces trabajaba para La Prensa, hacía crónicas para la revista Cambio 16 y reportajes para otros medios en España. “Decidimos trabajar juntos. Me di cuenta de que cuando proponía historias a medios nacionales, las impulsaban. Estaban buscando su propia identidad. Entonces pensé: si yo hago parte de esa búsqueda de una identidad colombiana, pero no domino el español, ¿por qué no hacerlo en inglés?
 
“The City Paper”
 
En 2000 Emblin empezó a trabajar en El Tiempo. No tomaba fotos, era el editor de fotografía. Tenía 33 fotógrafos a su cargo. En 2005 se retiró. Se cansó de la sobrecarga de imágenes, de la política, de no hacer reportería, “pero nunca pensé que iba a terminar escribiendo”. Más o menos en la transición entre Pastrana y Uribe, y después, con las campañas de “Vive Colombia, viaja por ella”, “El único riesgo es querer quedarte”, empezó a sentir la llegada de extranjeros y el aumento del bilingüismo. Entonces decidieron crear su propio periódico en inglés. Peña asumió el cargo de gerente general, “y yo, que no quería escribir, me convertí en el editor general”.
 
La primera edición la escribió toda Emblin y esa edición marcó la línea de un periódico con secciones claras: cultura, vida, viajes, gastronomía, el editorial, columnas de opinión, la fotografía, reportajes, ensayos literarios y crónicas, temas centrales de ciudad. Hugo Ávila, el diseñador de El Malpensante, diseñó el periódico que Emblin quería: compacto, europeo, fácil de leer, que se pudiera doblar, sencillo, de 24 páginas. Como fotógrafo pensó en darle un espacio privilegiado en cada edición a un fotografía, publicándola grande en una sección titulada The Big Picture. “¡Se publican sin recortar!”, dice emocionado.
 
A puro pulso lo distribuyeron, cargando ejemplares, volviendo a contar en cada café la historia desde el principio para así pedir permiso de dejar algunos ejemplares en la entrada. En sus primeros seis meses de circulación The City Paper fue el único gratuito periódico en Bogotá. “Los periódicos ya no pueden sobrevivir con la suscripción. Habíamos fijado un precio de $6.000 por ejemplar, pero casi nadie paga eso por un periódico, menos el extranjero mochilero, o el colombiano que quiere leer algo interesante pero no tiene dinero. Y aprendimos algo más: cuando cobras suscripción, implícitamente debes empezar a pensar en lo que quiere leer ese lector que paga. Si el periódico es gratuito, puedes hacer lo que quieras, y el que no quiere leer que no lo lea”.
 
The City Paper responde a otra manera de ver el periodismo. En un mundo de inmediatez digital, la gente, dice Emblin, no quiere noticias. “Si yo soy un extranjero afuera o dentro de Colombia, recién llegado, yo no quiero leer sobre violencia y sobre escándalos políticos, peleas… No, yo quiero saber a dónde ir, qué hacer, qué es Villa de Leyva, qué es Barichara. Así fuimos elaborando la temática editorial del periódico”, que nació con una línea muy constructiva hacia Colombia, pero en inglés (incluso la pauta es en inglés). Y esa línea editorial se refuerza con el tipo de inglés en el que están escritos los artículos. “Nuestro inglés es un puente entre el inglés americano y el inglés británico”, continúa Emblin. “Cuando lees el inglés británico en The Guardian, en The Telegraph, sientes cierta antipatía. Hay un uso del idioma que puede ser un poco distante, como diciendo ‘este es el inglés de verdad’. Nosotros queremos que el lector sienta una familiaridad con las historias y eso lo hacemos, en primer lugar, a través del lenguaje, del registro en el que escribimos. Sin embargo, hay gente medio xenófoba, que siente que porque no entiende el idioma, el periódico no es válido. No importa, nosotros sabemos que lo están leyendo. Y no se trata de una publicación para expatriados: está en inglés, tal vez somos ‘nicho’ por el idioma, pero no por los temas, que son todos acerca de Colombia”.
 
The City Paper tiene un acuerdo con una agencia canadiense, The Mock News, que le regala crónicas y columnas de opinión de personajes como John Deutch (antiguo director de la CIA) y Richard McCoy. Tiene un equipo de un diseñador gráfico y ocho periodistas, todos extranjeros residentes en Colombia que colaboran para otros medios como The Times, The Guardian, The Economist. “Me gusta trabajar con gente que viva acá, que sepa escribir la palabra ‘ajiaco’”.
 
Con respecto a colaboradores colombianos, Emblin dice que  la mayoría de los hispanoparlantes que lo han buscado escriben en inglés pero suena a traducción. “Me ha ido bien con algunos, pero hay una generación de comunicadores sociales, blogueros, que se creen columnistas de opinión y no hacen el trabajo de reportería”. Además, dice, “a veces siento que el periodista en Colombia no sale y busca sus historias. En general, hoy en día el periodista, incluso afuera, está más preocupado por tener tuits, hits, clics, que por hacer reportería. Y creo que es una cosa generacional: la gente quiere aceptación en redes sociales, quiere figurar, quiere tener sus 25.000 seguidores, generar opinión, pero no generar historias”.
 
A la pregunta sobre qué tipo de historias publica The City Paper, Emblin respondió: “En una época, Colombia fue el foco mediático. Eso cambió. El mundo ya no es América Latina, el mundo está volcado hacia Oriente Medio. Sin embargo, este es un país donde hay segregación, exclusión, pobreza, y es un país que está siendo atacado por una cantidad de fuerzas de la globalización. En medio de eso hay una Colombia que se está industrializando. Hay plata y empuje en la economía, pero ¿qué pasa en el campo? Por eso el tema de la paz me interesa tanto. ¿Qué Colombia estamos creando? ¿La panacea de un mundo superdesarrollado? ¿O estamos todavía en una Colombia que tiene zonas excluidas? Me gustan las historias que muestran esas contradicciones, y las historias de transformación, de aspectos que están a punto de transformarse, de personas que están liderando o representando esas transformaciones. La Colombia linda es importante, pero a mí me gustan las historias que cuestionan quiénes somos y que trascienden la ciudad”.
 
 

 

 

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