"Tomar fotos es escuchar con los ojos"

La ganadora del Premio Maria Moors Cabot dice que a través de la violencia de los pandilleros retrata también el lado humano, las relaciones de ternura, el esfuerzo de intentar cambiar de estos muchachos.

Donna DeCesare colabora con la Fundación para el Nuevo Periodismo Lationamericano. / University of Texas at Austin

De abuelos paternos italianos y de madre escocesa, desde temprana edad Donna DeCesare desarrolló una profunda sensibilidad por los problemas que aquejaban a los inmigrantes y una gran fascinación por querer conocer otras culturas. El lunes pasado fue galardonada en Estados Unidos con el premio María Moors Cabot por la Universidad de Columbia, gracias a su trabajo fotográfico en América Latina (ver http://www.donnadecesare.com) que, en sus palabras, ha sido su segundo hogar.

Su más reciente libro, “Desasosiego: los niños en un mundo de las pandillas”, explora el violento entorno al cual están sometidos los niños hoy en Centroamérica. El Espectador habló con ella en Nueva York.


¿Por qué tanto interés en América del sur y centro América?

Son muchas las razones. Cuando estaba en Inglaterra cursando un posgrado, fui a Belfast con algunos amigos, y comencé a tomar fotografías en Irlanda del norte; para esa misma época tenía algunos amigos en la Universidad Essex que venían de Argentina y de Chile, durante las dictaduras. Entonces aprendí de lo que estaba sucediendo en América Latina. Y también era conocer un poco de la política de mi propio país, porque yo no sabía nada de ello. Cuando volví a los Estados Unidos empecé a trabajar en diversos periódicos como el “Irish Eco”, que hoy se llama “Irish Voice”, que es un periódico en Nueva York principalmente leído por personas que provienen o tienen raíces de Irlanda. Para 1984 fui a San Francisco a cubrir para el Sunday Tribune de Dublin, el primer lanzamiento de Jesse Jackson a las primarias presidenciales por los demócratas. Luego del cubrimiento encontré a una amiga que trabajaba en la radio, que me contó sobre un grupo de monjas católicas irlandesas-americanas que tenían un albergue para refugiados políticos de El Salvador y Guatemala. Fui y me encontré con algunos de ellos y me contaron la historia de lo que sufrieron en El Salvador. Siempre me he preocupado por los derechos humanos en Irlanda, por mi conexión con mi familia, escuchar estas historias, y saber que mi país estaba involucrado en dicho conflicto me hizo tomar la decisión de irme para El Salvador y ver lo que estaba sucediendo. Yo hablaba algo de español para defenderme, había leído a Gabriel García Márquez. En El Salvador había muchas historias que me recordaban a la dura vida de mi abuela; aunque fueran dos países distintos, había una similitud, en sus vidas muy austeras, que me acercó aún más a estas personas.


¿Por qué fotografiar estos escenarios y sujetos tan rodeados de violencia, como son las pandillas?

Porque hay muchos jóvenes que están viviendo estas situaciones, hay una tendencia de invisibilizarlos, estigmatizarlos e ignorarlos. Por supuesto, actúan de una manera violenta, pero ellos también son víctimas, no solo victimarios. Entonces yo veo que es muy importante buscar retratar la violencia estructural, la violencia social que existe, que provoca, que los jóvenes están atraídos por ese camino. Entonces no tienen muchas opciones, y no digo que sea solo la pobreza. La pobreza es una cosa, pero no necesariamente provoca una vida violenta. Pero existen tantos traumas, que la violencia es parte del patrón cultural de sus vidas; todo su entorno es violento, la televisión, el cine, entonces no tienen muchas opciones de ver la vida de otra manera, y eso me da mucha tristeza. Yo sentí que era muy importante poner mi ojo allí, enfocarme no solo en la violencia, sino también mostrar el lado humano, las relaciones de ternura, el esfuerzo de intentar cambiar, porque muchos intentan cambiar, pero la sociedad no los deja. Entonces yo quería mostrar ese fenómeno con una óptica realista. No voy a pintarlos, como santos, ni victimizarlos, ellos también tienen su voluntad, pero tienen muy pocas opciones.


¿Alguna vez has sentido miedo durante tu trabajo como fotógrafa inmersa en ambientes tan violentos?

Los seres humanos siempre tenemos miedo, es normal y es una respuesta del cuerpo, un mecanismo de defensa. Cuando tu cuerpo te dice que hay algo, hay que poner atención, aprender cómo manejar el miedo y no dejar que se salga de control. Por ello yo busco formar relaciones. Como te dije, mi fotografía se da en base a construir relaciones con las personas; cuando voy a ir a un sitio donde sé que puede ser peligroso porque hay diferentes actores que desconfían de todos, sé que tengo que entrar buscando poco a poco como ganar la confianza de la gente, cada situación es diferente. Por ejemplo, con los pandilleros en Los Ángeles, yo tenía fotos de un muchacho que encontré en El Salvador muriendo de sida que fue deportado, que fue pandillero, entonces fui al barrio a buscar a su mamá y a sus amigos. Los otros pandilleros, aun cuando no lo conocieron, podían ver sus tatuajes y se interesaron en el tema; me preguntaban ¿fuiste a El Salvador? y su interés crecía… Yo les mostraba fotos publicadas en diversas revistas y mi carné de prensa. Así confirmaron que yo no era policía. Yo tenía que convencerlos de que era periodista, y me interesaba contar la historia de sus vidas, en todas las dimensiones, estaba interesada en la mamá, en la novia, su primera comunión, si se graduaron o no de High School. Cuando vieron mi trabajo, se corrió la voz, me reconocían y logré acceder más. Siempre cargaba un compendio de fotos en una pequeña caja que mostraba regularmente, y los ellos me decían al verlas; ¡Mi amigo! ¡Mi tío o mi vecino! Así fue que entre en ese mundo.


¿En qué momento se te ocurre venir a Colombia?

En el año 2000 viajé a Colombia por trabajo de Unicef, donde estuve colaborando en la realización de un trabajo sobre el Movimiento de los Niños por la Paz. Entonces sentí que era importante conocer Colombia para entender lo que sucedía en Centroamérica. Porque Colombia tiene mucha experiencia tratando la violencia de todo tipo, y vivía todos los fenómenos a la vez, una pincelada mixta. Y es un país donde hay personas muy intelectuales y preparadas que han pensado como tratar estos temas durante muchos años. Un país con una riqueza de experiencias, de lo que lo que funciona y lo que no, entonces llegué para ver la violencia y los programas de como trataban la violencia. Esa fue mi motivación. Con una beca de una fundación viví un año en Bogotá al tiempo que viajaba a Guatemala para conseguir la última historia de mi sitio web “hijos del destino”, la historia de un guatemalteco que salió de la pandilla, logró ser artista, y ahora vive en Europa.


¿Y cómo fue el trabajo en Colombia?

Hice un proyecto sobre Medellín dirigido a los jóvenes, para bajar la incidencia de la violencia. Publiqué un ensayo web y gané el premio National Press Photographers Association por el mejor ensayo fotográfico en internet. Consistía en una historia de Moravia, otra de Barrancabermeja, y otro del barrio París (Medellín), donde había procesos de violencia, y de conciliación. Luego regresé en el año 2005 con una beca Fulbright, donde comencé a trabajar un poco para la Fundación Nuevo Periodismo. También tuve un trabajo para Unicef, donde tenía que fotografiar los hogares de los niños excombatientes, los niños que fueron desvinculados de la guerrilla y de los paramilitares. En 2008 fui invitada por el Colombo-Americano de Medellín para dictar un taller de fotografía en la cárcel de mujeres el buen pastor, y también tomé fotos. Después tuvimos una exposición de mis fotos y las fotos de las mujeres en la cárcel en la galería del Colombo-Americano, y eso fue magnifico porque los hijos de las mujeres podían ir a la galería a ver las obras de sus madres. Fue una experiencia encantadora. Es el último trabajo que he hecho en Colombia. Pero me gustaría volver porque me gusta mucho, y me hace mucha falta.


¿Cómo obtener una buena foto?

Existen fotografías que se hacen en la calle observando los sucesos. Pero si se pide permiso para fotografiar a las personas, se pierde la foto. Para mí lo más cómodo es primero conocer a las personas, construir una relación de respeto mutuo, y cuando ponen su atención en otra cosa, cuando actúan naturalmente sin estar posando, es cuando tomo la foto, esa es mi forma favorita. A veces también trabajo en la calle sin conocer las personas, después me acerco y les pregunto cómo se llaman, busco relacionarme con la gente. Soy una persona que pasa mucho tiempo escuchando a las personas, construyendo una relación de respeto y de intercambio. En un sentido, tomar fotos es escuchar con los ojos…


¿Se necesita una cámara costosa para obtener buenas fotos?

Es importante tener la posibilidad de utilizar la cámara mediante ajustes manuales, no solo usarla en modo automático. Pero eso no significa que se necesite una cámara costosa, solo algo mínimo tener una cámara con una posibilidad de controlar la velocidad y apertura del lente. Lo más importante no es el equipo, es el fotógrafo, la cámara es un instrumento. La cámara no es la que toma la foto, es la persona. Lo que importa es un conocimiento del contexto, un sentido de empatía humanista para con la gente, también apreciación de la calidad de luz, ya que hay que pensar cómo usarla naturalmente. Una capacidad de responder de inmediato a los gestos, a las cosas inesperadas, la vista, eso es mucho más importante que el instrumento. Yo siento que es importante saber cómo utilizar esas herramientas de la forma en que uno desea. Eso es muy expresivo. Se debe saber que se quiere decir, tener claro el punto de vista y la idea que se quiere transmitir.


Un consejo a los jóvenes que se inician en el mundo del fotoperiodismo y el reportaje, pero que no han logrado conseguir empleo…

Lo mismo que digo a mis estudiantes: estamos viviendo una gran transformación en la forma en que funciona el periodismo. Cada día hay más y más entidades no gubernamentales que quieren y necesitan tener historias que muestran la realidad, las situaciones que andan difundiendo. Hoy, no solo se trabaja como fotógrafo contratado por un periódico. También podemos trabajar para una ONG, para revistas que existen solo en versión Ipad. Existe la posibilidad de hacer combinación de foto-fija con video instalaciones donde se busca combinar el arte con el mundo periodístico. Existen muchos sitios web que buscan y usan mucho material fotográfico. Todo está cambiando y hay muchas oportunidades, lo más importante es tener algo que decir. Cuando tú tienes algo para decir, se va a encontrar quién lo va a financiar y publicar, estoy segura. No hay que perder la fe, normalmente hay muchas oportunidades. Mi recomendación es tener paciencia, no pensar en que todo tiene que ser súper-rápido. La fotografía que toma tiempo es la que vale la pena como la fotografía documental. Hay muchas personas que no tienen paciencia y la cual siempre se necesita para este trabajo.


* Donna DeCesare es profesora de periodismo en la Universidad de Texas en Austin y colabora con la Fundación para el Nuevo Periodismo Lationamericano.

 

últimas noticias