“True detective” estrena temporada

En pleno boom de las series se estrena la segunda temporada de una de las más aclamadas por el público y la crítica en 2014. ¿Cómo fue la primera y qué se espera en la segunda entrega?

Rachel McAdams interpreta a Ani Bezzerides, una detective de la oficina del sheriff del condado de Ventura. /Cortesía

“Ha habido una revolución creativa en el mundo de la televisión, un proceso de sofisticación en la forma de contar historias que tiene su paradigma en los Estados Unidos y que se inicia en la televisión por cable”, afirma Isabel Vázquez, guionista y profesora de comunicación audiovisual en Madrid. Ese éxito se debe a varios factores. El primero es el fácil acceso, directo y muchas veces gratuito, a contenidos que antes se distribuían en la programación televisiva y ahora se encuentran en la internet. El segundo es el nivel narrativo alcanzado. Las series no presentan, en su mayoría, tramas sencillas que se desarrollan lentamente, con miras a entretener a un espectador que sólo quiere relajarse frente al televisor: ahora las tramas son complejas y deben ser seguidas capítulo tras capítulo para no perder el hilo de la historia. Sin dejar de entretener, las series actuales están hechas con cuidado, se adentran en realidades políticas y sociales y se esfuerzan por construir personajes psicológicamente complejos y diversos. Otra característica de este formato es el manejo del clímax: dejan al seguidor, cada vez con mayor frecuencia, a la espera de la resolución de una situación sorpresiva e intensa que se anticipa, casi siempre, al final de cada capítulo; han sabido aprovechar ese viejo recurso de la literatura y el cine en el recorte entre episodios, así aumentan la tensión y mantienen en vilo a los espectadores. Los seres humanos no soportamos la ausencia de cierres.

Otro factor de éxito es el aumento del presupuesto: sólo la primera temporada de Game of Thrones costó US$60 millones, y de dicha cifra, US$10 millones fueron destinados al primer capítulo, el capítulo piloto. La apuesta económica permite que la calidad de las series, en términos visuales, por ejemplo, sea impecable. Las altas inversiones y la calidad de los guiones han permitido, además, que la división entre actores de cine y actores de televisión se desdibuje. Por ello fue posible que un Óscar a Mejor actor, Matthew McConaughey, y Woody Harrelson, actor, dramaturgo y protagonista de Natural Born Killers (una de las películas de culto más famosas ), protagonizaran la primera temporada de True Detective en 2014.

Dennis Lehane cuenta en The New York Times que antes de crear la serie, Nick Pizzoletto fue profesor de Literatura en la Universidad de Carolina del Norte, en DePauw University y en la Universidad de Chicago. En 2006 escribió una colección de cuentos, Between Here and the Yellow Sea (2006), inspirada en tres series de HBO: The Wire, The Sopranos y Deadwood. En 2010 escribió su primera novela, Galveston, que tendría su continuación en una segunda novela, True Detective. Ante el potencial que vio su autor para que la historia se presentase con otro formato, y dejando a un lado su trabajo en otra serie, The Killing, presentó a la cadena HBO un proyecto de guión de 500 páginas. En 2012 firmaron contrato con Pizzoletto para hacer ocho episodios, que conforman la primera temporada. El proyecto planteaba que cada temporada fuese independiente, con narrativas y repartos distintos. Ese formato “antológico” permitió que Pizzoletto pudiera trabajar con estrellas de cine, como si se tratara de una película dividida en varias entregas, “porque estarían comprometidos sólo con una temporada”.

Contrató a Cary Joji Fukunaga (director de la adaptación de 2011 de Jane Eyre, de Charlotte Brönte, y de la película Sin nombre) como director. Lo escogió por sobre Alejandro González Iñárritu, que andaba ocupado con otros proyectos, y Fukunaga reclutó a Adam Arkapaw, director de fotografía de Top of the Lake.

Mediante la técnica del flash back, la primera temporada cuenta la historia de la caza de un asesino en serie a cargo de dos detectives en Luisiana, Estados Unidos, en un plazo de diecisiete años: “La idea es mantener la correspondencia entre la investigación contemporánea y una visión al pasado mediante flashbacks, que son esenciales para el relato”, dice Fukunaga. Con los saltos temporales se construye fragmentariamente el suspenso y se devela dolorosamente el misterio. Martin Hart (Harrelson) y Rustin Rust Cohle (McConaughey) se encuentran con el macabro asesinato de una prostituta ligado a una secta y a una iglesia cristiana que ha encubierto casos de pederastia y es liderada por un poderoso pastor de Luisiana. Por ello, la investigación se ve saboteada sistemáticamente. La pesquisa se mezcla con el drama personal de los detectives. Hart es un padre de familia, cristiano pero infiel, y Cohle es un texano solitario, con una visión nihilista del mundo, tras lidiar con la muerte inesperada de su hija. En la segunda línea temporal, la actualidad de la serie, Hart y Cohle, ya retirados, son interrogados por otros dos detectives, Maynard Gilbough (Michael Potts) y Thomas Papania (Tory Kittles), que investigan crímenes idénticos a los del asesino de Hart y Cohle. El final de la temporada cierra el caso, pero deja interrogantes abiertos que no se resuelven en la segunda, por el cambio total de reparto en la historia. La primera entrega de este experimento literario que es la serie, llevado a lo visual a través del drama criminal, fue un éxito de crítica y público. La audacia visual y el guión la hicieron imperdible.

Con la canción introductoria de Leonard Cohen, “Nevermind”, empieza esta noche la segunda etapa. ¿Podrá superar la barra que la serie misma puso con su primera temporada? La sensación general entre los críticos, que vieron por anticipado los primeros capítulos, es que no está a la altura de su predecesora. Tim Goodman, de The Hollywood Reporter, no prevé que la serie ofrezca interpretaciones como la de McConaughey, aunque dice que, en conjunto, el reparto compuesto por Colin Farrell, Vince Vaughn, Rachel McAdams y Taylor Kitsch, es excepcional.

En un artículo publicado por la revista Time, titulado “Más angustia, menos poesía en una marchita True Detective”, James Poniewozik dice que la serie “perdió sus fortalezas y conservó sus debilidades”. Entre las primeras resalta la actuación de McConaughey y el espeluznante y perfecto escenario que fue Luisiana; entre las segundas, la debilidad de los personajes secundarios femeninos. Aun introduciendo a una mujer protagonista que se mueve en un mundo absolutamente masculino, la segunda temporada conserva prototipos de feminidad y masculinidad anticuados y violentos. “Seguimos viendo demasiadas mujeres caracterizadas por el sexo: prostitutas, exnovias excitadas, esposas mantenidas. True Detective es sobre gente rota, pero muestra distintas y estereotípicas maneras en que hombres y mujeres se quiebran (...). Para las mujeres, la feminidad es una carga y un arma. Para los toros furiosos de la serie, la masculinidad es un ideal y un diagnóstico”.

De los primeros tres capítulos asusta la posible uniformidad de los personajes principales, traumatizados todos, con dilemas existenciales que conducen al mismo destino, a la misma profesión, pero se percibe la misma calidad visual y un crimen igualmente intrigante. Es muy pronto para juzgar. Es preciso esperar, dejar que situaciones y personajes se desarrollen, mantener la expectativa y esperar el giro.

 

 

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