'Wikileaks no representa el futuro del periodismo'

Giannina Segnini fue escogida por el Consejo Rector del nuevo Premio de Periodismo Gabriel García Márquez como un referente de la profesión en Iberoamérica.

Luis Benavides

¿Qué significa para usted ganar este premio?

Es una gran responsabilidad. El consejo rector del premio me honró como referente del periodismo para las nuevas generaciones y entiendo y asumo lo que eso implica.
El fallo habla de la importancia de su especialidad, el periodismo basado en datos. ¿Cómo capitalizó ese campo?

Vengo intentando hacer periodismo de datos o asistido por computador desde 1995 cuando apenas había pocas bases disponibles. Empecé sola, haciendo un esfuerzo extraordinario con herramientas muy rudimentarias y siempre tuve el sueño de crear un equipo multidisciplinario donde pudiéramos trabajar periodistas con científicos, ingenieros, geógrafos, auditores. Combinar la potencia del periodismo de investigación con las herramientas que la tecnología nos ofrece.

En la era digital esas herramientas se transforman cada día, pero así como facilitan transmisión veloz de datos pueden atentar contra la profundidad.

Como siempre le echan la culpa al mensajero, a la herramienta y a su uso. Así pasó con la televisión. El problema no son las herramientas, no es internet, sino el uso que estamos haciendo de esas posibilidades. Es un fenómeno bien peligroso: se le está dando la prioridad absoluta a la inmediatez y no está mal ser oportunos, pero no a costa de un sacrificio de la calidad del periodismo. En los medios de hoy no puede haber dos estándares de calidad, uno para el impreso y otro para la web. Por un lado tienes a periodistas legendarios, los mejores de todos los tiempos, abrumados por las posibilidades de la tecnología, furiosos de ver a jovencitos de 20 años tuitiando, feisbuquiando compulsivamente, queriendo hacerlo todo al mismo tiempo. Hay que conciliar esos dos mundos.

¿Cómo hace para conciliarlos como editora de La Nación de Costa Rica?

Creando un equipo envidiable, uno de los mejores de todo el mundo. Dediqué mucho tiempo seleccionando a cada miembro; uno de los ingenieros lo elegí entre 38 entrevistados, no sólo por saber de sistemas sino por su motivación y convicción. También los tres periodistas de investigación contamos con un desarrollador web, un ingeniero de datos, cuatro geógrafos e incluso auditores para confrontación, por ejemplo, de cuentas bancarias.

Usted ya ha sido reconocida por grandes denuncias sobre corrupción que implicaron la detención de dos ex presidentes de Costa Rica, Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez. ¿Qué impacto ha generado su labor dentro del establecimiento político de su país?

Un gran impacto. Los casos de los ex presidentes marcaron un antes y un después para la historia del país. Jamás imaginábamos que existían redes organizadas de políticos y empresarios creadas con el propósito de obtener beneficios de los contrataos públicos mientras se hablaba de Costa Rica como “la Suiza centroamericana”. Nuestras publicaciones sometieron a prueba la fortaleza de las instituciones. Se abrió una gran discusión, se aprobaron leyes contra el enriquecimiento ilícito y el conflicto de intereses, cambió la legislación y se empezó a ver una cautela mayor de los funcionarios y las juntas directivas a la hora de tomar decisiones. Entendieron que estaban bajo el escrutinio de todo un país. Bajaron los indicadores de transparencia y nos acusaron de afectar la imagen del país y siempre tuvimos claro que Costa Rica no podía vivir de una imagen falsa, había que revelar las verdades y, al final, lejos de empeorar hemos mejorado el país.

Eso ha significado para ustedes amenazas y ataques

Sí. En el 2005 estuve con seguridad por varias amenazas que recibimos mi compañero Ernesto Rivera y yo, y justo el día que me quitaron la seguridad entraron dos tipos a mi casa a robarme la computadora y me dispararon en un pie, donde tengo la bala todavía. Nunca se pudo identificar quiénes fueron y por qué caso. Fue muy complicado porque yo vivo con mis tres hijos. Después de 20 años haciendo denuncias uno ya no sabe de dónde puede provenir el ataque. Asumí como jefe de redacción un tiempo y luego volví como editora de investigación, fortalecí el equipo y estoy totalmente dedicada a esto.

¿Qué tanto le sirvió salir a conocer el periodismo latinoamericano y la beca Nieman de Harvard?

Totalmente. Sobre todo trabajar de cerca con mis colegas latinoamericanos, en especial colombianos y argentinos, que han sido precursores y mis grandes maestros como Gerardo Reyes y Daniel Santoro.

Ahora revierte eso como maestra internacional, dictando cursos internacionales.

Para mí eso no es un trabajo sino la oportunidad para recargar energías. De las mayores satisfacciones que tengo hoy es descubrir los ojos chispeantes de uno o dos reporteros que de verdad sienten la pasión del periodismo. Eso es lo que me hace levantarme todos los días.

Hay grandes investigadores que no saben narrar. ¿Cómo sumar al rigor de los datos una propuesta narrativa estética?

Eso es clave. De nada sirve un esfuerzo de meses, encontrar pruebas reveladoras, si al final el producto es ilegible, que no está bien contado. Nos pasaba hace 20 años porque lo que escribíamos eran textos acartonadísimos y ahora estamos mejorando cada vez no sólo con narrativa escrita sino audiovisual y para esto último el trabajo en equipo es indispensable. Ya no debiera existir el periodista de investigación solitario, defendiendo la exclusividad de sus fuentes, sus historias, hay que dejar los egos al lado para combinar las destrezas de un gran investigador.

Lo que siempre reclamó García Márquez en las salas de redacción.

Claro. García Márquez es el gran ejemplo, el gran maestro que combinó todo, el investigador obsesivo que narra y al que ni siquiera se le ven las costuras de su trabajo de campo. Ese es el clímax a que todo periodista debe aspirar: periodismo riguroso y sabroso.

¿En qué otros literatos encuentra inspiración narrativa?

Oscar Wilde y toda mi vida Voltaire, para reafirmar mis convicciones.

¿Cómo equilibrar el acelere del periodismo sin sacrificar la vida familiar?

Mis hijos entienden que el periodismo no es un trabajo sino una forma de vida, entonces han estado involucrados y les ha tocado vivirla conmigo como compañeros, les ha tocado ser autónomos porque no he estado en todo lo que se supone que una mamá debería estar presente.

Pero les va bien. Tiene una hija que es de las modelos más reconocidas de Costa Rica, la otra es campeona de artes marciales.

Uno no escoge eso. Lo único que yo decidí con ellos fue dejarlos ser y dejarlos vivir. Claro, no hay nada más distinto de mi vida que el modelaje, pero mi hija desde los 12 años me salió con eso y la he respaldado y acompañado a sus pasarelas, aunque también estudia economía y administración y tiene dos empresas. La otra hija es campeona nacional y el menor todavía está en el colegio.

¿Cuál es su válvula de escape del estrés de su carrera?

Me gustaba muchísimo correr pero me lo prohibieron. Soy fanática de la banda irlandesa U2. Sin esa música no estaría viva hoy, mi condición emocional la programo a partir de ahí y de mi familia.

Pensando en el futuro de la profesión, ¿qué lecciones le dejan los casos Wikileaks y Snowden?

Que no representan el futuro de la profesión, de hecho Wikileaks no es periodismo ni Assange es periodista, ni tiene el criterio, ni los valores de un comunicador. La filtración de documentos de gran interés público tenemos que defenderla. Sin embargo, el periodismo de datos me demuestra cómo no debemos depender de receptores interesados, sino generar nosotros información a partir de nuestras propias búsquedas.

Ha venido mucho a Colombia, conoce periodistas colombianos y has trabajado con ellos. ¿Qué impresión le han dejado?

Mi referente ha sido el periodismo colombiano, Gerardo Reyes, Alberto Donadio, Daniel Samper Pizano, María Teresa Ronderos y ahora las nuevas generaciones. Ustedes han desarrollado un periodismo de altísima calidad porque han estado sometidos a realidades que casi ningún otro país las vive en esa dimensión y han fortalecido la cobertura noticiosa dura, pero a la vez están agobiados por una vorágine de noticias. Yo he estado en salas de redacción y me abruma ver cómo deciden una portada o un titular entre 20 opciones. Lo importante es que sean conscientes de que el escándalo del día, el bombardeo adictivo de noticias de última hora, no les afecte la capacidad de abstracción para pensar cómo ir al fondo a descubrir causas, fenómenos, problemas sistémicos.

¿Periodista hasta la muerte o se imagina en otro campo?

Honestamente he hecho esfuerzos por reinventarme en momentos de duda, tengo un par de fantasías: una es que monto una plantación de albahaca y otra que me hago mesera o pego botones en una fábrica. Después de darle vueltas a todo termino en la misma conclusión: nací para ser periodista.