Hoy, que la suerte quiere que te vuelva a ver, ciudad porteña de mi único querer, y oigo la queja de un bandoneón, dentro del pecho pide rienda el corazón.
La poesía hecha canción que no pudo tener mejor intérprete que Carlos Gardel, resume no más en su título, el sentimiento que siempre genera: Mi Buenos Aires querido.
La capital de Argentina se hace querer así no más, bien sea por la cultura que emana de sus calles decoradas por museos, bibliotecas o teatros; el tango en sus infinitas expresiones y hasta por el fútbol, donde es venerado de manera particular gracias a la pasión con el que lo juegan y, sobre todo, viven y disfrutan.
Por eso la mejor manera de conocerla es caminándola, porque en realidad sobran opciones para hacerlo y el centro es y será un buen punto de partida, bien sea para recorrer las dos extensas calles peatonales –repletas de comercio por demás– como lo son Lavalle y Florida, o para ponerse una cita con la historia al caminar en la Avenida de Mayo, donde el Café Tortoni, fundado en 1858 y el Palacio Barolo, inspirado en la Divina Comedia, realzan esa influencia europea que la distingue.
También la Recoleta es una zona recomendable para andarla y no puede dejar de visitar su cementerio, en el que la tumba más frecuentada es la de Evita Perón. Desde allí también se puede transitar por la Avenida Libertador y en la paralela, la Figueroa Alcorta. Y si la resistencia se lo permite, acérquese a Palermo Viejo, que mezcla lo clásico del sector con la modernidad de algunos bares y restaurantes.
De regreso al centro, pásese por Avenida 9 de Julio y Corrientes para posar al lado del Obelisco, ícono de la ciudad, pero no el único, porque a escasos metros está la Plaza de Mayo, donde sobresale la Casa Rosada, principal sede del gobierno argentino, cuya parte posterior colinda con otro de los sectores más reconocidos de la ciudad capital: Puerto Madero.
Agradable y seguro, el barrio más caro de la ciudad, que pasó de ser la antigua zona portuaria para convertirse en un área de gran actividad comercial, ofrece múltiples opciones gastronómicas a cualquier hora del día y la noche, entre las que sobresale por supuesto, la buena parrilla argentina.
A través de la comida se conoce cualquier cultura, pero un buen complemento es irse hacia el sur de Buenos Aires y encontrarse con La Boca, un suburbio que es atractivo turístico por dos aspectos fundamentales: La Bombonera, estadio de Boca Juniors, y Caminito, una callejuela empedrada y mundialmente conocida por el tango del mismo nombre.
El primero puede conocerse a través de un tour que incluye visita por distintas partes del escenario y termina con el Museo de la Pasión Boquense (10 dólares por persona), mientras que en la calle museo, sin necesidad de pagar, se puede respirar tango por todos los rincones con shows de bailarines al aire libre, lo cual constituye el marco perfecto para que los turistas posen con los conventillos multicolores de fondo y se diseñe así la postal más popular de Buenos Aires.
Y si no pudo gambetear a la tentación futbolera al pisar el mítico escenario xeneize, tampoco puede afirmar que estuvo en Buenos Aires de no visitar alguna de sus tanguerías, que ofrecen espectáculos de lo más representativo de la cultura argentina: el tango con todo su glamour. Mientras cena con un buen vino de compañía, puede disfrutar de un acto que incluye grupos instrumentales, cantantes y parejas de bailarines.
Pero quien quiera encontrar la esencia del legendario ritmo, lo puede hacer en lugares tradicionales como ‘La esquina Homero Manzzi’, ‘Complejo Tango’, ‘El Viejo Almacén’ o ‘Esquina Carlos Gardel’. A los que les guste algo de modernidad con mayor color pueden remitirse a ‘Señor Tango’, en el que la puesta en escena se acerca muy al estilo del Broadway neoyorquino.
Y si de espectáculo se trata, la noche bonaerense también ofrece variedad, calidad y casi en un mismo punto: sobre la Avenida Corrientes, son varios los teatros que le dan más cultura a la ciudad en las tardes y noches, mientras de día, tres museos principalmente invitan a ser recorridos y admirados: el Malba, el de Bellas Artes y el de Arte Decorativo.
Si llega a cansarse del plan netamente citadino, puede oxigenarse en Tigre, al que se llega en el Tren de la Costa, cuya primera estación en Buenos Aries es Maipú. Después de apreciar las estaciones remodeladas que conservan el estilo inglés de principios del siglo pasado, en el destino final del delta, un catamarán, embarcación con un sector al aire libre y otro interno (donde funciona un bar-restaurante), ofrece un recorrido de hora y media para navegar por los ríos Luján, Sarmiento, San Antonio y Canal de Vinculación.
Este es apenas un ejemplo de los muchos planes por hacer en una ciudad que enamoró al ‘Zorzal criollo’, tanto que a través de su voz inmortalizó una promesa eterna: ‘Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvidos…’. Y es que todo aquel que visita la capital argentina, siempre queda con deseos de regresar.