Agenda académica: el Festival pasa al tablero

El XIII Festival Internacional de Música celebra la relación entre el arte y la ciencia, pero también se convierte en el epicentro donde se encuentran jóvenes con deseos de crecer en conocimientos, experiencias y riqueza musical.

/ Tico Angulo

El Cartagena Festival Internacional de Música es un escenario en el que confluyen arte, cultura y ciencia. La idea principal es estrechar lazos entre el público y la música académica, acercando a la gente a las obras de los grandes compositores y a otras expresiones artísticas que no se pueden imaginar sin que exista contacto directo, sin vivirlas. Es por esto que, como una escuela que acoge a estudiantes de diversas procedencias, saberes y realidades, la Fundación Salvi, organizadora del evento, asume el reto de generar ofertas para que más jóvenes apasionados y amantes de la música sinfónica puedan vivir la experiencia y aprender de la mano con grandes exponentes de la música clásica internacional.

Desde la organización del Festival se trazan objetivos claros que sostienen la labor académica. Esos propósitos están direccionados a lograr cercanía entre los jóvenes participantes y los beneficiarios de los programas de las diversas actividades del evento.

“Pensamos que los jóvenes necesitan explorar otros referentes asociados a su cotidianidad, y qué mejor manera que teniendo la oportunidad de escuchar experiencias y expertos internacionales en torno a la música, pero que, a su vez, cada uno de ellos pueda sentirse como en su lugar”, manifestó Katherine Padilla, directora de Programas Educativos del Festival.

En este sentido, la experta también argumentó que “la misión de estos programas educativos se divide en dos grandes objetivos: generar igualdad de oportunidades para quienes participan y convertir los programas educativos en un destino desde la academia; que estudiantes de otros lugares de Latinoamérica, con experiencias académicas distintas en torno a la música, vengan a vivir la experiencia del Festival”.

La oferta educativa del Festival es amplia y comprende las becas de producción, clases magistrales, nuevos talentos y el proyecto Orquesta Sinfónica de Cartagena (OSC).

Becarios de producción es un programa educativo que incentiva a los jóvenes que se forman en áreas de producción específicas, y gracias a esta iniciativa la curva de aprendizaje en el Festival se ha incrementado y cualificado.

“Hace cuatro años, el director artístico del Festival, Antonio Miscenà, armó un equipo con grandes exponentes italianos en iluminación, manejo de escenarios y producción de audio en espacios abiertos y cerrados. Para instalar capacidad en esas áreas específicas se crearon las becas de producción”, recuerda Verónica Múnera, asistente de programas educativos del Festival.

También existe el recital de Jóvenes Talentos, que tiene como finalidad impulsar las carreras de algunos de los más sobresalientes músicos colombianos entre 18 y 26 años. Además, está la Orquesta Sinfónica de Cartagena (OSC), pensada como un proyecto de ciudad, por tratarse de una agrupación pública que pretende formar a talentos emergentes durante doce meses, pero las particularidades gubernamentales de una ciudad como Cartagena han limitado este sueño. La OSC es uno de los proyectos más sentidos para la Fundación Salvi, sobre todo para su directora, Julia Salvi, quien vive enamorada de los procesos formativos y considera que “la mejor vivencia para un joven músico que empieza a enamorarse de su arte es tener la experiencia orquestal”.

Otro de los programas educativos contemplados por el Festival son las becas de movilidad para participar de las clases magistrales, cuya finalidad es promover y, en algunos casos, fortalecer la formación académica en la música sinfónica.

Se suman a este programa los denominados “proyectos especiales”, iniciativa que incluye a los participantes del Festival, becarios u orquestas vinculadas en un espacio de exposición artística netamente musical con temas colombianos interpretados por voces menores de 26 años y en ritmos sinfónicos. Estos proyectos se denominan especiales porque no tienen incidencia directa en el proceso formativo del Festival todo el año, sino que se desarrollan únicamente durante el evento. El segundo proyecto especial es una Orquesta Supernova, iniciativa educativa que convoca a maestros y estudiantes: los 13 maestros de la Filarmonía de Londres y 118 estudiantes de distintos procesos musicales.

Las clases magistrales también integran conversaciones sobre experiencias locales de música, como la de la Orquesta del Carmen de Bolívar, la Banda de Cajicá y la Red de Escuelas de Pasto, entre otras iniciativas.

Como todo proceso académico extensivo, y en aras de medir la efectividad de los programas, desde el Festival se aplican estrategias para monitorear el impacto en los participantes; a esto se le denomina “retribución de saberes”. Con este mecanismo, el Festival garantiza que el proceso académico valga la pena y se haga evidente por medio de algunas experiencias formativas impartidas por los estudiantes y participantes del evento, en sus contextos inmediatos.

 

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