Crudo Means Raw: propulsión de lujo para el rap de Medellín 

Productor, beatmaker y MC, este rapero paisa ha traído al hip hop colombiano un aire fresco, en compañía de su grupo Moebiuz. Este sábado presentará en Bogotá su álbum debut como solista, "Todos tienen que comer".

Cortesía: Juan Camilo Rodriguez.

Medellín. Silencio. Compromiso. Tres conceptos que describen la carrera musical de Crudo Means Raw: beatmaker, MC y productor perteneciente a una generación dorada de raperos antioqueños que, en los últimos años y gracias al trabajo colectivo, ha dado un nuevo aire al hip hop colombiano. 

Lo de Crudo y la música fue amor a primera vista. Cuando todavía vivía en su ciudad natal, Nueva York, su madre le mostró un video de Ice Cube. Ese día entró a su cuerpo un virus que más adelante entendió como el del hip hop. Tendría unos seis o siete años, y entonces ese juego de estética, ritmos y estilo revolcó sus neuronas, empezando a moldear su proyecto de vida que solo logra materializarse en Medellín, el decisivo génesis de su historia.

Con un bagaje musical basado en el rock y el rap noventero de EE. UU., llega a Medellín y se encuentra la primera de sus buenas compañías en la música: Kiño, pionero y protagonista de la primera gran época del rap paisa. En el estudio de Kiño, Crudo empezó a escupir sus primeras letras con un combo llamado MDL Crew, en un tiempo en el que la producción aún no lo había flechado. Era una Medellín de freestyles en calles y parqueaderos en la que Crudo intentaba imponer su forma gringo y, al contrario, fue la esencia antioqueña la que terminó envolviéndolo y definiendo su carrera. No se quiso quedar con esas letras precoces y, además, fue entendiendo la importancia de fundirlas en buenos beats, así que regresó a Norteamérica donde tenía más facilidades para conseguir equipos adecuados para iniciar en serio su recorrido. Aun así, no fue sencillo. Fueron años de trabajo para sostenerse y poder adquirir la dotación instrumental y tecnológica con que se inició.

Fueron, también, años de reinado del rock en la ciudad. Nadie imaginaba que una silenciosa bola de nieve, cargada de ese virus que sometió a Crudo de niño, estaba preparando un cambio de trono. Tomó entonces el rap un segundo aire cuando por aquel tiempo aparecieron los hoy mayúsculos Alcolirykoz, Crew Peligrosos, Afaz Natural, al tiempo que decenas de jóvenes talentos se encantaban con ese sacudón que daba el movimiento.

Crudo se decantó por la producción y la creación de beats, convirtiéndose en un adicto a las bases y su proceso de concepción desde el sample, ese pequeño trozo de sonido que extraía de vinilos de soul y jazz, hasta la pista finalizada, con los pianos, percusiones y millones de detalles que le añadía. Disfrazó su casa de centro de alto rendimiento para entrenar: cada día finalizaba con instrumentales y más instrumentales. Un día cinco o seis, otro solo una; podía desechar todo lo que hacía y 24 horas después añadir a su archivo un impecable trabajo para todo un disco. Sin darse cuenta, se convirtió en una auténtica fábrica de pistas con cientos de estilos, que en menos de nada le empezaron a alabar y a solicitar sus colegas. No hay rapper eminente de Antioquia que no haya patinado sobre sus bases. Y así se lo hicieron saber desde que aproximadamente en 2012 su música empezara a redolar por internet. “¿Puedo usar esa pista? ¿Son libres? ¿Dónde puedo ver más? ¡Brutales!”, fueron, en general, los comentarios que hacían a sus primeros posts y videos: un flamante sonido al que se acoplaría un cantante colombiano, uno español o uno estadounidense. A eso le apostaba. Ritmos con estampas de Medellín, de clásico, de global.  


Crudo Means Raw jugando en el estudio. / Noise Tapes.

Saber rodearse fue clave. Otras buenas compañías fueron apareciendo. Un entramado de talento, estilo, renovación y mucho trabajo se camuflaba en una burbuja que le explotó al rap colombiano hacia 2014, cuando los grupos antes mencionados ya viajaban el continente mientras en la ciudad se seguía cultivando rap fresco. Zof Ziro, Granuja, Mañas, Métricas Frías, Mandrágora, Rapíphero, No Rules Clan, Vic Deal, Dmoe, Lianna, Soul AM, Señor Pablo, Kabe, Jose, Equation Beats, Luis 7 Lunes… Un montón de nombres que completaron el dream team del rap de la agudeza, mamadera de gallo, precisión, crítica, voseo y laboriosidad, sin caer en la tipicidad del poncho, sombrero, carriel y machete.

“Estamos haciendo que suene a Medellín. Que tenga la identidad de aquí sin caer en ese estereotipo tradicional de collar de arepas. Cada MC que está surgiendo de Medallo está poniendo su versión de cómo la ve, con honestidad, y sin miedo a ser ellos mismos. Sin refugiarse en estereotipos, ni en el 'mantenerlo real', 'calle hasta la muerte', y chiquilladas por el estilo”, dictamina Crudo, para quien, sin embargo, “aún no es la gran hora del rap antioqueño, apenas se está gestando como cultura y como industria”.

Hora del silencio

¿Qué hacer con tantos beats? ¿Era momento de organizarlos? ¿O mejor condensar esa descabellada preparación en una producción? Un segundo de quietud le dio la respuesta. Era momento de contar quién es Crudo Means Raw. Y qué mejor que hacerlo que con bases. Hacia mediados de 2015 presentó Voyage / El Pasaje, un disco de increíbles instrumentales con el que se consolidó como uno de los beatmakers más serios del país.

El disco fue un extracto de momentos, lugares, personas, amores, frustraciones, colores, sabores y odios, recopilados y retocados en el estudio durante un buen tiempo, con los que increíblemente consigue plasmar en varios minutos de un potente hip hop instrumental que evoca al que encandiló al mundo hace dos o tres décadas.

La confección del trabajo discográfico tuvo el mismo fundamento que lo convirtió en una factoría de música: el silencio. Silencio para escuchar un claxon, un bombo, un maullido, una pelea en la calle o una conversación delirante. Silencio para dejar que su máquina grabara cómo suenan las calles de su ciudad, una conversación mientras fuma y rapea con su combo o un rutilante fragmento de funk, bolero o salsa. “Trato de samplear lo que me rodea, para plasmar en la música lo más parecido a mi realidad”, relata sobre su receta. Con el disco, Crudo dio un golpe sobre la mesa e impuso un estilo “paisadounidense” que le dio el respeto del que hoy goza.

Incluso, aún con más de la mitad de la base montada, busca el silencio para seguir introduciendo elementos que quizá después el oyente ni notará.

Bases asfálticas, selváticas, cósmicas y psicóticas, son el producto final de una precisa manufactura para la cual no hay procedimientos exactos más que el oído abierto para reemplazar el resto de sentidos. “Hacer instrumentales es mi método de sublimación. Elevarse creando algo, que no necesita palabras, es indescriptible para mí. Aterrizar y escuchar el resultado final del beat, y amar lo que uno acabo de crear, es lo que más me sube la autoestima en esta vida”, dice Crudo, un convencido de que cada track le habla, le responde, le refuta y hasta le retroalimenta ese tejemaneje.

Los beats y él se habían convertido en una sola criatura a la que solo le faltaba hablar. Una responsabilidad que sintió cuando su incontable repertorio se hizo incuestionable.

La deuda de decir

El nítido sonido de Crudo Means Raw necesitaba un complemento, y los mejores raperos de su tierra se montaron en sus pistas. Se le hizo un cerco de tantos buenos MCs con los que volvió a explorar su etapa vocal. No tardó mucho en sentirse como en una zona de confort. Como comprometido. Y con socios como Granuja, Zof Ziro; Mañas, Métricas (integrantes de Gordo Sarkasmus y Doble Porción, respectivamente), era imposible que no explotara esa faceta.

El sentimiento de que tenía algo más por decir, demonios no exorcizados y sonidos que no expresaban con la mayor exactitud lo que quería, le hizo dar el paso adelante.

Confundió a toda la escena con sus primeros rapeos, pues no lo tenían como MC. Los que se sintieron amenazados no dudaron en írsele encima para pedirle que se quedara produciendo, y hasta lo llamaron “reggaetonero” e “irreal” por sus letras. Hasta que con “Comida rápida” y “Ella es mía” cerró muchas bocas: dos de las primeras canciones de Crudo con su letra y beat que replantearon las opiniones de más de uno por ese innegable flow de influencia extranjera.

En un cuarto con buenos beats y humo de cannabis solo hacen falta las letras, que pulió gracias al repaso lírico que tenía con sus cuatro compañeros de sparring, hoy conocidos como Moebiuz (MBZ). Difícil definir si es un grupo, una banda, un proyecto, un conglomerado o todas las anteriores. A grandes rasgos es un grupo de amigos que, hoy por hoy, produce uno de los raps más limpios de Medellín.

“Estás en el estudio con cuatro ‘haraganes’ (duros) que lo pueden borrar a uno fácil, si salís con un flow bien básico, o con unas barras bien insípidas, sin duda habrá presión por escribir algo que dé la talla siempre. Luego, al escuchar esos raps juntos y la composición completa es cuando el desafío con uno mismo termina”, cuenta sobre la importancia de tener al lado un grupo como Moebiuz y la competencia sana que aumenta el nivel de cada uno.

Otra gigante compañía brotó y se hizo esencial durante el proceso: Kase.O. Mientras el legendario artista español estuvo en Medellín, como parte del proceso de creación de “El Círculo”, su esperado álbum como solista, montó una cofradía con Crudo, autor del instrumental de "Pavos Reales” sobre el que, además, rapeó Mcklopedia, de Venezuela, Hermano L y Shabu One, de España. El asunto fue tan lejos que, como dijo Kase.O en algún momento a este diario, fue vital en la elaboración con ideas nuevas y apoyo en los momentos de bloqueo creativo. Obviamente, ese desarrollo fue como una sobredosis de aprendizaje sobre métricas, tonos, métodos, tiempos, técnicas y flow para Crudo.

Dice que le enseñó “a elegir sonidos carismáticos en los beats para adornarlos y hacerlos más pegajosos y entretenidos. Que para cada beat debe haber un flow, y no ignorar cuando te hablan las instrumentales. Hicimos mucho freestyle, grabamos mucha payasada, hicimos temas en 20 minutos y a otros les dedicamos tiempo”. Aparte de “Pavos reales”, produjo “Hardcore Funk”, canción de Kase.O y PMD. Todos, nombres chapados en oro.

En octubre de 2016 dio avances de su primer trabajo como MC. Dos meses más tarde lanzó “Todos tienen que comer”, el debut oficial con el que completa su carrera, pese a que, para él, el disco solo muestra las primeras pinceladas de su trayectoria. Un álbum que cuenta sus angustias y ansias por estrenarse y también su propósito de iniciar la búsqueda de una identidad musical. “Todos tienen que comer”, porque para todos hay. Todos pueden competir con talento y reconocimiento hay para todos. “Todos tenemos para aportar. Todos somos libres para mejorar. Para todos hay”, dice. (Lea: ¡Una noche memorable porque… “Todos tienen que comer”!)

Conquistando Bogotá

Nunca fue fácil el camino, pero ya están andando. Crudo, Mañas, Granuja, Métricas y Ziro se impusieron a los comentarios por el spanglish o el consumo de marihuana en sus videos, y su música ya se está intercambiando en el eje cafetero, el pacífico y el interior. El público de Bogotá, uno de los más difíciles de conquistar debido a la compleja escena de la capital, los recibió con respeto y por segunda vez en poco más de un mes tendrá en tarima el nuevo rap de Medellín. 

Este sábado 27 de mayo, en el antiguo Downtown Majestic, en pleno centro bogotano, Crudo Means Raw dará una muestra más de por qué está sorprendiendo tanto lo que hacen, por qué su grupo es considerado el futuro el hip hop antioqueño y por qué los haters se tendrán que acostumbrar a asociar a este elenco con el rap más pesado y elaborado de la región. En tarima también estarán talentos de la capital: TSH Sudaca, Rap Bang Club y DJ Cas. El Flow paisa irá por cuenta de Doble Porción, Lianna, Vic Deal y Crow, para una noche de anudar más esa confianza Bogotá – Medellín.

Crudo Means Raw junto a Doble Porción (Métricas Frías y Mañas) / Samir Meluk

 

 

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