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Madredeus fue por dos décadas la jaula de cristal de Teresa Salgueiro. Respaldada por sus compañeros se veía contenta, segura y transparente, pero ese vidrio pulido era demasiado frágil para contener el ímpetu de la cantante y, a pesar del éxito de la agrupación, el material se rompió por el lado más sólido: ella.
Hace unos años esta artista que comenzó como vocalista de una banda de neopunk, decidió emprender su camino como solista y para dar el primer paso en sus días sin la influencia mágica de Madredeus diseñó tres proyectos para ampliar su panorama. Dedicó un álbum a la música de Brasil, continuó la exploración de la tradición portuguesa y con otro registro afianzó la colaboración con el polaco Zbigniew Preisner, compositor habitual de las bandas sonoras de las cintas de Krzysztof Kieslowski.
Salgueiro ahora no tiene rejas en frente y con libertad exhibe una música que con rebeldía se le escapó a la melancolía del fado, el estilo portugués de mayor divulgación internacional. El fado durante mucho tiempo estuvo asociado a un momento político y social bien particular en Portugal…
¿Cómo ha hecho la música de su país para sacudirse del estigma?
La música que yo he hecho durante toda mi vida no es fado, pero conozco su historia. Ese estigma se debía al hecho del régimen político que había en Portugal porque no apoyaba el desarrollo de la música. Nuestras tradiciones, incluyendo el fado, lograron sobrevivir porque todo el mundo las puede cantar. En ellas uno encuentra contenidos nostálgicos pero también reacciones alegres.
¿Cómo ha hecho el fado para sobrevivir?
Ha logrado sobrevivir porque todavía está en su ambiente natural. Antes era cantada por los estratos sociales menos beneficiados y una de las personas que contribuyó a generalizar el gusto por el fado fue Amalia Rodrigues. Ella hizo una revolución en la música, aunque también hizo un trabajo importante con la poesía.
¿Por qué no hay o no se conocen cantantes masculinos de fado?
Hay cantantes masculinos de fado. Sin duda es un estilo muy cantado por mujeres debido a su característica melódica.
¿Madredeus, el grupo al que usted perteneció durante tantos años, surge dentro de la corriente del fado?
Aparecimos con un formato y un estilo original que no era el fado, pero que se basaba en diversas tradiciones de la música portuguesa. Nos preocupábamos por el folclor ibérico y desde Lisboa nos inspirábamos para hacer música, no para bailar sino para cantar las palabras de nuestro país.
Durante su participación en Madredeus usted hizo un disco dedicado a la samba y a la música de Brasil…
Este disco lo hice pensando en todo el conocimiento que desde niña tenía sobre la música de Brasil. Creo que ambas músicas tienen el gusto por las melodías y para nosotros en Portugal ha sido muy enriquecedor entrar en contacto con todos los artistas del bossa nova y de los movimientos posteriores.
¿Cómo cambió su vida cuando dejó de pertenecer a Madredeus?
Mucho. Yo empecé muy joven con ellos y lo único que tenía era el gusto por cantar, luego fue que me interesé por formarme. Todos estos años pertenecí a una estructura muy importante para la música portuguesa y estaba por completo dedicada a ese proyecto, pero tenía una particularidad: no era producido por mí.
¿Existe la esperanza de un reencuentro de Madredeus?
Yo no pienso en eso. Uno de los integrantes originales del grupo murió el año pasado y por eso nunca se podrá unir más esta formación. Fue una historia maravillosa, pero para mí eso ya está resuelto de esta manera.
Salgueiro y Madredeus
Madredeus nació en 1985 de la unión entre Pedro Ayres Magalhaes y Rodrigo Leão, dos músicos portugueses que quisieron darle vida a un grupo musical que rescatara las raíces de Portugal. En 1986 se junta con el chelista Francisco Ribeiro y un año más tarde llega la brillante voz de Teresa Salgueiro.
El grupo tomó su nombre del convento Madre de Deus, el lugar donde realizaron sus primeros ensayos. Durante muchos años fueron populares en Portugal y poco conocidos en el ámbito mundial, hasta que en 1995 realizaron la banda sonora de la película Historia de Lisboa, del director alemán Wim Wenders, que les sirvió para internacionalizarse.
En noviembre de 2007 Teresa Salgueiro se retiró del grupo y, a finales de 2010, Francisco Ribeiro, quien meses antes había lanzado su primer álbum en solitario, murió víctima de cáncer.