Cuarteto Attacca: músicos para el siglo XXI

Reseña sobre la presentación del Cuarteto Attacca realizada en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango como parte de la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República.

El cuarteto Attacca interpretó en la Sala de Conciertos del Banco de la República obras de C. Shaw, de J. Adams y de F. Schubert. Gabriel Rojas © Banco de la República

El pasado miércoles 14 de agosto se presentó en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango el aclamado cuarteto estadounidense Attacca. Sus miembros pertenecen a una nueva generación de artistas cercanos al proyecto 21CM (Músicos contemporáneos del siglo XXI), una iniciativa impulsada por Mark McCoy y Yo-Yo Ma en la Universidad DePaw desde 2015 que pretende dar una educación musical adecuada a los retos laborales y de vida que enfrentan estas nuevas generaciones, destacándose a nivel mundial los proyectos sociales del violista del cuarteto Natham Schram con población penitenciaria. (Lea también: James Johnstone y un concierto inolvidable)

Attacca ha trabajado las obras Entr’acte y Valencia directamente con la compositora Caroline Shaw quien es, además, una reconocida violinista perteneciente al ensamble de música barroca de Yale. La primera obra me recordó los Concerti grossi de Alfred Schnittke por su cercanía al poliestilismo, que es un tipo de técnica en la cual el compositor decide imitar y conjugar diferentes estilos musicales (pasados y presentes) en la composición. En Entr’acte se pueden apreciar gestos del Expresionismo alemán, del Barroco ítalo-germánico entremezclados en variaciones libres con ritornello, similar a las Glosas que escribió Ginastera sobre un tema de Pablo Casals. (Le puede interesar: Ricardo Gallo Cuarteto: el des-concierto)

Valencia es una obra en la que podemos sentir la influencia de la música para audiovisuales en la música de concierto. Los elementos narrativos de la música audiovisual están íntimamente ligados a la edición de una serie de imágenes que, de forma concisa, nos transmiten un mensaje en ausencia de diálogos o actuaciones (en la mayoría de los casos).  (Además: José Luis Gallo en concierto: entre estrenos y cantos)

Aquí el reto es poder entonces extender este tipo de música lo suficiente para que pueda integrarse a la dinámica del concierto, que es esencialmente para la audición. Esto hace que la obra se sienta ligera respecto a las otras a interpretar, como bien lo expresó el violista del cuarteto, Natham Schram, en el concierto.

Lo que llama la atención, es que estos elementos estéticos cotidianos hayan permeado ya la música de concierto, algo que es de esperar si tenemos en cuenta que se está produciendo un cambio generacional importante. Parte de esto se debe a los cambios de consumo de la música y de las artes, mayoritariamente accesibles por medios digitales, donde constantemente se presentan cambios en las narrativas que afectan la forma y nuestra aproximación estética.

La primera parte cerró con una selección de cuatro piezas de John Adams del Libro de John de las supuestas danzas, dispuestas a la manera de una suite, esto es, que se contrastan por su carácter. Toot Nipple es una obra de carácter rústico y vivo, Alligator Escalator tiene un carácter más ligero que se apoya al final con un bajo caminante (no jazzístico) realizado por el violonchelo en pizzicato, Pavane: She’s so fine simula una tonada de Louisiana cuyas armonías son muy cercanas a las de Aaron Copland y Stubble Crotchet tiene un carácter más recio y rítmico cercano al tango de Piazzolla o a las danzas de Bartók. Con esta suite se develó la estructura del concierto, que consistió en la elección de obras musicales que estuvieran relacionadas con otras manifestaciones artísticas. Así, Entr’acte nos llevó al teatro de variedades, Valencia al arte audiovisual, John’s Book of Alleged Dances al mundo de la danza, y el cuarteto La muerte y la doncella a la literatura.

Este programa puso un reto interesante al cuarteto, pues requiere que se ‘cambien de ropa’ frente a los espectadores, como sucede en el teatro. Es en esto quedó demostrada la maestría del Cuarteto Attacca. De igual forma, la disposición de las obras "en orden de dificultad", permitió que pudiéramos disfrutar de cada una, generándonos una expectativa positiva para la obra de la segunda parte.

Pasando de los asuntos banales a los graves, el concierto cerró con el Cuarteto en re menor No. 14, D. 810 de Franz Schubert, más conocido como La muerte y la doncella, por estar inspirado en el poema homónimo de Matthias Claudius, que Schubert convirtió en lied.

Quiero resaltar la sonoridad sinfónica que le imprimieron a la obra, como también las bien logradas texturas y carácter de cada movimiento. Los cambios de tiempo entre las secciones fueron impecables, aunque la repetición idéntica de las mismas fue un tanto monótona. Me hubiera gustado sentir una mayor exageración lírica en el segundo movimiento, pues la gestualidad no afectó siempre la sonoridad (aunque sí las emociones de quienes se mantuvieron atentos).

De igual forma, me hizo falta una mayor cisura antes de atacar la coda del último movimiento, pues se perdió un momento crucial de dramatismo, antes de resolver toda la tensión acumulada. No obstante, estos pequeños detalles no afectaron en nada el resultado final del concierto, que mantuvo a algunos espectadores literalmente en el borde de la silla. Igualmente, fue bastante cortés y generoso haber tocado de bis el tercer movimiento del Cuarteto en sol mayor de Dvorák.

* Compositor y musicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, miembro del Círculo Colombiano de Música Contemporánea CCMC.

877579

2019-08-23T20:45:55-05:00

article

2019-08-23T20:46:30-05:00

jpiedrahita_250613

none

Pedro Sarmiento*

Música

Cuarteto Attacca: músicos para el siglo XXI

44

6101

6145