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27 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Cuartetos y quintetos: alma y nervio de la música de cámara

La próxima edición del Cartagena Festival de Música, que se realizará del 4 al 10 de enero de 2022, estará dedicada a la música de cámara. El cuarteto, y en segundo lugar el quinteto, son fundamentales para este género. Aquí una exploración de sus orígenes y sus alcances.

Juan Carlos Garay

El cuarteto Oistrakh, de Rusia, es uno de los invitados al Cartagena XVI Festival de Música, cuyo lema es “El color del sonido”.   / Cortesía: Fundación Salvi
El cuarteto Oistrakh, de Rusia, es uno de los invitados al Cartagena XVI Festival de Música, cuyo lema es “El color del sonido”. / Cortesía: Fundación Salvi
Foto: WWW.FEFELOFF.COM

La historia le asigna a Joseph Haydn el rol de padre del cuarteto de cuerdas, que es quizá la formación más “seria” de todo el universo de la música de cámara. Esto ayuda, sin duda, a imaginarlo como un hombre sesudo y brillante: ¡El inventor del cuarteto, nada menos! El artista que supo escuchar, antes que el resto del mundo, las posibilidades sublimes de esa combinación de cuatro instrumentos de cuerda frotada.

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La verdad, sin embargo, resulta ser más casual. En la década de 1750 Haydn era el compositor al servicio del barón Von Fürnberg y tenía la obligación de escribir música para los tres instrumentistas de planta de su castillo. Sí, eran tres, de acuerdo con la costumbre heredada desde el período barroco: dos violines y un llamado “bajo continuo”, que bien podía ser un clavecín o, en este caso, un violonchelo. Pero resulta que entre los invitados solía estar un instrumentista adicional que tocaba la viola. Nada que hacer, había que escribir una cuarta línea.

En poco tiempo el formato se fue fortaleciendo. Hoy podemos entender mejor su funcionamiento y qué lo hace tan importante. En primer lugar, es una arquitectura sonora que se sostiene en cuatro grandes columnas, símbolo de solidez. Y luego están los roles que cumple cada instrumento. El violonchelo es el suelo firme. La viola traza la armonía. El primer violín lleva casi siempre la voz cantante…

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¿Y el segundo? Bueno, la mejor definición la encuentro no en un tratado de musicología, sino en una novela: Una música constante, del escritor indio Vikram Seth. El protagonista es el segundo violinista de un cuarteto, y hace esta reflexión sobre su labor:

Estoy de acuerdo con quien dijo que sería más propio llamarlo ‘el otro violinista’. Su papel es distinto, no menor, más interesante porque es más versátil. A veces, al igual que la viola, se halla en el núcleo de la textura del cuarteto, en otras canta con un lirismo igual al del primer violín, pero en un registro más grave y difícil”.

El cuarteto de cuerdas siguió una evolución más o menos pausada, hasta que llegó Beethoven. Y entonces fue como si todo lo anterior hubieran sido lomas, pequeñas elevaciones del terreno, y lo nuevo el monte Everest. Beethoven le imprimió carácter, trascendencia. En sus cuartetos hay referencias a la música folclórica y a la música sacra, a los días radiantes y a las tormentas del alma. En otras palabras, a la complejidad humana. Edward Dusinberre, violinista del Cuarteto Takács que grabó el ciclo beethoveniano completo, escribió que lo más impresionante son “los fuertes contrastes de ánimo y el extraordinario rango de emociones”. Y todo ello, no se nos olvide, con los mismos cuatro instrumentos.

Al alcanzar una cima tan alta, el problema fue grande para las siguientes generaciones: ¿Cómo avanzar en el lenguaje del cuarteto de cuerdas? ¿Cómo no repetirse? Ese aporte se lo debemos a los franceses. Debussy, en particular, rompió varios moldes cuando escribió su Cuarteto en sol menor, en 1893. En esa época había tal respeto hacia el formato que los compositores solamente lo emprendían cuando ya estaban en una edad avanzada. Debussy, que estaba rebelado contra los conservatorios, decidió hacer su cuarteto a los 31 años. Y, acorde con la tendencia impresionista que reinaba en las artes, lo llenó de muchas atmósferas y pocas melodías.

Para responder a Beethoven, entonces, había que irse por caminos muy diferentes. Incluso en el siglo XX, el modelo trazado por él seguía siendo objeto de reverencia, por no decir temor. En las notas interiores de su disco de cuartetos de cuerdas (interpretados por el famoso Cuarteto Kronos) en 1995, el compositor Philip Glass se confesaba intimidado ante lo “serio y significativo” que ya había escrito en ese formato el genio alemán.

Otra posibilidad de innovar en música de cámara estuvo siempre en lo numérico. Variar la cantidad de instrumentos, sumar, se abrió como una opción que redundaba en un sonido más amplio. Menos recurrente para los compositores, pero no menos interesante, fue el quinteto. La idea sugería un instrumento adicional, pero no establecía cuál. Mozart, por ejemplo, había resuelto la cuestión agregando una segunda viola. En cambio Brahms, quien vivió medio siglo después, se decantó por agregar sonidos que no estuvieran presentes en el cuarteto original: escribió un quinteto con piano a sus 30 años y luego, hacia el final de su vida, un quinteto con clarinete que está lleno de reminiscencias y nostalgias.

Pero si el quinteto representa la suma, el octeto sería la multiplicación. Este ha sido un formato menos popular en la música de cámara, si bien los resultados suelen ser muy interesantes. En el octeto todo se duplica: hay cuatro violines, dos violas y dos violonchelos. Mendelssohn es famoso por haber escrito uno antes de cumplir los 18 años. Casi al mismo tiempo, un compositor menos conocido llamado Louis Spohr experimentó con la escritura de cuatro octetos diferentes. Los llamó “cuartetos dobles” y al escucharlos desfilan todas las posibilidades de la forma musical: desde hacer simples repeticiones hasta darle una voz propia a cada uno de los ocho.

Ocho parece ser el número límite. Sin que nadie lo haya establecido, los oídos tienden a señalar que hasta ahí llega la música de cámara y empieza, digamos, un lenguaje cuasi sinfónico. Esa es otra historia. Lo que nos ha interesado aquí es la magia del número cuatro y su sentido como base para ideas sonoras que parecen infinitas. El cuarteto que, como alguien bien lo dijo, es el alma y nervio de la música de cámara.

Cuartetos y quintentos en el Cartagena Festival de Música

En la edición 16 del Cartagena Festival de Música se escucharán algunos de los cuartetos, quintetos, sextetos, septetos y octetos más icónicos de la música del siglo XIX. A continuación algunos de nuestros imperdibles:

Martes 4 de enero de 2022 a las 4:00 p.m. en la Capilla del Sofitel Santa Clara: Octeto en mi bemol mayor, op. 20 de Félix Mendelssohn interpretado por los cuartetos Hugo Wolf (Austria) y Goldmund (Alemania)

Miércoles 5 de enero de 2022 a las 7:00 p.m. en la Capilla del Sofitel Santa Clara: Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerdas en si menor, op. 115 de Johannes Brahms interpretado por Pablo Barragán (España) y el Cuarteto Modigliani (Francia).

Jueves 6 de enero de 2022 a las 7:00 p.m. en el Teatro Adolfo Mejía: Quinteto para cuarteto de cuerdas y piano en fa menor, op. 14 de César Franck interpretado por Matan Porat (Israel / Francia) y el Cuarteto Modigliani (Francia)

Sábado 8 de enero de 2022 a las 7:00 p.m. en el Teatro Adolfo Mejía: Sexteto para cuerdas en re menor, op. 70 “Souvenir de Florencia” de Piotr Ilich Tchaikovsky interpretado por el Cuarteto Oistrakh (Rusia) y miembros del Ensamble Alban Berg de Viena (Austria).

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