Octavio Daza Daza

El cantor del río Badillo

Es 1977 el inicio de lo que sería su encumbrada carrera. Diomedes Díaz y Elberto López adoptan como propios unos versos y unas melodías que lo volvieron un compositor inmortal, a pesar de que se marchó el 12 de enero de 1980.

Octavio Daza Daza nació el 15 de abril de 1943, en el hogar de Samuel Daza Hinojosa y Palmina Daza Maestre.Archivo

“El río Badillo fue fiel testigo de que te quise…” Octavio Daza Daza

La suerte de Octavio de Jesús Daza Daza está enmarcada en la visión de un caminante que se hace, no en la noche de su nacimiento sino en el sitio donde empieza a balbucear sus primeros alegatos de la vida. Él nació en San Juan del Cesar, en la Guajira, el 15 de abril de 1943, en el hogar de Samuel Daza Hinojosa y Palmina Daza Maestre, pero fue en Patillal, infante y luego adolescente, donde cayó rendido por la prosa.

Toda la vida quiso ser lo que luego fue con lujos de detalles: un compositor. Ese viejo anhelo lo cristalizó con unas cuantas obras, que lo llevaron a la cúspide y lo hicieron inmortal.

Él supo capotear, en más de una ocasión, la irreverencia del artista de moda o la poca fe que generaban sus nacientes versos. Pese a todo ello, estaba ahí poniéndole el pecho al frío de la nevada. Iba de un festival a otro o se metía en la parranda, en donde los consagrados de la composición jugaban de locales.

Más adelante logró su primera grabación a través de un tema jocoso conocido Como el baile de los animales, que fue interpretado en 1965 por el artista Dolcey Gutiérrez.

El tiempo pasó como siempre sin hacer ruido, y le dio la madurez como persona pero ante todo como creador. Corría los finales de la década del 70 y el muchacho que esperó tanto, se armó de valor, una guitarra, unos versos y unos amigos intérpretes que le secundaran sus sueños. Eso lo logró en solo tres años.

Es 1977 el inicio de lo que sería su encumbrada carrera. Diomedes Díaz y Elberto López adoptan como propios unos versos y unas melodías que hacen de ese canto “siento tu amor frente a mí como el estudiante que en su desespero…”, un llamado de atención de lo que sería su corto pero fructífero paso por la tierra. Ahí arranca su periplo musical, con una crónica amorosa, llena de sentido de pertenencia por los elementos más cercanos a su vida.

La canción empezó a hacer su recorrido sin tener que recurrir a mecanismos oscuros, de pagar para ser escuchado o de perder su identidad. Eso lo logró la canción en sí, que se abría espacio y ponía en boca de todos a un nuevo creador, que ya había saboreado el agradable dulce de sentirse grabado, más no, el de empezar a recorrer los caminos del triunfo.

Octavio de Jesús, era un hombre callado y temperamental, pero meticuloso. Todo en él estaba fríamente proyectado. Por eso fue que entendió que alterno a la canción grabada debía llevar sus canciones inéditas a los pueblos donde se hacían festivales. Por eso no era raro escuchar las noticias radiales: “en el festival del pueblo tal, hay un muchacho que impacta con su canción, en el concurso de la inédita”.

Sus hermanos, desde pequeño le decían “OKY”, manera cariñosa de demostrarle el afecto que le tuvieron siempre. Con esa palabra lo despedían al marcharse para el Colegio Cristo Rey de Bucaramanga, donde estudió Bachillerato o al irse a la universidad Santo Tomás, donde se graduó con honores como Ingeniero Civil. Al tiempo que hizo su carrera profesional en capital, organizó el primer conjunto vallenato en ese claustro universitario, que le sirvió para moldear sus versos, en procura de ser distinto a los de su generación.

No hubo pueblo de la región Caribe que no sintiera el influjo de sus creaciones. Su guitarra como compañera, junto a su inspiración; el canto de Armando Moscote y el acordeón de Julio Rojas, ya fallecidos como él, especies de escuderos musicales, se hicieron asiduos visitantes y figuras de primer llamado en cada uno de esos eventos.

Así se hizo Octavio de Jesús Daza Daza, al ganar con excepción del Festival Nacional de Compositores de San Juan del Cesar, La Guajira, todos los Festivales que con música vallenata se hacen en Colombia: Festival de la Leyenda vallenata-Valledupar, con su obra cumbre Río Badillo, grabada por los Hermanos “Poncho” y Emilianito Zuleta; y la figura nacional Claudia de Colombia; Sanandresana, Festival de Acordeones en  San Andres Islas, grabada por Diomedes Díaz y Nicolás Mendoza; y en el Festival Sabanero del Acordeón, ocupó el tercer puesto con  Linda sabanera, interpretada por Daniel Celedón y Norberto Romero, entre muchas otras actividades musicales.

A este consumado poeta, que vivía un momento especial dentro de la música vallenata, le truncaron la vida el 12 de enero de 1980 en Barranquilla.

Un día cualquier nació el reconocido creador. Otro igual se marchó, pero nos dejó una obra de grata recordación, que sigue prendida en el sentir de la gente, que sigue al vallenato en toda su dimensión. Muchas, entre ellas, Figuras de amor (Mi novia y mi pueblo) que tuvo dos versiones, una por Jorge Oñate y Raúl Martínez, y la otra por Rafael Orozco e Israel Romero; Oye tu cantada por Jorge Oñate y el acordeón de Raúl Martínez; al igual que Dime Pajarito por el Binomio de Oro, no pudieron ser escuchadas por su creador.

Él hace parte de los compositores escogidos por la naturaleza musical de nuestra gran provincia, que sabe cómo poner todo en su sitio, sin que sea producto de los top exitosos, aunque vivió y bebió de ese manantial, su obra es ejemplo del lirismo citadino, que bien puede sentir en su mayor dimensión. Daza Daza fue un creador que sin proponérselo logra que su obra ayude a construir nuevos pueblos y generar luces de modernidad o postmodernidad.

En ese bullicio de los pueblos, en donde las cantinas sirven de alcahuete a tantos sueños perdidos y otros por lograr las voces de nuestros cantores Jorge Oñate, Poncho Zuleta, Diomedes Díaz, Armando Moscote, Pablo Atuesta, y Gustavo Bula, quienes lograron interpretar sus anhelos, desgranan de manera certera los versos y melodías, que un hermano colombiano compuso con el solo propósito de contribuir a que el vallenato camine por sendas triunfantes, al tiempo que “un tropel de golondrinas voló, se escucharon campanazos en mi pueblo y la Malena en su interior lloró”, que escribió a manera de despedida.

*Escritor, periodista, compositor y gestor cultural.

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