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Una tradición que alcanza hasta principios del siglo XX, cuando la pianista Marguerite Long, amiga de Maurice Ravel, brilló en el paisaje de Francia como intérprete y maestra, teniendo entre sus alumnas a la pianista Ada Cecchi, la Mamma italiana de las hermanas Labèque, hija de un padre no menos virtuoso, antifascista, que se refugió en Francia hastiado del sambenito político que fue Mussolini en Italia.
Casada con un médico francés, Madame Cecchi apoyó a sus hijas para que estudiaran piano en el Conservatorio de París. A la edad de 14 años (Katia) y 12 (Marielle) empezaron su recorrido a dúo por el mundo del piano cuando las dos fueron premiadas, por unanimidad, en el concurso final, logrando una proeza desconcertante y estimulante para sus maestros.
Terminaban los años 60 y las hermanas Labèque, nacidas a principios de los 50, estaban preparadas para interpretar la música de autores tan exigentes como Messiaen, Brahms o Liszt, sin reducir su talento al repertorio de la música académica: felizmente han cruzado las fronteras de los géneros fluyendo en el pop versión Beatles; en la música de George Gerswhin —Rhapsody In Blue; An American in Paris—; en el minimalismo según La Monte Young o Philipp Glass para su proyecto The Labèques Minimalist Dream House; celebrando a Leonard Bernstein con su versión de West Side Story, un musical que también cruzó fronteras cuando la historia de Romeo y Julieta se trasladó a Nueva York para estar luego en el cine como la banda sonora de una época frenética, vivida por adolescentes que bailaron, cantaron y pelearon, tratando de comprender por qué estaban en América, ilustrando la biografía musical de las hermanas Labèque en el entorno del que surgió The Labèques’ Minimalist Dream House, explicado como un contraste de tiempos: “Quizá fue más difícil ser vanguardista hacia los años 50, pero no hacia finales de los años 60”.
Un riesgo asumido con creatividad, progresivamente, mientras avanzaban con su repertorio en la segunda mitad del siglo XX, aún más asombroso cuando Katia y Marielle Labèque simulan en el escenario una ilusión óptica: ¿Una pianista multiplicada por dos? En realidad son dos pianistas que parecen una por la comprensión mutua del talento compartido; un espejismo real y en movimiento sobre el paisaje sin límites de un teclado.
ESPECIAL PARA ‘EL PENTAGRAMA’
* Columnista de El Espectador.