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Un nuevo libro sobre “Los cuatro fantásticos” ha sido recientemente traducido al español por Ediciones Urano y con tan sólo un mes de diferencia con España ha aterrizado en las librerías nacionales. Pero antes de que la noticia haga que los adoradores de su música salgan sin pensar a comprarlo en las tiendas, y antes de que sus detractores se horroricen de que la industria de libros, dvd, afiches, vestidos y películas siga sacándole tanto provecho a la excepcional reunión de John, Paul, George y Ringo, hay que decir que este libro tiene una diferencia fundamental que debe ser valorada por aficionados y distantes amantes del cuarteto de Liverpool; una diferencia resaltada por los críticos y por el prologador del libro, el reconocido músico Elvis Costelo: es un libro que antes que adentrarse en las biografías de los músicos y los avatares de la banda reflexiona con crítica y detalle sobre cómo se construyó el sonido de canciones míticas de Los Beatles como She loves you y I want to hold your hand.
El sonido de Los Beatles, memorias de su ingeniero de grabación recoge las experiencias que Geoff Emerick tuvo junto a la banda en los míticos estudios de Abbey Road, que el año pasado sonaron por la posibilidad de que su dueño, el sello EMI, los vendieran para construir apartamentos de lujo. El libro es una inmersión a través de las palabras de un hombre que ve, como en una especie de sinestesia, la música en colores y que desde los 19 años estuvo en la capacidad de fantasear junto a John Lennon y Paul McCartney cómo se podía inventar un sonido.
Emerick era aún un jovencito que había brillado calladamente como asistente en las producciones de los estudios, cuando fue designado el 6 de abril de 1966 para reemplazar a Norman Smith, que había sido el ingeniero de Los Beatles hasta entonces. La banda, como era de esperarse, recibió con profunda reticencia el nombramiento que había hecho unilateralmente George Martin, uno de los pesos pesados de los estudios Abbey Road. Sin embargo, el chico se posicionaría en su puesto tras sobrepasar una prueba de fuego. “Agucé el oído al escuchar la última indicación que John le dio a George Martin: quiero que mi voz suene como el Dalái Lama cantando desde la cumbre de una montaña a kilómetros de distancia”, cuenta Emerick en el libro para agregar luego: “Aquello era típico de John Lennon. A pesar de ser uno de los mejores cantantes de rock& roll de todos los tiempos, odiaba el sonido de su propia voz y siempre nos estaba implorando que la hiciéramos sonar diferente”. Geoff Emerick se consagraría entonces utilizando un amplificador Leslie, que estaba conectado a un órgano Hammond, por el que nunca nadie antes había hecho pasar una voz. El sonido conseguido sería de tal agrado para Lennon que intentaría, incluso con ideas descabelladas como colgarse con unas cuerdas sobre el escenario, repetirlo en vivo, por fuera de los estudios.
El libro, que alcanza las 391 páginas, va contando a través de anécdotas las maneras como la guitarra de Harrison y la batería de Ringo Starr empezaron a conseguir nuevos matices mientras se grababan las canciones del álbum Revolver. “Ringo, que era un fumador más empedernido que los otros tres, tenía la costumbre de tener siempre a mano el paquete de tabaco, justo encima de la caja, incluso mientras tocaba. En cierta manera creo que esto contribuía incluso a su sonido de batería característico, porque servía para amortiguar levemente el parche”. Esta observación que hacía el novato ingeniero de grabación devino en una idea para potenciar más el beat. Emerick desmontó el parche de la batería, ese que llevaba la emblemática tipografía que rezaba: The Beatles, y tomó un suéter y lo empotró contra el parche de golpeo, puso de nuevo el parche y dispuso un micrófono enfrente, casi tocándolo. Dio así origen a las alabanzas de Ringo, que le dijo: “¿Qué demonios hiciste con mi batería? Suena fantástica”.
Pero el libro no sólo desentraña cómo Lennon y McCartney solían, a pesar de lo que se creía, componer las canciones por separado; no sólo repara en la habilidad de estos dos para cambiar el sonido de la s por sh, a la manera como solía oírseles a muchos cantantes estadounidenses, o cómo el enclaustramiento de Yoko Ono en los estudios de grabación, con cama y todo, mientras se recuperaba de un accidente y empoderada de un micrófono para dar apreciaciones sobre lo que se cocinaba en las grabaciones, terminó por resquebrajar la música de Los Beatles.
El libro, como lo hace notar Elvis Costelo, logra darles visibilidad a esos genios con nombres que solo los del gremio recuerdan y por los que las jovencitas no pierden el juicio, pero que son altamente responsables de los sonidos de las bandas. “A pesar de las interminables especulaciones sobre la música pop de los años 60, la contribución de un puñado de ingenieros de sonido todavía no se ha valorado lo suficiente”, dice Costelo, y el libro es un paso para mostrar que en el éxito arrollador de ‘Los cuatro fantásticos’ definitivamente hubo más que cuatro.