Hacer música con baldes: resistir desde la forma misma de hacer música

Canecas de pintura, ollas pitadoras, cacerolas, botellas y sartenes hacen parte del arsenal de instrumentos con los que estos jóvenes se plantean una forma diferente de lograr transformación.

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Diego Ojeda /@diegoojeda95.
04 de julio de 2018 - 02:04 a. m.
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En Colombia el simbolismo es una forma de resistir a la guerra. Un ejemplo de esto fue la Marcha del Silencio que protagonizó Gaitán como un llamado a la paz en febrero de 1948, o la ‘escopetara’, un instrumento creado por el músico colombiano César López quien fusionó un fusil y una guitarra, convirtiendo su invención en un símbolo de la no violencia.

Bajo esa premisa, la banda de música punk bogotana Balde Boys ha visto en objetos comunes como peroles, botellas y canecas una forma de decir a las personas que cualquiera puede hacer música y cantarle a lo que no le gusta.

Para ellos, salirse del molde de la música actual, es decir, no emplear instrumentos convencionales como bajos, pianos y baterías; facilita el hecho de denunciar y decir las cosas que no les permite la industria cultural.

Pero el simbolismo va más allá de los baldes. Eduardo Moderadamente Absurdo Garnica, balderista de la banda, tiene las uñas pintadas de rosado. Para él, la intención de esto es incomodar a quien está ‘heteronormado’ bajo unas prácticas machistas. Santiago Front Man Balde Voz, vocalista, asegura que, aunque la sociedad demande que un hombre de su edad, 26 años, vista de cierta forma, prefiere seguir usando su chaqueta de jean con parches y botones, gafas oscuras y vans de cuadros.

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Una agrupación que manifiesta su inconformismo

 

En una de sus canciones los Balde Boys cantan sobre las ejecuciones extrajudiciales, más conocidas como ‘falsos positivos’. Este año se conmemora una década desde que el país supo que un grupo de 13 jóvenes del municipio de Soacha, quienes habían desaparecido, fueron asesinados por la fuerza pública en Ocaña (Norte de Santander) y reportados como guerrilleros e integrantes de bandas criminales.

La letra de Desaparecidos resume esta realidad: “Suena un disparo a quema ropa, ahora le están poniendo unas botas, dicen que era guerrillero y el agente cobra su dinero. En serio, hay quien cobra su dinero, el pobre pelao iba pa’ ingeniero y saliendo de estudiar lo desaparecieron, otra abuela más que llora a su nieto”.

Este fragmento describe parte de los patrones que han identificado diferentes organizaciones como la ONU y el mismo Consejo de Estado colombiano, los cuales han concluido que los asesinatos fueron protagonizados por miembros de las fuerzas militares quienes, en el marco del conflicto armado colombiano, capturaron de manera ilegal a personas, usualmente jóvenes, indígenas, marginados o líderes comunitarios. Posteriormente fueron reportados como insurgentes asesinados en combate y aparecieron uniformados y dotados con armas en lugares lejanos a su detención. Después, se eliminó cualquier rastro que permita esclarecer su identidad, como objetos y documentos. Los enterraron como N.N. mientras que los miembros de la Fuerza Pública fueron premiados con incentivos económicos y reconocimientos profesionales.

No se conoce, de manera oficial, el total de víctimas de este crimen. No obstante, una de las más recientes estimaciones, aportada por el investigador Omar Rojas Bolaños y publicada en el libro “Ejecuciones Extrajudiciales en Colombia 2002-2010”, estima que la cifra se acerca a los 10.000 casos.

Otras organizaciones, como la Coordinación Colombia Europa Estados Unidos (CCEEU) calculan que, en un periodo de tiempo similar al anterior, la cifra supera los 5.000.

Para Rojas, esta realidad no es un asunto del pasado, afirma que los ‘falsos positivos’ continúan, solo que con una menor intensidad. De hecho, los mismos miembros de Baldes Boys aseguran temer convertirse en víctimas.

“Alguna vez tocamos en el Espinal y había motos de gente armada rondando el sitio donde nos estábamos quedando. Muchos toques en Bogotá se acaban porque llega la Policía dentro de la fiesta, nos amenazan con tasers, nos patean los baldes”, comenta el vocalista de la agrupación.  

En la canción “Desaparecidos”, la banda, de la que también hacen parte Bismarck Rorro Caicedo y Juan Baldes, alias Mosco,  además se escucha una crítica a lo que consideran como una falta de interés del periodismo por este tema en su agenda de noticiosa.

“Hoy canaleo en mi cama relajao, mientras en la calle desaparecen pelaos, no sé lo que sucede, no sé qué está pasando, pero en Caracol no los están mostrando. Bajo dos canales, llego a RCN, ya les queda claro que mi compañía es Telmex, busco en las noticias y todo es lo mismo, esta cosa común no le importa al periodismo”.

Pero lo anterior no es lo único a lo que le canta esta agrupación. Dentro de su repertorio también se encuentran canciones como “El Doctor sin Doctorado”, una crítica a Enrique Peñalosa.

 

Las apariencias engañan

 

Los Baldes afirman que la reacción de la gente ante su apariencia genera en los demás comportamientos como cambiarse de acera . Destacan que su actitud como personas, lejos de querer hacer daño al mundo, está en transformarlo con acciones cotidianas.

“Si vemos un tropel lo paramos, siempre estamos a favor de la tranquilidad. Si encontramos un papel en el piso no nos quejamos, lo levantamos y lo botamos, eso es parte del cambio”, dice ‘Mosco’ al explicar que la misión que tienen como banda es generar un pensamiento crítico en las personas que escuchan su música. Le llaman “alterar las mentes”.

Todos concluyen que como agrupación su mayor galardón es recibir el reconocimiento de las comunidades que los invitan a tocar en sus barrios y apoyar causas sociales.

En algunos encuentros, para ellos, el solo hecho de sentarse con otros panelistas “bien vestidos”, es un contraste que demuestra que se puede pensar diferente y convivir en paz; un mundo en el que caben todos y no hay superiores ni inferiores, solo personas que comparten la misma dignidad.

Por Diego Ojeda /@diegoojeda95.

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