1 Mar 2018 - 2:00 a. m.

Jorge Drexler, el poder elocuente del silencio

“Salvavidas de hielo” es la más reciente creación del uruguayo, que asumió el desafío de desaprender en la música para no repetirse y emprender un periplo novedoso en el estudio de grabación.

Juan Carlos Piedrahita B.

Para Jorge Drexler, en América Latina existe una corriente submarina que determina buena parte de las propuestas musicales de esta porción del continente. Según el uruguayo, que tiene amplios conocimientos en las manifestaciones tradicionales de muchas de las naciones hispanoparlantes, Latinoamérica posee una ventaja muy grande frente al resto del mundo, y es que la integración entre sus pueblos se realiza de manera fluida, casi por inercia. Mientras que en la generalidad del planeta la condición de la multiculturalidad es extraordinaria, en esta parte del universo se manifiesta como un suceso normal; es, por decir lo menos, una norma, una característica vivencial.

“El experimento de combinar culturas que se está haciendo en todas las grandes ciudades del mundo, América Latina lleva más de 500 años haciéndolo de una manera muy intensa y muy fundamentada en algunas ocasiones; a veces dura, otras veces amorosa; pero la integración entre África, las culturas precolombinas y Europa es un laboratorio muy poderoso en nuestra porción continental, así que estamos muy bien preparados frente a este nuevo paradigma cultural del universo”, cuenta Jorge Drexler, quien tuvo la intención de incluir esta condición múltiple de los pueblos de Latinoamérica en “Salvavidas de hielo”, su más reciente producción discográfica.

El músico se nutrió de todos esos sonidos experimentales de la multiculturalidad y tardó un año entero reuniendo el material idóneo, ese armamento genuino con el que podía respaldarse para hacer el ingreso, otra vez, a un ámbito complejo como el estudio de grabación. Se concentró durante doce meses desde que compuso la primera canción del disco en aflorar en su cabeza, Quimera, hasta que puso el punto final de la última tonada que arribó hasta su orilla creativa, Despedir a los glaciares.

Jamás había invertido tanto tiempo y esfuerzo en la realización de una producción discográfica. Las anteriores habían aparecido después de asumir retos distintos, y muchas ya estaban argumentadas en su mente desde las ganas y a partir del deseo de un desenlace original. Aquí la historia fue distinta para Jorge Drexler y el derrotero que tuvo que asumir como timonel se basó en la toma de decisiones, algunas de ellas se sintonizaron con su experiencia, mientras que otras fueron producto de su intención de improvisar, así como lo haría un aprendiz musical.

“La verdad es que, por un lado, al no ser el primer disco que hago, uno va sabiendo cómo puede ir enfrentándolo mejor. Pero también te digo que cada disco siempre se viene con una sensación de riesgo muy grande. Muchas veces lo que hago es poner desafíos, como en este caso de hacer todo el disco solamente con la guitarra. Eso es un desafío que nos hizo pasar muchas dificultades estéticas. Muchas veces estuvimos a punto de desistir en su realización, pero nadie nos dijo que iba a ser fácil, así que seguimos adelante con la idea inicial”.

Con elementos como la multiculturalidad definida y con la iniciativa de potencializar el sonido de las cuerdas, el uruguayo estuvo a punto de parar, de desistir. Incluso, ya en los estudios de grabación de México y Madrid, donde se adelantó el registro de “Salvavidas de hielo”, exclamó en más de una ocasión: “vamos a llamar a un tecladista... y unos vientos... y una batería. Mejor hagamos este disco de la forma habitual”. Por suerte para su música, se mantuvo firme y el resultado del álbum lo tiene muy orgulloso, porque estableció un tipo de sonoridad que no conocía.

A Jorge Drexler la experiencia musical le gusta en toda su amplitud. Le han hecho guiños en distintos momentos de la vida las versiones más orquestadas y sinfónicas. Para otros pasajes ha preferido las exploraciones electrónicas; y en oportunidades específicas se ha inclinado por las muestras acústicas, más bien cercanas al minimalismo, como ocurrió en su más reciente producción artística. Él suele condensar la discusión con que lo que más le complace de su arte es la posibilidad de moverse con libertad por diferentes formatos.

“Trabajamos con cinco percusionistas en “Salvavidas de hielo”, y un poco lo que ocurrió fue que el sonido del instrumento fue el responsable de las bases rítmicas. Puedo decir que los músicos iban tocando, pero desde la cabina no estábamos pensando necesariamente en un género particular. Para mí, tiene más sonidos a rumba flamenco que a otra cosa, pero también tiene sonidos del candombe y de la música colombiana, que se fue pegando también”, dice Jorge Drexler, quien estuvo respaldado en las voces con tres invitadas especiales: Mon Laferte en Asilo, Natalia Lafourcade en Salvavidas de hielo y Julieta Venegas en Abracadabras.

Además de los elementos mencionados en el álbum, el artista hizo una incorporación estratégica y es que convocó al silencio como parte de su andamiaje. No solamente le escribió una canción, sino que fue más allá y le estructuró una propuesta, en la que deja claro que los contrastes en la música son parte esencial del sonido. La paradoja siempre ha sido un condimento en la actividad de Jorge Drexler y en este trabajo discográfico, la contradicción se manifiesta en el pulso existente entre el silencio y el ruido.

“Aunque hay espacios de silencio en el disco, yo los veo como una posibilidad interpretativa, porque el silencio tiene un poder muy elocuente. Tocar esta canción, tocar Silencio en vivo, es uno de los momentos más intensos del concierto. El silencio compartido con gran cantidad de personas es una experiencia inolvidable. En un mundo que siempre estamos llenando los espacios de sonido, siempre hay música de fondo, y estamos llenando el vacío con cosas que muchas veces ni siquiera entendemos”.

Jorge Drexler se presentará en Bogotá (jueves 5 de abril, Teatro Jorge Eliécer Gaitán) y Medellín (viernes 6 de abril, Teatro Metropolitano). Ahí interpretará su música y, de forma paradójica, compartirá el poder elocuente del silencio.

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