No sabe echar chistes, tiene mala ortografía y es pesado para el inglés, al contrario de Shakira, que aprendió inglés desde niña y tiene un talento especial para los idiomas. Pesado sí, pero no tonto, hizo de esta limitación una bandera de rebeldía y le ha sacado partido poniéndose camisetas desafiantes que dicen «frijolero» o «se habla español», como la que usó la noche de su moñona en la entrega de los premios Grammy, ceremonia en la que es obligatorio hablar inglés. No le gusta el fútbol, «porque no», ni las charcuterías ni los jamones...
Por Julio César Londoño
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