La fuga de James Rhodes

El pianista británico recorre las salas de conciertos del mundo con una nueva publicación bajo el brazo: "Fugas", la continuación de un descarnado relato de dolor, abusos, drogas, soledades, fobias, paranoias, miedos, y una única tabla de salvación: La Música.

James Rhodes asegura que la humanidad necesita más música y mucha más creatividad. José Gutiérrez

A primera vista se le ve como un tipo normal, de los que socialmente encajan. Concentrado, sereno, de voz tenue y acento británico. Los jeans y tenis le dan una apariencia joven, su pelo revuelto y visiblemente canoso, le brindan un aura artística, de alguien que habita otra realidad. Por fuera James Rhodes es uno de los grandes pianistas del siglo XXI, una suerte de genio que viaja por el tiempo y el espacio, capaz de transportarse y transportar a quien lo escucha a otras épocas y lugares, a través de las 86 teclas del piano. Allí, entre blancas y negras es donde este hombre de casi 43 años y con un pasado tormentoso, logra fugarse de las voces que lo atormentan y que incesantemente le hablan en su cabeza. Desde los 6 años y hasta los 10, fue violado por su profesor de gimnasia, tal como lo relató en su exitoso libro Instrumental.

A veces es difícil definir la experiencia con la música. ¿Para usted cómo es la experiencia con su piano, en un concierto, cuando está solo? ¿Qué significa la música?

Lo mejor de la música es que va intrínseca en las palabras. Es algo con lo que puedes “perder el tiempo” de una buena manera. Es una forma de meditación, es un lugar seguro, infinito, seguro, íntimo y especial. Pienso que en el mundo en el que vivimos, en pleno 2017, todos necesitamos algo así.  Y si no es música, entonces es escribir, pintar, dibujar, fotografía, todo lo relacionado con creatividad. Es muy muy importante.

Es aficionado y conocedor absoluto, no solo de toda la obra de Bach, si no de su historia personal, con quien se siente fuertemente identificado por los brotes de dolor que el compositor alemán sufrió y que dejó plasmado en sus preludios, sonatas y sinfonías, que Rhodes interpreta como si Bach estuviera dentro de él.

Cómo se conecta con la música clásica, con aquellos músicos del pasado. ¿Cree que tiene una conexión de alma a alma?

Yo pienso que todos tenemos una conexión con la música, sea clásica o sea rock, no pienso que haya mucha diferencia. La música es la música, y todos respondemos a ella. Por ejemplo, te imaginas ver una película sin música de fondo, esto no tendría sentido. Para mí siempre ha sido clásica siempre, pero pienso que la gente la escucha podrá entender por qué. Tal vez no les gusta Bach, pero aman a Chopin, hay tanto para escuchar y experimentar que me gustaría que la gente pudiese escuchar más porque seguro puede tener un impacto positivo.

Ver a James Rhodes en vivo es diferente a leerlo en un libro.  Él es uno solo cuando está frente al piano, no porque lo haya dicho, lo haya escrito, sino porque lo transmite. Sin partituras, se toma cinco segundos para respirar antes de dar comienzo a un hermoso ritual de conexión entre el pasado y el presente.  Chopin, Rachmaninov y obviamente Bach, descienden de su realidad mortal para posarse en sus dos manos, entre sus diez dedos que tocan piezas compuestas desde hace ya casi 300 años.

¿Cómo fue la experiencia de escribir “Fugas”, el nuevo libro?

Fue una experiencia buena con momentos difíciles. Pero tomé la decisión de que quería escribir algo que fuera visible y que permitiera a la gente verme, que la gente lea libro y se sienta identificada. Está bien permitir a la vida que sea difícil, es normal, pero es posible encontrar buenos momentos incluso en los momentos difíciles.

En Fugas, al igual que su libro antecesor, Rhodes insiste en el poder curativo de la música, en cómo el piano es su mejor amigo en esta realidad, en cómo tocar lo ayuda a mitigar una y otra vez las duras secuelas del pasado. Su cabeza es un gabinete donde alberga más de 15 desórdenes mentales diagnosticados médicamente. Toma pastillas, fuma, bebe café, y toca el piano para refugiarse. Dice que le da pánico mostrarse, socializar, que 75 minutos antes de cada concierto se toma una pastilla de Propranolol, un “betabloqueante que suprime los efectos de la adrenalina”, como lo relata en el libro y que impide que las manos le tiemblen y suden.

 ¿Piensa que necesitamos más música?

Necesitamos más música, educación en música, necesitamos música en los colegios y escuelas, necesitamos que los niños aprendan a tocar instrumentos en orquestras y bandas. Necesitamos música en todas partes, necesitamos más creatividad, definitivamente necesitamos más música.

¿Qué significa el silencio para usted?

Es tan importante, tan raro y tan difícil.  El silencio entre las notas en una pieza de música es casi más importante que las notas en sí. Mucha de la música se trata del silencio y ser capaces de escuchar el silencio. Es algo tan importante hoy en día con todo el acceso que tenemos a los celulares, correos todo el tiempo.  Apagar todo para estar en silencio es muy importante.

Selfies, redes, perfiles de instagram, gente que busca gente en Tinder, likes en Facebook, corazones rojos que viajan por los chats, todos viviendo afuera, pero muy pocos mirando su interior. Esa es un poco la reflexión de James Rhodes y su mirada personal de un mundo que lo agobia. Muchos no saben y gracias a su nuevo relato se cuenta, que las horas previas a un concierto los pequeños infiernos de su mente se disparan y día a día o mejor, noche tras noche, cuando todo se hace más silencioso y solitario, salen a la luz para hacer estragos en su ser. Y como él, miles de hombres y mujeres de este planeta deben encarar la realidad y siempre encontrar un punto de fuga para sobrevivir , en este caso, la música.

*Periodista Musical

 

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