Maestros de la música colombiana

Los Gaiteros de San Jacinto: en busca de la inmortalidad de la cumbia

Los Gaiteros de San Jacinto son unos de los mayores exponentes de este género. El grupo nació a mediados de la década del 40. Hoy sus integrantes se esfuerzan para que las nuevas generaciones conserven la tradición musical de los Montes de María.

El grupo está conformado por siete personas. El único instrumento que no fabrican es el acordeón.Ilustración: Daniela Vargas

Los Gaiteros de San Jacinto hacen sus propios instrumentos. Toman del campo la madera para dar forma a los tambores. Los recubren con piel de chivo o de venado. Las gaitas son cardones, una especie de cactus que ponen a secar y después vacían. La parte negra es una mezcla de carbón vegetal y cera de abejas, y la boquilla la hacen con pluma de pato. Su música, en esencia, es el paisaje mismo de los Montes de María.

A mediados de los años 40, Miguel Antonio Hernández, conocido como Toño Fernández, formó un grupo de músicos en San Jacinto, un pueblo de Bolívar que forma parte de la subregión de los Montes de María, territorio de tradición agrícola y ganadera. Desde ahí, al municipio bolivarense, que ya era conocido por el buen trabajo de sus artesanos, se le identifica con las gaitas y la cumbia, probablemente la música popular más extendida en América.

 

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Los gaiteros se han presentado en más de 50 países. Regresaron hace pocos meses de una gira por Alemania. “Ellos bailan un poco así”, dijo Gabriel Torregrosa, el director del grupo, mientras movía los hombros para atrás y para adelante sin mucha coordinación. “Bailan como lo sienten”, resumió Yeison Landero, acordeonista de la banda, para tratar de poner en palabras los movimientos de su compañero.

El sentimiento es la mística de la cumbia. Según cuenta Yeison, nieto de Andrés Landero, apodado El rey de la cumbia, cuando su abuelo vio a Pacho Rada, uno de los primeros juglares de la música en acordeón, quedó embrujado con el instrumento. Compró uno con un primo, pero su familiar desistió pronto de ese artefacto extraño y Landero quedó como el único dueño.

No tuvo maestro. Aprendió a tocar solo, guiado únicamente por el campo y por lo que sentía. “A ellos nadie les dijo nunca cómo tenían que cantar o cómo tenían que tocar (…). Nunca nadie les dijo ‘este es el acorde de fa menor y lo tienes que hacer así’. Es por eso que son maestros, porque crean algo a partir de una sonoridad”, contó Yeison Landero. Su abuelo fue el primero en interpretar la canción “La hamaca grande”, compuesta por Adolfo Pacheco, y fue nombrado rey vallenato vitalicio. “Él tuvo veintipico de hijos”, sin embargo, en un oficio como estos, en los que los secretos musicales generalmente se heredan, solo Yesison fue escogido para seguir la tradición.

Cuando no están de gira, Gabriel Torregrosa y Yeison Landero viven en San Jacinto. Los gaiteros crearon la fundación Golpetambo donde buscan enseñar a los habitantes de la región cómo se hacen y se interpretan los instrumentos para así rescatar, conservar y divulgar el patrimonio musical del Caribe. Los integrantes del grupo sintieron la necesidad de hacer este proyecto porque en los Montes de María, una región rica en cultura, la violencia provocó la pérdida de las tradiciones, no solo musicales, sino artísticas en general. Desde finales de los 80, el frente 37 de las Farc hizo presencia en la zona. Las autodefensas llegaron a finales de los 90. En los Montes de María, entre 1985 y 2017, hubo 117 masacres, 3.197 asesinatos selectivos, 1.385 personas desaparecidas y 657 víctimas de violencia sexual. El conflicto en San Jacinto se agudizó entre 1999 y 2003, años en los que hubo siete masacres en el municipio.

La muerte provocó la diáspora de las gaitas y los tambores. “Nosotros vimos con preocupación que tú vas a buscar un gaitero hoy por hoy a San Jacinto y no lo encuentras. Uno vive en Bogotá, el otro vive en Tunja, el otro está en Argentina… Entonces es preocupante. Vamos a tratar de recuperarlo”, dijo Torregrosa.

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Los gaiteros están empeñados en seguir. No solo los locales los visitan para aprender sobre cumbia, también llega gente de países como Argentina y México que buscan acercarse a este ritmo de la mano de los maestros. El director del grupo dice que en San Jacinto aún se ve el talento en la calle, en los niños que pasean por el pueblo. “Eso va de generación en generación. Es por eso que tenemos que seguir trabajando. Hay que seguirles contando la historia a los hijos y a los nietos, y de ahí saldrá al que le guste”.

Al líder de los gaiteros lo desconciertan las nuevas generaciones. “Hay jóvenes que están aprendiendo, pero ya los ves con el pelo mono, con el arito, y eso no se veía antes y nosotros en el grupo no lo vamos a permitir. Creo que esta es la última generación de gaiteros que va a mantener el legado”.

Hablaba y parecía tener, por lo menos en la sensación de desconfianza, un parecido con su mamá. Cuando Torregrosa le contó que se quería dedicar a la música, ella se opuso. “Tú vas es a beber ron. Vas a andar parrandeando y mujeriando”.

El músico cuenta que su mamá ahora se siente orgullosa de que él haya podido mantener la tradición. “Ella está contenta y feliz”, aseguró.

Retomamos el tema de las nuevas generaciones: “Vendrán más sofisticadas”. Se rió como quien siente un poco de vergüenza por haber juzgado mal y siguió. “De pronto hasta le cambian un poquito el sonido a lo que hoy estamos tocando nosotros. Lo que importa es conservar el repertorio”.

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David Leonardo Carranza Muñoz

Música

Los Gaiteros de San Jacinto: en busca de la inmortalidad de la cumbia

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