A Maiker Rafael Rico, conocido en la industria musical como Maisak, el vallenato le atravesó el alma desde pequeño, cuando escuchaba a su papá cantar los clásicos del Binomio de Oro en la sala de su casa. No fue solo el sonido del acordeón y la guacharaca lo que lo atrapó, también las historias que allí se narraban. Creció con las canciones que navegaban entre el amor y el despecho. Entre la profunda tristeza y la ilusión desenfrenada.
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Su padre no era un cantante famoso, tampoco se dedicaba a nada que tuviera que ver con la industria. Solo era un hombre con una pasión que no priorizó, pues entre sus metas siempre estuvo sacar a su familia adelante, y pensó que con la música no lo lograría Junto a su esposa, el padre de Maisak tomó la decisión de mudarse a Caracas, Venezuela, en busca de oportunidades que le permitieran ver la luz en medio de una situación económica compleja.
“Recordemos que antes de que los venezolanos migraran a Colombia, la situación era al revés. Los colombianos corrían a Venezuela buscando la estabilidad que no encontraban acá. Nací y viví allá muy poco, cuando tenía dos años ya estábamos en Santa Marta”, contó el cantante en entrevista para El Espectador.
Aunque estaba muy pequeño, recuerda con gratitud el tiempo que vivió en Caracas, pues fue allá donde escuchó a su padre cantar por primera vez. Años después, en Santa Marta, su cotidianidad estuvo rodeada de los instrumentos que ocupaban su casa. Aprendió a tocar el acordeón y la caja, lo recuerda porque le decían que hacía “mucha bulla”. Creció y le regalaron su primera guitarra, su mejor amiga para componer.
“Crecí rodeado de música vallenata, por eso trato de llevar siempre la cultura costeña en mis canciones. Mi identidad como artista la encontré a tiempo, y aunque el reguetón ya está hecho, logré encontrar un balance entre estos dos géneros que me definen”, dice el cantante, quien considera que los compositores de vallenato son “superiores”, y son parte de sus raíces. “Hago música para que la gente sepa de dónde vengo y entiendan mi esencia. Hay mucha gente que no conoce nada de vallenato, y quiero ser una herramienta para que lo hagan, pero no desde mi música, sino desde mi forma de componer”.
Antes de ser cantante, fue compositor. Su amor por la escritura llegó después, en la adolescencia, cuando comenzó a experimentar situaciones confusas que no sabía cómo verbalizar. Con papel y lápiz en mano, y su guitarra creando la melodía, Maisak empezó a escribir sobre todas esas cosas que no podía expresar. Su primer amor, su primera ruptura, sus frustraciones y sus deseos, todo lo plasmaba en su cuaderno, y aunque amaba el vallenato con toda su alma, siempre supo que no quería enfocar su música hacia ese género.
“Nunca quise ser un artista vallenato. Es curioso, porque es mi género favorito y me encanta Diomedes Díaz, pero siempre tuve la certeza de que eso no era lo que quería cantar. Pensaba en ser diferente dentro de todas las propuestas que hay. Hago reguetón, pero mis melodías y mi manera de interpretar vienen del vallenato”.
Aclara que su intención no es apropiarse de las letras del vallenato para convertirlas en reguetón. Busca entender la jerga que los grandes compositores utilizaban en su momento y adaptarla a una versión más actual, y justo eso fue lo que hizo en su canción “Descaro 2.0″, junto a Jay Wheeler, Lenny Tavárez y Brytiago.
Te amo, sintiendo nada
Qué descaro, me salió caro
Ey, en tu versión siempre seré el malo
Miente, como yo también diré que sanaré con el tiempo
Le pondré una curita a los sentimientos
No te escribiré más borracho diciéndote “lo siento”
La canción nació de una experiencia cotidiana que Maisak tomó. Quiso hablar del engaño y el desamor inspirándose en las canciones de Diomedes Díaz, Rafael Orozco y Omar Geles. “Es una canción, que confirma ese dicho de que todos somos malos en una historia mal contada, y esta colaboración es un sueño cumplido. Nada se compara a la lírica de un vallenato, es como cantar un cuento, un poema o una crónica, pero la clave hoy en día es hacer que esas letras conecten con la gente joven, ahí está la magia”. Wheeler y Tavárez quisieron sumarse a la canción luego del fenómeno viral de “Se me olvida”, la canción que Maisak hizo junto a Feid, y que tiene más de 220 millones de reproducciones en Spotify.
“Se me olvida” fue el tema que impulsó la carrera de Maisak, y aunque no la escribió por una situación propia, la frase “ahora el amor de mi vida está con el amor de su vida” se convirtió en un trend que se apoderó de TikTok. Fue curioso, incluso irónico, porque el cantante era de los que descartaba cualquier posibilidad de hacer algo estúpido para volverse viral. No fue el caso. No tuvo que hacer una coreografía ridícula, tampoco un reto que pusiera en riesgo su vida, solo se esforzó por ser constante y encontrarle sentido a su proyecto.
Con una carrera en ascenso y la intención de visibilizar a los cantantes de la costa, Maisak sigue apostándole a la exploración musical en el género urbano priorizando el talento, que para él, es esencial. Siempre fue muy inquieto, así aprendió a crear su música. Analizaba las canciones que pegaban para entender su estructura y su éxito. Aplicó lo que conoció desde la curiosidad, y hoy en día es uno de los artistas más escuchados de la nueva ola urbana.
No le preocupa la sobresaturación de la música y confía en que está en el lugar correcto, porque de lo contrario, su carrera musical estaría en riesgo. Aunque creció en Santa Marta, ahora vive en Medellín, la ciudad que le abrió las puertas desde el principio al ser firmado por Royalty Records, la disquera de Maluma. Reconoce que ser artista hoy en día es difícil, pero sigue en la lucha por mantenerse firme a su esencia. “No me interesa parecerme al resto, no quiero ser una réplica de lo que suena todo el tiempo. Solo quiero marcar la diferencia en un mundo donde ser auténtico parece imposible”.