Paro nacional: así avanzan las marchas en Colombia

hace 1 hora

N. Hardem, el último de la fila

El el rapero más arisco e insigne de Bogotá se presenta este viernes en el Teatro Colón.

N. Hardem ha escrito las canciones que lo han convertido en el rapero insigne de la capital, en el favorito de los que se sienten últimos, y los que no también.Alejandra Mar

El último de la fila, el más alto, indiferente a la simpatía. El más oscuro de los claros y el más claro de los oscuros. Nelson Enrique Martínez, el hombre que le da vida a N. Hardem, el rapero más arisco e insigne de Bogotá, ha preferido pasar siempre desapercibido, pero después de cinco proyectos publicados con su alias -Cine Negro (2014), Tambor (2015), Lo Que Me Eleva (2017), Rhodesia (2018) y Tambor 2 (2019)- es inevitable que pase al frente, y que, le guste o no, todas las miradas se dirijan a él. Su rap lo ha convertido en el emblema de los de atrás, de tantos que, como él, prefieren pasar de agache.

Como si fuera un líquido, su música se ha ido regando de las márgenes el centro, llenando despacio los espacios que va recorriendo.  Y así, de a poco, ha ido dando pistas de lo que podría caracterizar el sonido del rap bogotano de su generación, o por lo menos de su tribu: Indio.

Para mi mucho tiene que ver con el grafiti porque ahí se desdibujan mucho las fronteras y la marginalidad se vuelve una sola. Entonces el territorio es todo, es la noche, la calle, mis amigos, la pintura, tomar, callejear”, dice Hardem, quien este viernes se presenta a las 7:30 p.m. en el Teatro Colón.

Y sus rapeos, contrario a su hablar pausado, tienen la agilidad y la furia suficiente para narrar la angustia, para sobrevivir la hostilidad de una metrópoli como Bogotá que se lleva por delante a quién pierde el ritmo frenético de la productividad.

Hay que detenerse, escucharlo. Su música es la suma de su barrio de infancia en el noroccidente del suroccidente de la capital, la curiosidad del niño que soñaba con ser inventor, del grafitero que se adueña da la ciudad en la noche, de la carga histórica que implica ser el tercer Nelson de la familia materna, de la nostalgia de sentirse de otra época y de la rabia y la ansiedad que derivan de las formas arrolladoras de vida moderna. (Le recomendamos: Hip hop, más allá de un estigma).

Y dentro de todas esas cosas que lo componen caben tantos que su música se ha ganado el valor suficiente para permitirle cambiarla por monedas y así seguir viviendo a su manera, pero también para sacar de ahí el alimento necesario para el espíritu, para estar contento.

Mucha de la gente que se siente identificada me da a entender que los acompaño en su introspección. No es la banda sonora de las circunstancias, ni del bus, sino que los acompaño y eso es lindo y eso me hace feliz. Yo sufro y toda la mierda, pero la posibilidad de ser el conducto de todo eso me produce alegría, satisfacción al menos, contentura”, dice Hardem.  

Y así, contento, empieza su último disco, Tambor 2: Chill, chill aquí contento/sampleando 70s/logrando lo que a tientas tantos intentan. Ese es el nuevo Hardem, porque aunque el trabajo acaba de publicarse, empezó a escribirse hace 4 años, en la clínica, tras despertar de una hemorragia intra cerebral.

“Fue doloroso y traumático. Hace poco alguien me compartió una idea y es que el cerebro es plástica, entonces cualquier cosa que le suceda a la forma altera fundamentalmente lo que sea que sucede con él. Y lo que hace la sangre en el cerebro cuando no está dentro de los vasos o de las venas es que corroe, la sangre es corrosiva para la materia gris.  Entonces yo perdí una parte de la persona que era antes de agosto del 2015”, dice Hardem.

Pero ese mismo agosto, apenas unos días después, estando todavía en la clínica, la vida lo obligo a celebrar de nuevo, pues cumplía un año más de vida. Y hasta allá llegaron los Alcolirykoz, en un gesto que selló su amistad para siempre, a recordarle lo que ellos habían aprendido cuando la muerte intentó cazarlos también, y es que: los que vivimos cumplimos años a diario, estamos de aniversario. 

“Ya han pasado 5 años, entonces ya soy ese. Asumo que eso ha cicatrizado en su totalidad, pero había que convertirlo en algo tantísimo de todo lo que estaba sintiendo y lo que había aprendido a hacer era escribir y el resultado está en Tambor 2, por ejemplo”, dice Hardem.

Desde entonces ha escrito las canciones que lo han convertido en el rapero insigne de la capital, en el favorito de los que se sienten últimos, y los que no también. Nada puede detener su música, porque Hardem no solamente es otro, después de agosto de 2015, sino otros, desde siempre, está de alguna manera en todos, o casi todos.

“Me siento más del lado del oprimido que del victimario y he encontrado una forma de relacionarme con eso a través de como la sociedad trata al que no es blanco o al que no es privilegiado y he encontrado a través de la escritura una forma de canalizar naturalmente todas las inquietudes y las aflicciones o dolores o cosas que muchas veces tienen forma de rabia, otras de fiesta, otras de melancolía, otras de alegría”, dice Hardem.

Y como siempre encuentra palabras para todas esas cosas, ahora trabajar en ponerlas en su próximo proyecto, un disco que no tiene afán de publicar, que puede estar listo para el año siguiente, o el que le sigue. Ya tiene 11 canciones escritas, pero quiere que sean más. Y aunque nada es seguro y prefiere vivir al día, sin pensar mucho en el futuro, procurará seguir celebrando agostos, cueste lo que cueste.

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Sara Kapkin

Música

N. Hardem, el último de la fila

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