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Norteamérica, omnipresente en la música de Aaron Copland

Latente, en las corrientes migratorias de Europa hacia Norteamérica, llegó también la música.

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Augusto Sorzano Puyana / Especial para El Espectador
23 de mayo de 2013 - 03:14 p. m.
Norteamérica, omnipresente en la música de Aaron Copland
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Y la actividad en relación con aquella, igualmente fue aumentando, durante el Siglo XIX, en la medida en que la población crecía y se extendía hacia el oeste del país. “ Así, al iniciarse el Siglo XX, las ciudades ‘más musicales’ (aplicando el criterio de músicos por cada mil habitantes), eran Los Ángeles, Boston, Chicago, Nueva York, Denver, San Francisco, Seatle, Oakland, Kansas City y Minneapolis, no obstante que la tendencia de los músicos siempre era migrar hacia New York.” “Por entonces, y transcurrida la primera mitad del Siglo XIX, ya existían la Handel and Haydn Society of Boston (1815), la Musical Fund Society of Philadelphia (1820), y la New York Philharmonic Society (1842), las dos últimas con orquestas permanentes”.

Entre tanto, estando avanzados los años de la segunda mitad del Siglo XIX y vislumbrándose ya los albores del Siglo XX, “…en plena agonía del Romanticismo en la música, el compositor checo Antonin Dvorák, desempeñándose como Director del Conservatorio de Nueva York, compuso su famosa ‘Sinfonía Nuevo Mundo’ (1891), obra ciertamente impactante y emblemática en la actividad musical de Estados Unidos”.

Por aquellos días, surgió en Norteamérica un notable grupo de compositores, Roy Harris, Virgil Thompson, George Gerhswin, Walter Piston, y Aaron Copland, la mayor parte de ellos formados en Europa, en especial en Francia, por Nadia Boulanger. Y, “…también fueron días en los cuales el ‘jazz’ comenzó a asomarse en Norteamérica, inmerso aún en la música de las bandas originarias de los burdeles del distrito histórico ‘Storyville’ de Nueva Orleans y otros lugares de los estados del sur, música basada en canciones folclóricas populares, marchas y ritmos sincopados. Cierta timidez caracterizó su iniciación, por cuanto aquella fue sólo en bares y en lugares de diversión popular”.

Aaron Copland, compositor norteamericano nacido en Brooklyn, Nueva York, en 1900, era hijo de un inmigrante lituano de ascendencia ruso-hebrea, cuyo apellido original Kaplan se cambió, por errores en las diligencias de recepción de su familia en Nueva York. Sus primeros veinte años trascurrieron allá en Brooklyn, trabajando en la tienda de sus padres, como él decía,”…en una calle que sólo podría ser descrita como ‘ordinaria y monótona’”. Aunque él recibió muy joven algunas lecciones de piano, sólo a los quince años comenzó a considerar la idea de llegar a ser compositor. A los 17, ya graduado bachiller, inició sus estudios en armonía y contrapunto con Rubin Goldmark, un buen docente que logró percibir en él notable independencia en sus estudios.

Cuatro años después viajó a París, para iniciar sus estudios en composición en el American Conservatory de Fountainebleau con Nadia Boulanger, junto con Paul Vidal, siendo también el primero de un nutrido grupo de estudiantes americanos, alumnos de aquella gran profesora y compositora francesa. Junto con Nadia Boulanger, los verdaderos maestros de la escuela norteamericana fueron afamados compositores europeos: Stravinsky, Dvorák, Bloch, y Schönberg, entre otros.

Dvorák, por ejemplo, “…fue el primero en revelar a sus discípulos del ‘nuevo mundo’, la riqueza del folklore negro basado en los ‘blues’ (provenientes de los ‘Negro Spirituals’ y canciones de trabajo de los años 1860s), y en el folklore indio ”. Él decía “…he encontrado, en los campos negros de América, el fundamento de una escuela de música noble y poderosa”. “Pero fue también Dvorák, fervoroso brahmsiano, el que les enseñó el posromanticismo de inspiración germánica”. “Alemania,-como expresaba Claude Samuel-, se convertía pronto en el punto de atracción de los músicos norteamericanos, hasta el día en que París suplantó a Berlín, hasta el día en que Copland descubrió a Nadia Boulanger, la gran sacerdotisa de la joven escuela norteamericana”. Y, también, “…fue Paris en donde Copland descubrió el jazz”. Así, “…siendo París en los años 1920, ‘el centro del universo musical’, para Copland fue ciertamente estimulante el hecho de que, un estudiante nacido en Brooklyn, frente a compositores de varias nacionalidades, pudiese componer música fácilmente identificable como ‘americana’, lo cual, sin duda alguna, lo animó a incorporar temas relacionados con el jazz en su música”.

En 1924, ya de regreso a su país, siendo pianista en un hotel, Copland compuso, por encargo de Nadia Boulanger para ser interpretado durante su tour por América, un concierto para órgano. La obra, junto con otras dos piezas para piano, el ‘Scherzo Humoristique para Piano‘, también llamado ‘The Cat and the Mouse’ y ‘Passacaglia’, hicieron posible la aceptación de Copland por la Liga de Compositores, “..hechos que le dieron la oportunidad de conocer un público influyente, estableciendo y afirmando así una posición definitiva en la música americana”. Poco tiempo después, Copland fue distinguido con la primera beca de The Guggenheim Memorial Foundation, presea que le fue renovada al año siguiente.

Las obras de Copland abarcaron una amplia gama de estilos en la música y cubrieron un extenso horizonte en la geografía del país y en la idiosincrasia de sus gentes. “Así, a finales de los años 20, él combinó el estilo neo clásico y el jazz. Posteriormente, composiciones atonales y seriales, seguido, años más tarde, por un idioma tonal simple, usando melodías del folklore americano. Años después, Copland regresó a las técnicas del serialismo”.

El ‘Concierto para Órgano y Orquesta’, compuesto por encargo de Nadia Boulanger, fue estrenado por ella misma en 1925, con la Orquesta Filarmónica de Nueva York iniciando aquella su nueva etapa, resultante de la fusión de la Philharmonic Society y la Symphony Society, con el legendario director wagneriano Walter Damrosh. También en 1925 y para competir en un concurso convocado por la Radio Corporation of America, RCA, compuso ‘Dance Symphony’, la cual formaba parte de ‘Grohg’, un ballet que nunca se presentó, aunque Copland sí se ganó el concurso con la obra. Aquel mismo año, compuso ‘Music for Theater’, por encargo de la League of Composers, para su estreno, al final del año, por la Boston Symphony Orchestra , dirigida en aquellos tiempos por Serge Koussevitzky. Finalizando la década de los años 20 (1929), compuso ‘Symphonic Ode’, precisamente para la conmemoración del 30 Aniversario de la Boston Symphony Orchestra.

En 1930, Copland inició una nueva fase en su producción musical, más austera, con obras como ‘Piano Variations’, ‘Short Symphony’(1933) y con ‘Statements for Orchestra’ (1935), para regresar, pocos años después a un estilo más simple.
Paralelamente con toda ésta actividad, también emergió el Aaron Copland académico. Fue el primer director del American Festival of Contemporary Music en Yaddo, Saratoga Springs y director del American Music Center. Sus actividades docentes comprendieron clases de música contemporánea en Estados Unidos y, frecuentemente, en varias ciudades de Sur América, así como cátedras en composición en la Universidad de Harvard y en el Berkshire Music Centre. Igualmente célebres, sus libros ‘What to listen for in Music’ (1939), ‘Our New Music’ (1941) y ‘Music and Imagination’ (1952).

“Y con el brillante éxito logrado por el Ballet ‘Billy the Kid’ (1930), ‘The City’, y ‘El Salón México’, Copland tomó la determinación de continuar buscando aquella feliz alianza entre un idioma ‘americano’ y su deseo de escribir y componer en lo que él mismo llamó ‘un estilo más accesible’. Y, cuando él mismo expresó ‘Yo no tengo tanto interés en escribir música ‘más popular’ como tal, sino en comunicarla a audiencias más amplias’, es preciso entonces concluir que aquella meta la alcanzó a plenitud”.

Copland compuso la Fantasía Orquestal ‘El Salón México’ en 1936. Acerca de la obra, él escribió: “Durante mi primera visita a México en el otoño de 1932, yo concebí la idea de escribir una pieza basada en temas mejicanos”. Procurando reflejar preferiblemente el México espontáneo de los turistas y nó el México de las antiguas civilizaciones o el México revolucionario, optó por inspirarse en un conocido y famoso Salón de Baile de México City llamado ‘Salón México’, de cuyo frívolo ambiente popular, seleccionó temas (‘El Palo Verde’ y ‘La Jesusita’) de la muy erudita obra ‘El folclore y la Música Mexicana’, de Rubén M. Campos. Copland completó la obra en 1934 y su première, con clamoroso éxito, se realizó en México City en Agosto de 1937, por la Orquesta Sinfónica de México, dirigida por el gran compositor mexicano Carlos Chávez.

El Ballet en un Acto ‘Billy the Kid’, fue compuesto en 1938 por encargo de Lincoln Kirstein, con coreografía de Eugene Loring, para su ‘Ballet Caravan’, y tuvo su primera ejecución en Chicago en octubre de ese año. Billy the Kid (su nombre real era William H. Bonney) era un bandolero asesino que aterrorizó el sur oeste americano, desde 1876 hasta su muerte en 1881 a manos de Paul Garrett. Copland se inspiró más en el sentido legendario de la historia, que en su sentido realístico, si acaso lo tuvo. Buena parte del carácter especial de la obra, se deriva del sub fondo evocador del ‘Old West’ que Copland le dio, con el uso de canciones populares de los vaqueros, como ‘The Old Chisholm Trail’, ‘Old Paint’ y ‘The Dying Cowboy’. Al respecto, Copland expresó: “Yo no puedo imaginar a Billy sin esas canciones. Por supuesto, lo que yo esperaba haber hecho, fue dar a esas canciones mi propio sabor. Y, por sobre todo, yo estuve ansioso de haber hecho una verdadera obra bailable y colorida”.

La ‘Fanfarria para el Hombre Común’, compuesta en 1943, durante ese período que siguió a la Gran Depresión y los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, formó parte de una serie de fanfarrias en tiempo de guerra, encargadas a Copland por Eugene Goossens, quien condujo su première en marzo de 1943, con la Orquesta Sinfónica de Cincinnati. La ‘Fanfarria para el Hombre Común’, es, “acaso, la más popular de las composiciones de Copland”.

La composición para narrador y orquesta ‘El Retrato de Lincoln’, comisionada por André Kostelanetz, fue compuesta en 1942, y en ella, su protagonista, el gran estadista Abraham Lincoln, se dibuja mediante selecciones de sus cartas y discursos, las cuales son narradas con acompañamiento orquestal.

El Ballet en un Acto ‘Appalachian Spring’ , ‘Primavera Apalache’, originalmente ‘Ballet for Martha’, fue compuesto por Copland en 1944, por encargo de ‘The Elisabeth Sprague Coolidge Foundation’, para la bailarina y coreógrafa Martha Graham. La acción del ballet tiene lugar a principios del Siglo XIX , durante la celebración de la primavera en una de las primeras granjas (pioneer farmstead) en Pennsylvania. La première tuvo lugar en 1944 en The Library of Congress, Washington, D.C. Por la obra, Copland ganó en 1945 el Premio Pulitzer de Música y el Premio de la Crítica Musical de Nueva York, ese mismo año.

El Ballet en dos Escenas ‘Rodeo’, comisionado por el Ballet de Monte Carlo, con coreografía de Agnes de Mille, fue compuesto en 1942 y estrenado ese mismo año en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Del ballet existe una Suite de Concierto de cuatro episodios, ‘Bukaroo Holiday’, ‘Corral Nocturne’, ‘Saturday Nigth Waltz’ y ‘Hoe-Down’, todos con numerosas canciones populares americanas. Copland dijo: “ Si ‘’Billy the Kid’ tiene un cierto lado de ‘grand opera’ con su drama y con su sentido de desarrollo sinfónico, el tono de ‘Rodeo’, más frívolo, es más cercano al de ‘comedia musical’, por su música en forma de suite”.

Durante la década de los años 30, Copland ya había tomado la decisión de componer música para el cine. De las bandas sonoras por él compuestas, dos fueron nominadas para el Oscar, ‘La sinfonía de la Vida’, en 1940 y ‘La Estrella del Norte’, en 1943. Copland se ganó el Oscar en 1950, con la música para la película ‘La Heredera’. Igualmente, tuvo un clamoroso éxito la música, en forma de suite, para la adaptación cinematográfica de la novela ‘The Red Pony’ (‘El Pony Rojo’) del famoso escritor John Steinbeck (1949).

Con su Tercera Sinfonía (1946) y composiciones tales como el Cuarteto para Piano (1950), la ‘Piano Fantasy’ (1960) y ‘Connotations for Orchestra’(1962), ‘Music for a Great City’ (1964) y ‘Duo for Flute and Piano (1971), Copland regresó a su estilo atonal y con técnicas del serialismo.

“Aaron Copland representa la quintaesencia de los compositores de la música americana de concierto en el Siglo XX. Aunque citadino por haber nacido y por haber vivido en Brooklyn, Nueva York, él exploró las ricas texturas de los paisajes de Norteamérica, de su historia y de sus leyendas, y supo plasmarlas en la música que compuso. En su legado, tanto de ballets populares como Primavera Apalache, Billy the Kid y Rodeo, como de sus austeras obras ceremoniales de concierto, tales como La Fanfarria para el Hombre Común y El Retrato de Lincoln, su sujeto, como artista, fue, siempre, la mismísima América. Sus obras nos llegan con una rara combinación de optimismo e idealismo y con una percepción, según él, de América como fue, como es y como debiera ser”.
Aaron Copland, ‘el primer gran compositor americano’, falleció en 1990 en su residencia de Peekskill, Nueva York.

Bibliografía:

SCHOLES, Percy A. , ‘The Oxford Companion to Music’. Oxford University Press, 1970

McCLURE, John. Columbia Records, MS 6355

‘Copland conducts Copland, A 75th Birthday Celebration’. Columbia Records, 33720
SÁNCHEZ R., Julio. ‘El Concierto’. Instituto Colombiano de Cultura.

STEVENSON, Victor, Editorial Director. ‘The Music Makers’.

Por Augusto Sorzano Puyana / Especial para El Espectador

 

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