Nostalgia al son del Joe

En noviembre nació Joe Arroyo. Chelito de Castro y Wilson Manyoma hablan sobre su amistad con el "Centurión de la noche", cuentan anécdotas y rememoran su último momento junto a él.

David Campuzano/El Espectador

"En los años mil seiscientos…". Más bien en los novecientos, exactamente en el 55, nació en Cartagena Álvaro José Arroyo González, el Joe. Murió seis años atrás, en Barranquilla. Su alma se quedó atrapada en cada canción que hizo y que, al escucharlas, hoy por hoy, hacen sentir lo vivo que está.

"El sonero de América", con el paso infinito del caminante, forjó el destino que decidió para él: hacerse inmortal con su música. Cada paso que dio significó una muestra de su gran talento. Incluso, en sus facetas más desconocidas como lo fue cantar vallenato, pues su imponente voz no deja de oírse bien en los coros del exitoso álbum Tierra de Cantores, de los Zuleta, grabado en 1978.

Chelito de Castro, el pianista que lo acompañó por muchos años en tarima, con la orquesta La Verdad, y luego como productor, lo recuerda por “su manera tan particular de hacer música, con creatividad y gracia”. Cuenta que el Joe no hablaba en términos musicales, pero hacía entender cómo quería que sonaran los instrumentos con los sonidos que hacía con su boca.

Para él, el Joe fue su maestro, su mayor ejemplo. “Yo le aprendía cada cosa, la manera que tenía de desenvolverse musicalmente. Éramos como una familia, nos divertíamos mucho. Siempre había anécdotas y risas, como también una que otra pelea. Todos nos llamábamos ‘compadres’”.

Para Wilson Manyoma, más conocido como Saoko, “el Joe fue un gran amigo, pasó por mi vida y dejó grandes recuerdos. En la orquesta Fruko y sus Tesos, nos hicimos grandes, ahí nos tocó vivir muchas cosas, compartimos tarima, hotel y viajes”.

Anécdotas: El logro jamás imaginado y la gorra robada

En 1984, el Joe y sus ‘compadres’ de La Verdad, se presentaron en el Festival de Orquestas que se realiza en Barranquilla, en días de carnaval. “Llegamos al coliseo cubierto Humberto Perea sin expectativas de ganar nada. Juan Piña era la persona con más posibilidades de llevarse el Congo de Oro pues, en ese momento, tenía el dominio de la música tropical. Pero, cuando la gente escuchó al Joe yo no sé qué pasó: se enloqueció, nosotros nos emocionamos y sin darnos cuenta teníamos al coliseo vibrando y no hubo manera de que Joe no se llevara el galardón”, narró Chelito, quien asegura jamás borrará esa escena de sus recuerdos.

Ese fue el primero de los 18 Congos y 4 Super Congos ganados por la orquesta de Arroyo, y, por supuesto, el impulso para La Verdad que, hasta el momento, solo tocaba en las verbenas en Barranquilla y en pueblos aledaños.

Por otro lado, el recuerdo que ronda la mente de Wilson Saoko, durante estos días en que tanto se habla del Joe, tiene que ver con una gorra robada.

“Nuestra ropa casi siempre era igual, la compartíamos. Una noche yo estaba vestido de rojo y tenía una gorra de ese color que complementaba la camisa. Cuando nos fuimos a tomar una foto, Álvaro me quitó la gorra. Yo me quedé callado, pero estaba pensando que me hacía falta para completar la pinta. Entonces, él empezó a decir que estaba bacana la gorra y tales, y, al fin, se quedó con ella”, recordó Manyoma.

Un último momento

La grabación de la canción El Torito es el momento que Chelito recuerda como el último que vivió con su maestro. En ese tiempo, era su productor y el Joe le pidió una canción para el carnaval de Barranquilla. Recuerda haberle propuesto El Torito, en la versión de Alberto Fernández, la cual el Joe no había escuchado. Por eso, le prometió hacerle un arreglo que le iba a gustar y así fue.  

“El Torito tenía dos estrofas, pero yo lo arreglé para tres. Entonces, me dijo: ‘¿y la otra estrofa?’. Ay, esa te toca componerla a ti, le dije”.

Yo tengo un montón de rosas, florecidas donde quiera /

Yo tengo un montón de rosas, florecidas donde quiera /

Si no fuera por las rosas, pa' Barranquilla me fuera /

Si no fuera por las rosas, pa' Barranquilla me fuera.

El 30 de octubre de 2010, Saoko recuerda haber estado con el Joe en una discoteca de Barraquilla. “Estábamos sentados y Álvaro me dijo que me quedara en esta ciudad, que aquí la gente me quería, que él ya estaba muy mal. Prácticamente, se estaba despidiendo”.

Por eso, el músico decidió que en Barranquilla se quedaba. “He seguido su legado y cuando estoy tocando recuerdo los números más emblemáticos que hizo y que quedaron para siempre”.

Nostalgia

Sobre un noviembre más sin Álvaro José Arroyo, Chelito dice que “es un sentimiento extraño, de nostalgia, algo que no sabría cómo narrar”. Pero, al tiempo habla del consuelo que hay en el saber que la gente sigue valorando sus canciones.

“La orquesta Joe All Stars solo toca música del Joe, haciéndolo de la mejor manera, preservando su legado, para que las personas puedan seguir disfrutando siquiera el perfume de la nostalgia de oír su música”, expresó el pianista.

Por su parte, Saoko ríe al recordar la canción en la que el Joe inmortalizó su apellido. “Manyoma, Manyoma… Eso me tocó y a mi familia, quienes siempre estaremos agradecidos por ese homenaje y más porque lo puso a sonar hasta en la China”.

Además, dice que siempre es duro recordar al Joe en estas fechas, sea en noviembre, por su nacimiento o en julio por su partida. "El Joe ya no está, pero está seguro que su legado es eterno".

Y es que en donde suene una canción del Centurión de la noche, no hay ojos que no se abran, hombros que no se muevan y cuerpo que no lo sienta. En definitiva, en una época en la que todo es efímero, el Joe Arroyo es pasado, presente y futuro.  

 

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