Una historia musical y policial

Rastreando “La cucharita”

En días pasados, Jaime Andrés Monsalve obtuvo el Premio de Periodismo Simón Bolívar con “La cucharita: un relato policial”, una ingeniosa búsqueda musical del utensilio que se le perdió a Jorge Velosa. Aquí un fragmento de ese trabajo.

Ilustración: Eder Leandro Rodríguez

Si nos diéramos a la labor de buscar esos temas musicales que llegan directamente al alma del colombiano, esos que incluso podrían llegar a ser nuestro segundo himno nacional, no habría que pensarlo mucho para incluir, entre un puñado de posibles candidatos, esa melodía cantarina y ensoñadora que le abrió paso al género carranguero desde su lanzamiento en 1980: La cucharita. (Puede escuchar el trabajo periodístico galardonado en este enlace)

Lo que trataremos de poner sobre relieve ahora va un poco más allá: gracias a lo que Jorge Velosa llamó “copias”, y que nosotros preferimos calificar como el trabajo de sus émulos y seguidores, una serie de colegas suyos decidieron darle continuidad a la historia de La cucharita con mayor o menor éxito comercial. Es lo que normalmente conocemos como segundas partes o secuelas. Y aunque esas otras canciones jamás llegaron a arañar la gloria del cielo carranguero, sí dejaron los rastros suficientes para alimentar una hipótesis… ¡La posibilidad de una lectura de La cucharita como un relato de carácter policial!

Empecemos por recordar el argumento de la canción, argumento del que nos olvidamos acaso hipnotizados por cuenta de la sencilla y arrobadora melodía con que está narrado de fondo. Y es que el coro de La cucharita surge a partir del recuento de un hecho delictivo: un robo. Y gracias a eso es que la cucharita –el cubierto, no la canción– terminó convirtiéndose, para los colombianos, en algo así como nuestro “hijo de Lindbergh”, lo que está perdido y no se encontró nunca. Probablemente sea el mayor caso de misterio que haya abarcado nuestra música popular, entre otras porque parece que nunca se resolvió la incógnita ni nadie dio con la dichosa cuchara.

Pasto para uno de los mejores géneros posibles en la literatura, el cine y, por qué no, también en la música: el suspenso.

Es aquí donde gracias a los seguidores de Jorge Velosa, que escribieron lo que podríamos llamar las secuelas de toda una serie, La cucharita puede funcionar como una novela coral, en la que los testigos también tienen voz.

No busque la cucharita es un tema del compositor y cantante Segundo Carvajal. En esta primera secuela aparece un testigo de excepción del robo del desaparecido cubierto:

La cucharita de hueso que a don Jorgito se le perdió,

yo estaba viendo ese día cuando el ratero se la robó.

Yo estaba allí en Bogotá, allá en el parque de Santander

cuando miré que el ratero con la cartera se echó a correr.

Según lo atestiguado por Segundo Carvajal en su canción, el ladrón, no contento con el valor de su botín, habría decidido deshacerse tanto de los papeles de Velosa como de su tesoro hecho de hueso.

Pues ese día el ratero fue muy poquito lo que cogió

y al edificio de Avianca, pues al momento fue y se escondió.

Los papeles los quemó y la cucharita despedazó,

y al Salto del Tequendama los pedacitos los arrojó…

Supongamos que confiamos en lo atestiguado, con todo y lo difícil que le pudo haber resultado a este señor seguir al ladrón desde el edificio de Avianca, donde se escondió, hasta el Salto del Tequendama, donde supuestamente se habría deshecho de las pruebas en su contra.

Como testimonio, la canción No busque la cucharita nos dice, literalmente: “Deje la bulla y no busque más”. Y hasta ahí podríamos dejar, si no fuera porque alguien, algún tiempo después, dice haberse encontrado el cubierto en alguna vereda del municipio de Sativanorte, Boyacá:

La cucharita’e Jorge Velosa, la cucharita yo la encontré,

estaba allí en mi vereda y había muchísimo que comer…

Él dijo que era de hueso, eso no quedó muy claro:

por allá por mi tierrita las cucharas son de palo.

Es la canción Encontré la cucharita, del grupo Son Sativeño. En ella, otro personaje asegura haber dado con el paradero del cubierto y los papeles de Jorge Velosa en su vereda, al norte del departamento de Boyacá, en lo que parece ser una pista poco confiable. Como primera medida, la cuchara que encontraron era de palo y no de hueso, como la que le regaló don Gregorio Martínez a Velosa en la vereda de Velandia. Por otra parte, los documentos encontrados parecen falsos, a juzgar por como continúa la canción.

La cédula estaba ahí, pero estaba defectuosa,

tenía una barba tan rara, pero era la de Velosa.

La libreta militar estaba en una fundita

También tenía sus defectos: parecía de segundita…

La novela de misterio se ha desviado hasta terrenos de lo inverificable gracias al aporte de la agrupación Son Sativeño. Nos encontramos frente a un callejón sin salida. Sin pista confiable y pasado algún tiempo de los acontecimientos narrados, la posibilidad de resolver el misterio parece escapársenos por entre los dedos.

Sin embargo, lo testificado por un grupo procedente de Norte de Santander podría sacar la investigación del punto muerto en que se encuentra. Esta es la versión ofrecida en el caso por la agrupación cucuteña Los Laureles del Norte:

Voy a darles la noticia a los Carrangueros de Ráquira,

que andando por Chapinero, un barrio lindo de Bogotá,

yo me encontré una cartera y la cogí por curiosidad,

encontré una cucharita y hasta bonita, no hay que negar.

Según lo narrado en la canción Encontré la cucharita, homónima de la que escuchábamos hace un rato, en Chapinero, a algunos kilómetros al norte del lugar de los hechos, apareció la billetera sin los papeles de Velosa, pero con la cucharita. El destino del preciado utensilio se va aclarando, si no fuera porque Los Laureles del Norte no tienen ninguna intención de devolverle nada al dueño:

Los Carrangueros se encuentran muy afligidos en Saboyá

y todos los boyacenses están buscándola con afán.

Y el conjunto Los Laureles, de aquí del Norte de Santander

toparon la cucharita… ¡Y no la entregan, y es pa’ vender!

“Y el conjunto Los Laureles, de aquí del Norte de Santander, toparon la cucharita y no la entregan, y es pa’ vender”, dicen, literalmente y con desparpajo, estos versos compuestos por Alonso Fernández. En lo que pareciera ser el triste final de la historia, la cuchara de hueso aparentemente cambia de manos, entregada al mejor postor, y cada vez se nos antoja más lejana la posibilidad del reencuentro con su dueño real. ¿Será posible?

Y la desazón sigue en aumento. Nada augura, llegados a este punto, que el protagonista de la primera y más popular de todas estas canciones vuelva a ver en su vida su ansiado fetiche.

Pero de nuevo, la magia de la ficción abre una grieta en medio de la cerrazón de los obstáculos.

Ahora es el protagonista del relato quien canta de nuevo, pero ya no caracterizado por el actor principal, Jorge Velosa, sino por su colega, el músico parrandero paisa Agustín Bedoya.

Esa linda cucharita que me robaron en Bogotá

si no me pongo las pilas no la habría vuelto a recuperar…

Cómo les parece a ustedes lo que es pasear por la capital,

me dejaron sin papeles, sin cucharita para cenar.

Y la resolución de la historia parece darse por medio del “tour de force”: una vuelta de tuerca, un evento inesperado…

Líneas más adelante, la canción Recuperé la cucharita, de la autoría de Luis Alfonso Pérez y cantada por Agustín Bedoya, vuelve a mostrar al protagonista de la historia exultante, pues además del cubierto de hueso logró dar con todos los elementos que le habían hurtado.

¡Recuperé los papeles, cédula y libreta de militar!

Ahora sí me voy contento, con mi morenita voy a bailar.

Mi cucharita ya la encontré, y a Bogotá yo no vuelvo más.

Me voy de fiesta con mi querer para Velandia allá en Saboyá…

Pero como a veces ocurre en el ámbito de la ficción, puede pasar que todo lo hasta aquí expuesto, el relato del testigo del robo, la supuesta aparición de la cucharita en un pueblo boyacense, el hallazgo de un ladrón que roba a ladrón y el final cinematográfico con la cuchara de nuevo en manos de su dueño original; puede pasar, decíamos, que todo, todo ello, sea solo una gran fabulación. Por lo menos esa es la sensación que deja el cierre de la más reciente grabación de La cucharita por Velosa y los Carrangueros en formato sinfónico, cuando nos sorprenden con un último e inesperado dato:

La cucharita se me perdió…

¡Y una campesina se la encontró!

*Jefe musical de Radio Nacional de Colombia

 

 

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