Su nombre real es Alejandro Ramírez

Sky, rompiendo el bajo y derribando esquemas

Tiene 26 años y lleva más de media vida metido en los estudios de grabación, produciendo algunos de los éxitos más importantes del reguetón. Desde el álbum “La familia” (2013) hace parte del equipo de J Balvin.

El productor colombiano Sky está trabajando en lo que serán los próximos álbumes de J Balvin y de Greeicy Rendón.   / Orli Arias

“Se trata de las vibraciones (…) cada canción es un mundo diferente, entonces así no entiendas español vas a amar la vibra. De eso se trata: de las emociones, de los sentimientos”, explicaba J Balvin en una entrevista con Billboard para describir su más reciente álbum: Vibras (2018).

Y cuando se habla de las vibras, de las sensaciones por encima de las palabras, tan protagonistas como Balvin son Sky (Alejandro Ramírez) y Tainy (Marco Masís), los productores del disco. Pero sobre todo Sky, que viene acompañando a Balvin desde La familia (2013) y lo ha provisto de sonidos diversos y renovadores, que le han permitido seducir audiencias heterogéneas alrededor del mundo.

Esa propuesta de sonoridades que parte del reguetón y se deja enriquecer sin discriminar influencias permite entrever la lectura minuciosa y atinada que Balvin y Sky han hecho del reguetón, pues han entendido como nadie que “la historia del reguetón es una historia de transformaciones”, como señaló la profesora y escritora del libro Remixing Reggaeton: Políticas culturales de raza en Puerto Rico (2015), Petra R. Rivera”.

Sky lleva más de la mitad de su vida escuchando y haciendo reguetón, por eso, con apenas 26 años, se ha convertido en uno de los productores más prominentes del género.

En su infancia, que pasó entre Medellín y Miami, se topó de forma desprevenida con el reguetón. A los ocho años se fue a vivir a Florida, Estados Unidos, y conoció el rap, a los 11 volvió a Medellín y se encontró el reguetón en la calle, a la salida del colegio. Tiempo después y de vuelta en Miami, en la casa de un compañero de su misma aula descubrió la producción.

Fui a jugar, qué se yo, PlayStation y cuando llegué me llamó mucho la atención que hacía pistas, tanto, que llegué a Medellín a meterme a un curso donde me enseñaran a manejar el programa que él tenía”.

Después del curso y con apenas 13 años, Sky empezó a producir. “Al principio trataba de hacer pistas de rap, después fue que me metí con el reguetón, pero esas dos cosas en mi cabeza iban de la mano, y el reguetón me pareció una nota porque era más divertido”.

Pero más allá de lo divertido, Sky decidió hacer reguetón “porque veía en la ciudad más personas con el mismo sueño. Empecé a brujiar en MySpace y descubrí un movimiento que estaba surgiendo”. Grupos como Golpe a Golpe, Final y Shako, y J Balvin, cómo no, ya sonaban en la calle.

Le di, le di, le di y en cuestión de dos años ya estaba haciendo ritmos decentes y empecé a hacer mis relaciones, pero con gente que apenas estaba empezando y poquito a poco fue fluyendo”.

Así llegó al estudio de Daniel Velásquez, en un sótano en el barrio El Poblado, de Medellín. El trato era que podía hacer lo que quisiera en el estudio siempre y cuando hiciera música para los artistas que estaban ahí.

“Salía del colegio y me iba para allá. Llegaba todos los días con el uniforme a las tres de la tarde. Ahí pasé como tres o cuatro años, domingos y festivos incluidos. No pensaba en nada más que en hacer música con quien fuera”.

Esa fue su escuela. Ahí pegó su primera producción, Cripy Cripy con Yandar y Yostin, estableció contacto con Balvin y sacaron “En lo oscuro”, su primera canción juntos. Conoció también a Pope, el DJ de Balvin, quien le propuso trabajar en llave. Lo que siguió fue su equivalente a la universidad.

“Pope me decía: ¿cuáles son sus sueños? ¿Qué quiere? Y yo le decía: quiero hacer un estudio chimba, que los reguetoneros que vengan acá quieran grabar con nosotros; quiero tener un combo de gente que mantenga aquí y haga música. Y él me dijo: vamos a hacerlo. Y un día yo estaba acá en Estados Unidos y le dije: vamos a llamarlo Infinity.

Con la llegada de Mosty y Bull Nene, invitados por Sky, se terminó de consolidar el equipo que trazó el camino a las grandes ligas y a los primeros puestos de los charts.

“Fue muy orgánico. Hacíamos la música que creíamos era la correcta para Balvin. Yo no se lo dije a él en ese momento, pero hoy sabe que a mí no me gustaba lo que estaba sacando. Entonces empecé a moldear un sonido y Bull estaba ahí dándole a la letra conmigo. Siempre tratábamos de llegar a un punto distinto, pues en la música lo único que tengo planeado son los negocios. La música no y nunca quisiera hacerlo, el plan de nosotros es hacer lo que queramos. Hicimos La familia (2013), que es el disco que nos une y luego Energía (2016), con ese dijimos: estos somos nosotros y esto lo que ponemos en la mesa”.

En términos musicales, la cabeza de Sky no discrimina ni se limita, difuminando las fronteras, va y vuelve del rap al reguetón, y se enriquece con todo tipo de sonidos e influencias.

Su corta pero prolífica carrera le ha permitido no solo alcanzar y sobrepasar a aquellos que empezaron a hacer música antes que él, sino que terminó trabajando con productores de la talla de Tainy, quien ha estado al lado de leyendas del reguetón como Daddy Yankee y Héctor el Father.

Y aunque no niega que le gustaría hacer canciones con artistas como Drake y Rihanna, Sky sabe que puede subir su apuesta y pone sobre la mesa un proyecto más ambicioso: Black Koi Entertainment, su sello disquero. “Yo me sueño trabajar con lo que yo vaya a crear, me sueño con que el artista que tengo hoy (LeeBrian), en cinco años, sea un monstruo internacional. Salir como fue Balvin para el mundo”.

Sky confía, conoce su juego. Por ahora está concentrado, además de su sello en la producción del próximo álbum de J Balvin, otra vez de la mano de Tainy, en tener en mente la propuesta sonora de Greeicy Rendón. Y tiene en su radar a Crudo Means Raw, que según Sky puede ser quien, junto a Bad Bunny, renueve la paleta de colores del reguetón, que ya se estaba quedando corta.

 

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