En esta gira de despedida de su padre ustedes deben cantar en ciudades bien diversas, ¿influye en algo el lugar en la selección del repertorio?
No, no influye en nada. En todas las ciudades uno debe subirse al escenario como si fuera la primera vez, porque se trata de conquistar al público, su cariño y sus aplausos.
¿Qué recursos tiene usted para conquistar al público?
Yo trato de brindarme entero al cantar y trato de no hacerlo con la garganta sino con el corazón. La idea que siempre llevo es la de transmitir lo que estoy sintiendo y me encanta compartirlo con la gente.
¿Es mejor un público silencioso o uno bien ruidoso?
Para todos aquellos que cantamos, el público que es efusivo logra crear un ambiente más satisfactorio para el espectáculo.
¿Cómo es ‘Sin papeles’, su más reciente canción?
Sin papeles hace parte de mi cuarto álbum discográfico, producido y dirigido artísticamente por mi padre, y con ella estoy calificado dentro del top ten nacional. Nunca me había pasado eso.
¿Qué tanto ha influido su padre, Vicente Fernández, en su carrera artística?
Soy el hijo mayor de Vicente Fernández y eso lo expreso con orgullo. He llevado mi apellido con honor, yo no lo cargo, porque los apellidos no se cargan, ni son pesados. Se portan con altura pero buscando uno su propia identidad. Mi padre es mi mayor influencia, pero también me ha enseñado a buscar mi estilo.
¿El anuncio del retiro de su padre de los escenarios fue sorpresivo también para ustedes, su familia?
Él lo había platicado con nosotros, pero eso fue en 2007. Nunca lo había manifestado de esa manera como lo hizo a comienzo de este año. Él tiene intactas sus facultades físicas e intelectuales y fue una decisión totalmente sorpresiva para nosotros y para ustedes.
Hay un par de temas interpretados por los dos Vicentes, ¿cómo se ensamblan esas dos voces?
En la familia siempre pensaron que yo sería quien se dedicara a cantar seriamente en lugar de Alejandro. Sin embargo, mis padres querían que yo tuviera una carrera universitaria, pero la cabra tira al monte y me faltó un año para terminar la contaduría pública. Hace muchos años, un mánager me invitó a cantar con mi padre y desde esos años cantamos juntos, así que ya es cotidiano.
Además de la música, usted está unido a su padre por el amor a la vida del rancho, ¿verdad?
Así es. A mí me montaron en un caballo antes de saber caminar. Mi amor al rancho es inmenso y por eso también es que yo he escuchado muy poca música en inglés. Identifico dos o tres artistas anglos muy famosos y de ahí pare de contar. Por eso para mí esto es serio, porque vestirse de mariachi es vestirse de México, de rancho.
¿Cuál ha sido la principal enseñanza de su padre?
Sin duda la facultad para superar las adversidades en el trabajo y en la vida diaria. A mí me sigue sorprendiendo su habilidad para sumar y multiplicar amigos y creo que eso se debe al respeto que le tiene al oficio de cantar.
Usted estuvo secuestrado, ¿cómo ha hecho para superar ese momento?
Ese es el libro de la vida que nos toca escribir a cada quien. Yo prefiero no dedicarle tiempo a ese hecho, ya pasó y me gusta mucho más ver la página que viene que las anteriores. Precisamente por eso es que los carros tienen un retrovisor pequeño y un panorámico inmenso. Hay que ver hacia el frente.
¿Le gusta escuchar a su hermano Alejandro?
Claro que sí. Yo lo prefiero con mariachi que dentro del estilo del pop, pero esa es una cuestión personal. Estoy muy orgulloso de él por todos los méritos que ha tenido.
¿Cuál es la canción que canta mejor su padre?
Es una canción de José Alfredo Jiménez y que le cae como anillo al dedo porque se llama Gracias.