David Medina creó la Fundación Qubo

Cambiar vidas con fútbol y break dance

Con su proyecto, este joven psicólogo ganó apoyo del programa de Barack Obama Young Liders of the American Initiative y la beca One Young World.

A sus 26 años, David Medina empodera a adolescentes en competencias de emprendimiento e innovación. / Cristian Garavito - El Espectador

¿Cómo empezó con la Fundación Qubo?

Todo comenzó con un proceso de práctica. Estudié psicología, ya había trabajado con mis compañeros en un proceso para usar el deporte como herramienta de transformación con comunidades LGTB y víctimas de maltrato familiar. Convertimos esto en nuestra práctica y, en mi caso, en un proyecto de vida.

Con su programa PazArte el Balón ganaron dos convocatorias internacionales.

Es un programa que está dentro de nuestra fundación desde el momento en que la creamos, pero no lo llamábamos así hasta que tuvimos una asesoría en Estados Unidos, cuando nos ganamos una beca con el presidente Obama, y allá nos sugirieron ponerle un nombre más representativo al programa. Llevamos dos años con ese trabajo.

¿Qué motivó la creación de PazArte el Balón?

Comenzó a raíz del proceso de paz, que defendemos y nos ha gustado mucho. Vimos que las víctimas debían ser el centro de nuestro programa; antes trabajamos con población LGBT y mujeres víctimas de maltrato familiar. Seguimos con ellas, pero nos enfocamos en las personas afectadas por el conflicto armado.

¿Cuál es el objetivo del programa?

Empoderar a adolescentes en competencias de emprendimiento e innovación, queremos formar a víctimas del conflicto armado como emprendedores e innovadores para que creen empresa con una metodología que llamamos “Enprender”: entender para emprender; todo con un enfoque de derechos humanos. Queremos la no discriminación y el respeto a las minorías. Encontramos una problemática con los jóvenes y los invitamos a solucionarlo a través de una idea que pueda convertirse en su proyecto de vida.

¿En dónde están?

Comenzamos en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, luego en El Tunal, Usme y ahora estamos con Soacha, pero la sede está en Chapinero. Estamos en esos lugares porque queremos trabajar con personas beneficiarias de la vivienda gratuita que entrega el Gobierno. Vimos que dentro de esos conjuntos residenciales hay problemas de microtráfico y explotación sexual. Entras a un conjunto y puedes ver que en una esquina están consumiendo o negociando droga. Incluso, una vez no nos dejaron entrar a una torre.

¿El fútbol es su herramienta de transformación?

El objeto es deporte, arte y cultura, pero el fútbol llama mucho, nos ayuda a enganchar a los chicos. A eso le sumamos el break dance para que tengan un calentamiento y disfruten la música a tiempo. No somos una escuela más de fútbol, sino que reciben un certificado de un curso corto para que empiecen a estudiar y puedan verlo como su proyecto de vida.

¿Por qué quiere cambiar vidas con el break dance y el fútbol?

Es un tema de pasión, no los atraemos con algo ladrilludo, sino con lo que les gusta y a esto enfocamos de forma transversal el emprendimiento y la innovación. Tenemos chicos de los que los papás están pendientes, pero el problema son los que están traficando dentro del conjunto, a los que no hemos podido acceder y queremos atraer con el break dance. La mayoría están desescolarizados, tienen entre 14 y 19 años.

¿Cómo ha impactado el proyecto a los jóvenes?

Hemos tenido varias experiencias. Los padres se sorprendían al ser convocados e iban con temor porque nunca salían de la casa con sus hijos ya que se podían “torcer”. Me sentí mal porque veía que los chicos no disfrutaban su adolescencia, sino que estaban encerrados por el miedo de su familia. Cuando me sueltan a los chicos siento un peso muy grande, no solo es cuidarlos, sino que depende de mí que el padre cambie la perspectiva de que su hijo puede salir a disfrutar de su tiempo libre.

Temas relacionados