Está en temporada en el teatro Patria

César Mora: “El mejor actor es el mejor mentiroso”

Interpreta a Benjamín en la obra “El puesto”, original de César Augusto Betancur (“Pucheros”) y dirigida por Víctor Quesada. El actor y cantante habla sobre la jubilación y el soneo.

El actor y cantante César Mora en su rol de Benjamín, uno de los personajes centrales de la propuesta escénica “El puesto”. / Cortesía

Ahora está en el teatro la obra “El puesto”, ¿cómo podría describir este montaje?

Le dije a César Augusto Betancur (Pucheros) que El puesto es de lo mejor que ha hecho, porque aquí empieza a demostrar que puede escribir un teatro de autor. El personaje que interpreta Edwin Maya es maravilloso y a mí me gusta mucho trabajar con las nuevas generaciones, porque ellas no se dan cuenta de que los estoy exprimiendo. Por eso acepté participar en la obra.

Lo más reciente que hizo en teatro fue “¿Conversaciones con mamá”, en la que también estaba rodeado de talento joven, ¿o no?

Claro. Ahí actué al lado de John Álex Toro, quien me enseñó mucho por su capacidad de trabajo. Muchos de los jóvenes me dicen “maestro”, pero cuando uno ya está mayor tiene que escuchar a los nuevos talentos para aprender de ellos.

¿Cómo lo convencieron para ser parte de “El puesto”?

Uno llega a una edad en la que, como dice mi personaje: “Uno se convierte en una enciclopedia absolutamente irrelevante, intrascendente e innecesaria”. Ahora escojo en dónde quiero estar y me doy ese lujo de establecer para qué personaje estoy en ese momento. Con esta obra me dieron la oportunidad de retarme nuevamente y eso es muy grande.

¿Cómo fue el proceso de construcción de Benjamín, su personaje en “El puesto”?

Lo primero que me tocó hacer con Benjamín fue la sistematización de las experiencias. Recordé mucho a mi padre, que fue pensionado de la Beneficencia de Cundinamarca. También conocí la percepción del autor de la obra y escuché al director; y a partir de todo eso fue llegando el personaje a mí. Sabía que no podía ser algo melodramático. No podía representar a un neurótico cansón.

Es una obra sobre pensionados. ¿Se puede ser un exactor?

En este momento estamos viviendo ese drama. No hay 300 personajes de 65 años o más para todos los actores que están en este instante desempleados. Tengo muchos compañeros que están jubilados a fuerza, porque no los volvieron a llamar.

Usted tiene una metodología para la creación del personaje o depende de cada rol.

Como dice mi maestro Ricardo Camacho, no existe un método para la creación de personajes. Se pueden crear desde distintas aristas y eso es lo maravilloso que tiene este oficio.

¿Está de acuerdo con que la actuación es el arte de mentir?

Siento que la frontera entre la verdad y la mentira está en el hecho de aprovechar lo que le ha tocado vivir a uno para sacarle partido en las escenas. Estoy de acuerdo en que el mejor actor es el mejor mentiroso. Tal vez lo más difícil del oficio es ponerles carne a los personajes.

Usted tiene una trayectoria consolidada en la música. ¿Por qué tiene la habilidad del soneo y la improvisación?

Me crié en la calle rodeado de artistas. Nunca fui drogo, pero sí soy reflejo de la salsa mariguanera en la que uno va contando lo que está viendo en el momento. El pregón está escrito y se repite, pero lo que pasa en un instante es único y vale la pena dibujarlo a través de las palabras. Para mí la improvisación es un problema de lenguaje simplemente. El soneo es tiempo y sabrosura.

 

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