Dice el autor del libro “Pobreza y prejuicio”

“Colombia no está tan mal como pensamos”

Para Camilo Herrera, la economía del país es sólida, pero ha avanzado lentamente. Considera que a largo plazo el panorama es alentador y que a veces la gente se asusta por información no validada.

Camilo Herrera es presidente de Raddar y analista de mercado. / Gustavo Torrijos - El Espectador

¿Cuáles son los fantasmas de la economía colombiana?

Cuando hablo de los fantasmas de la economía colombiana me refiero a que la gente está asustada de una cantidad de cosas que no existen, son nuestros propios miedos. Caen en la trampa de asustarse por comportamientos de corto plazo. El colombiano sufre de “fenoval” (fe en información no validada), según John Sudarsky.

¿Cuáles son esos miedos?

Macroeconómico y político, que Colombia va camino a un castrochavismo. También que está en recesión, cuando solo unos sectores lo están. Tercero, que la calidad de vida en el país se dañó completamente por el freno de la economía. Y cuarto, que ante la caída del precio del petróleo para los nacionales es casi imposible comprar en el extranjero.

¿Por qué Colombia no está tan mal como creemos?

Caemos en la trampa de pensar en el corto y no en el largo plazo. Todos tenemos días tristes, pero la vida no es triste. La economía colombiana en este momento es muy sólida, pero viene andando despacio por una serie de problemas que son de corto plazo como la inflación –motivada por la caída del precio del petróleo–, el tema agrícola por el fenómeno de El Niño y el paro camionero –del año pasado–, que causaron choques en el mercado.

¿Qué está pasando ahora?

La inflación ya se está corrigiendo, porque los problemas agrícolas se ajustaron. Se están creando quinientos cuarenta mil empleos al año, más de cuatrocientos son en el campo. El IVA fue un susto psicológico y el mercado ya se está ajustando. El tema paz fue un costo muy grande para el Gobierno, porque la gente dejó de creer en él. Bogotá, la casa del presidente, carga ese peso.

¿Qué tanto pagamos los colombianos en impuestos?

Hoy una persona de clase media, del ingreso que tenga, está pagando en promedio en impuestos cerca del 20 %. En IVA no se paga más del 5 % de los gastos, porque el 70 % de las cosas que la gente compran no tienen IVA. A veces creen que hay colombianos que no pagan impuestos y eso es técnicamente imposible, cualquier cosa que se compre en un punto dado pagó un impuesto.

¿Cuál es la realidad de los impuestos?

Si todos pagamos impuestos, ¿por qué no alcanzan? El gasto público en Colombia es de trescientos billones de pesos; hay una corrupción más grande, que es la evasión de la gente, sólo en IVA los colombianos evadimos cerca de sesenta billones de pesos al año. La gente debería estar pagando cerca del 30 % de sus ingresos en impuestos y no el 20.

¿Entonces ese 20 % que se paga de impuestos es positivo o negativo?

Es positivo. Se paga un porcentaje a un sistema público que funciona, pese a todo.

¿Qué piensa de D1, Tostao y Justo y Bueno?

Se potenciaron en el momento correcto cuando la economía lo necesitaba. Están causando dos fenómenos. Se creó en Colombia el comprador conveniente, la gente está feliz en el mundo promocional. Este desemboca en algo que veo como un problema, que es la desvalorización de las categorías, algo malo para la industria y el comercio a mediano plazo.

Comprador y consumidor es diferente.

Comprar es una transacción, consumir es usar. Desde el comprador conveniente se está creando el consumidor conformista. Como compran algo más barato, la relación costo-beneficio es más alta. Más allá de un castigo a las marcas tradicionales, la gente empieza a acostumbrarse a pequeñas satisfacciones por pequeños desembolsos.

Hay tipos de consumidores y compradores.

Cazador de promociones (el que busca siempre el precio más bajo), cazador de oportunidades (el que sabe cuándo comprar las cosas) y cazador de valor (el que simplemente quiere comprar algo). En los consumidores existe el buscador de experiencias, quien quiere un producto que le satisfaga necesidades; el buscador de tiempo, que entiende la categoría y sabe cómo consumirla, pidiéndole al producto que sea práctico; y el buscador de bienestar, que indaga por producto o marca.