Emprendimiento social

Cosiendo abrazos

Viviana Otálvaro es la impulsora de la fundación Hugger Island, dedicada a la realización de muñecos abrazadores cuyo destino son las personas con alguna dificultad física o social.

Viviana Otálvaro junto a una niña que recibió un abrazador en el pabellón de oncología del hospital San Vicente de Paúl, en Medellín. / Cortesía

¿De dónde surgió la idea de Hugger Island? ¿Cómo fue el proceso de creación de la fundación y cuándo pasó?

La fundación nació el 9 de julio del 2016, a partir de una beca que me gané en Alemania a principios del 2016 en un colegio de emprendimiento social llamado The Do School. Nos presentamos 900 personas de todo el mundo y pasamos 21. Mis compañeros venían de Pakistán, Egipto, Sri Lanka, EE. UU., India. Yo estudié ingeniería de diseño de producto y a través de la experiencia profesional conocía el poder que tiene el diseño para mejorar la calidad de vida de las personas generando un oficio y ayudando a cambiar la mentalidad. Es muy usado, por ejemplo, en la publicidad para generar impulso de compra, pero yo lo estudiaba en la universidad para el otro lado: cómo podía empoderar a las personas a cambiar su propia realidad en situaciones de pobreza extrema y discapacidad.

Entonces lo que hacemos en Hugger Island es diseñar. Crear objetos y experiencias que generan oportunidades productivas a personas con muy pocas posibilidades y ayudar a pensar distinto, a cambiar la mentalidad del “no puedo, no soy capaz”, que es una mentalidad muy pobre, sin necesidad de estar condicionada a elementos económicos, sino que anula al sujeto como ser capaz. La excusa para enseñar es el amor, el abrazo y la magia, que para nosotros habla de transformaciones y de creer. Creer en lo maravilloso creyendo en uno mismo. El abrazador tiene un secreto: cuando tú lo abrazas te estás abrazando a ti mismo, por eso partimos del poder de uno mismo para cambiar.

Empecé sola, luego se unió mi hermano y ahora somos un montón de amigos que ayudan con consejos y apoyo.

¿Quiénes apoyan la fundación? ¿Qué tan difícil es conseguir esos apoyos?

Casi todos los apoyos han venido de personas del común, desconocidos que se vuelven amigos. Es lo que nuestra esencia promueve, ese poder que se encuentra en personas desconocidas. Tenemos un modelo en donde puedes comprar un abrazador para ti o puedes compra dos, uno para ti y otro para donar a una persona en un hospital o una fundación. Ha sido difícil a nivel económico, pero fácil a nivel de promoción, apoyo para donar y recibir donaciones. Y así nos movemos, con la fuerza de muchas personas que compran uno o hacen que su organización apoye a las mujeres que cosen o a otras fundaciones. Nos apoyan consejeros en modelos de negocio, en ventas, periodistas... De hecho, una señora que no sabía leer ni escribir de Ituango, un pueblito en Antioquia, ya nos conocía cuando fuimos a donarle al hospital, porque nos había escuchado en la radio. El sector médico ha sido un gran aliado porque conoce el poder que tiene el afecto para la recuperación física. Psicólogos, psiquiatras, médicos especialistas... Y desde hace poco se han unido varias empresas con compras corporativas.

¿Por qué eligió que los muñecos fueran abrazadores?

Trabajaba como profesora investigadora y un día leí un artículo sobre cómo el afecto mejora la recuperación física. El abrazo aumenta el nivel de oxitocina en la sangre y esto genera la sensación de ser amado, activa la endorfina y la dopamina, lo que hace que uno duerma mejor, tenga menos dolor, consuma menos gases anestésicos, se recupere más rápido. El abrazador ya lo tenía diseñado desde hacía rato. Se lo hice a un novio que vivía en Argentina y yo acá, y quería que me sintiera aunque estuviéramos lejos. Atrás decía: “Un abrazo estés donde estés”. Luego mi hermano se fue para Australia y me dijo: “Haceme uno que te quiero llevar conmigo”. Luego mi prima, y así se fue quedando en la familia. Con este artículo empecé a escribir el libro que viene con el abrazador y concursé por la beca con este y otros juguetes que son más herramientas para manejar las emociones —porque mucha de la violencia es tristeza o miedo—: una varita mágica para familiares de personas con alzhéimer, para el olvido, y una capa de un superhéroe.

En Alemania, con mis compañeros de todo el mundo, encontré que un abrazo es el gesto instintivo más fuerte de demostración de afecto y que no necesitas idiomas para entenderlo.

¿Cómo es el proceso de elaboración de los abrazadores? ¿De qué están hechos?

Lo primero que cosen nuestras mujeres es el corazón. Y va muy de la mano con la historia. El abrazador nace en una isla, se alimenta de nubes, no tiene ojos, orejas y boca, porque todo lo hace con el corazón: con él habla y escucha. El abrazador viene con un libro que cuenta su historia y es un muñeco de trapo con los brazos muy largos y unos pesos que cuando te lo cuelgas en el cuello sientes la sensación de un abrazo. Los pesos son semillas, así que si algún día se rompen o se mueren, lo puedes alimentar de agua, tierra y sol y se convierte en una planta , resignificando y generando otro ciclo de vida. Está hecho además de materiales reciclables en poco tiempo, locales y poco porcentaje de polímero.

Las mujeres que realizan los abrazadores son paisas de muy bajos recursos económicos.

Sí, trabajamos con 11 mujeres en las comunas 7 y 8, desplazadas y la mayoría madres cabeza de familia a las que les enseñamos a coser con el proyecto. A través del pago justo ellas han mejorado muchísimo sus condiciones de vivienda. Algunas pasaron de tener casas de palitos de madera a casas de material; de bolsas de basura en el techo a tejas apropiadas. Una de ellas sacó sus primeras vacaciones y se fue a conocer el mar con sus cuatro hijos y su esposo. Aún no tenemos una producción constante para darles trabajo todo el tiempo, pero con el oficio queremos que hagan otros trabajos. Nuestra idea es enseñar a pescar...

¿Con cuántas personas cuenta el equipo?

Son 11 mujeres que cosen. Sara y yo somos el equipo creativo. Sara es nuestra directora creativa, que diseña contenidos y demás. Más nuestra contadora; mi hermano, que nos apoyó mucho en finanzas hasta el mes pasado, y nuestras bellas voluntarias en prensa y redes que nos ayudan a contarle al mundo lo que hacemos. Y un montón de amigos que creen que el amor puede mover montañas y sobre todo cambiarlo a uno mismo.

Sabemos que les entregaron abrazadores a un grupo de exguerrilleros de las Farc como símbolo de reconciliación y apoyo a su reinserción. ¿Cómo se gestionó ese acontecimiento? ¿Qué se vivió en ese momento?

Lo hicimos en el marco del Festival de Teatro y Danza Selva Adentro, en el Chocó, en el campamento Silver Vidal Mora. Donamos 96 a excombatientes e hijos de excombatientes. Fue muy poderoso. Imagínate el gesto de un excombatiente con los brazos fuertes y su historia escuchando que alguien en Colombia le compró este abrazador para decirle que quiere que no tengamos más miedo, que un país distinto puede ser cierto.

Hicimos una campaña pidiendo a personas del común que nos donaran abrazadores y con el equipo del festival hicimos la entrega. Y para mí fue descubrir los sueños de la persona que está detrás de ese título: un campesino que estaba estudiando para terminar tercero de primaria o que soñaba con tener gallinas, vacas, su finca.

Lo que permite este proyecto es ir directamente a la esencia de cada uno y decir “yo, aunque no te conozca, puede que tenga tu misma tristeza, miedo, ganas o sueños”.

Fue increíble ver esos ojos desconcertados ante ese regalo. Y queremos hacer muchos más, en hospitales, para adultos, niños, madres... A muchas personas.

¿Quiénes más han recibido abrazadores?

Hasta el momento, más o menos 6.000 personas tienen un abrazador. Sea porque lo hayan comprado o recibido en donación. Unas 2.000 personas en hospitales, hogares de adopción y protección, ancianatos, madres de hijos desaparecidos, excombatientes, niños víctimas de abuso sexual. No importan la edad, el sexo, la generación o el oficio, es algo que une corazones y lo hacemos acompañados de las psicólogas y trabajadores sociales de fundaciones, dado que el abrazador es más una herramienta que un juguete.

¿Qué planes tienen para este diciembre?

Queremos recolectar la mayor cantidad de donaciones para hacerlas a hogares de adopción. El abrazador es una gran herramienta para confiar y creer en ellos mismos. Para muchos niños es difícil creer que si su núcleo primario familiar parte del abandono, alguien que está afuera y no los conoce pueda amarlos o desear que estén bien. Y muchos de ellos se quedan en los hogares en estas fechas que son especiales. Así que es un gran gesto el entregarlos a los hogares en estos días.

¿Qué proyectos tienen a corto y mediano plazo?

Queremos ser sostenibles económicamente y no depender de donaciones. Somos un emprendimiento social y queremos generar empleo constante para las mujeres que trabajan con nosotros y así tener muchos más abrazadores para muchas comunidades. Para eso buscamos inversionistas y nuevos clientes o distribuidores.

También queremos lanzar nuestro segundo producto al mercado: la capa del superhéroe, otro libro que trabaja en conocerse a uno mismo desde las potencialidades, aumentando la autoestima, reconociendo cuáles son nuestros poderes, nuestro villano interno, nuestro punto débil.

¿Tienen algún sueño para cumplir con la fundación?

¡Muchos! De eso nos alimentamos, de sueños y de realidades. Nos soñamos salones completos dentro de salas de quimioterapia con nuestro concepto, ballenas en las paredes, juegos virtuales reduciendo el estrés psicológico que produce estar conectado cuatro horas en una máquina de quimio, unos talleres productivos para empoderar a otras mujeres y una oficina que sea más un centro de diseño en pensamiento disruptivo. Nos soñamos llegar a muchas más personas y que nuestra historia y el abrazador sean un punto de cambio para ellos mismos.

 

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Alan Ramírez, voz valiente y popular